VICIOS POLÍTICOS

¿Por qué actúan como actúan?: Jorge Gamboa Arosemena

Los llamados líderes políticos, cuando logran cargos de elección, no escuchan consejos y hacen lo que les da la gana, como si el cargo fuera de su propiedad. Es peor cuando actúan como manada, ya sea al ataque buscando pelechar o cuando actúan a la defensa de lo conquistado, todas acciones contrarias a la democracia.

¿Por qué actúan así? Primero, porque tienen muy poco bagaje moral y porque en Panamá el estilo de hacer política ha degradado al llamado clientelismo, en el que unos pagan por pecar y otros pecan por la paga. ¡Prostitución crasa!

No tienen propuestas ideológicas, solo hay promesas de que “si estás conmigo y gano, tú serás ubicado donde resuelvas”. El ciudadano de limitados recursos quiere un “puestito” para él o para algún allegado. Igual el de clase media, solo que pide un puesto de miles o un contacto para hacer negociados y, el riquito inmoral, pide que lo pongan donde hay, que él se rebusca millones y da coimas. Con esta calidad de ciudadanos –con honrosas excepciones– el político que alguna vez tuvo buenas intenciones va, poco a poco, claudicando y aceptando todo tipo de chanchullos, porque como decía, sus valores no fueron acrisolados.

Como no hay una propuesta ideológica, el dinero se hace el señor del escenario y los que lo tienen o lo reciben de otros o hasta se venden a traficantes de influencias, empiezan un camino sin retorno. Se consiguen a unos promotores que tampoco tienen valores y le trabajan el clientelismo. Además del recurso económico que invierten, también se sacrifican por esos apetitos de llegar y satisfacer egos y codicias.

Varias veces por semana tienen giras en sus circuitos, si aspiran a ser diputados, alcaldes o representantes y en todo el país, si aspiran a ser presidente. Cargan a niños, besan y dan abrazos o apretones de mano. Incapaces de exponer las razones por las que este estilo de hacer política es el responsable del desorden que vivimos, en sus discursos muy superficiales y ante una audiencia poco ilustrada, estos mercachifles van calando como alternativa.

Hay que destacar que sacrifican la atención a su familia, su profesión, privacidad y horas de descanso, lo que hace que una vez logrado el cargo de elección lo sientan como suyo y que no se lo deben a nadie. Hasta cierta medida, lo han comprado.

Así ha sido el caso de Martinelli, que financió su partido por 10 años; así el de Varela, que gastó una fortuna para hacerse del partido. Así el de Martín, Mireya y Pérez B. Así el de los diputados que practican el transfuguismo para mantener lo que, desde su óptica, les costó mucho y que aspiran a pelechar por varios períodos. Así es entre los que hoy aspiran a presidente o diputado, no hay casi diferencia.

También, los medios, que viven de la sintonía o la circulación, catapultan a estas figuras, si no es porque compran espacios, lo hacen porque es una ruta fácil de fomentar el morbo que asegura la atención del público.

Sobre nuestra política opera una conspiración cuyos responsables no son solo los llamados políticos, sino también los espectadores que no quieren hacer política, entendida esta como esa acción superior y altruista de búsqueda del bien común. Ghandi decía que “lo más atroz de lo malo de la gente mala, es el silencio de la gente buena”.

Hay decentes y altruistas entre los inscritos en partidos y entre los no inscritos. Si estos decentes no se organizan, en el año 2014 repetiremos un gobierno igual o peor a este. No podemos esperanzarnos en los que enredan el país, para que lo rescaten. Para 2014 no se debe reelegir a nadie, porque, de una u otra forma, han sido cómplices directos o indirectos de las calamidades que nos aquejan.

El camino es una constituyente liderada por gente no contaminada, que salga a la toma del poder para darnos un nuevo orden y, logrado ese pacto, convocar elecciones con las nuevas reglas. Entre las reglas nuevas está la de poner topes a los gastos de campaña y que se conozca a los donantes. Y hasta que Panamá no madure políticamente, no debe haber reelección.

Bajo este principio, los que gobiernen durante la constituyente, como también los propios constituyentes, no deben ser candidatos en las primeras elecciones bajo el nuevo orden, esto permitirá un espacio para reivindicar la política y educar sobre lo sagrado que es servir a la Patria, al ocupar cargos de elección popular.

Si ya sabemos por qué actúan y cómo actúan, impidámoselo.

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