EL MALCONTENTO

La agenda oculta: Paco Gómez Nadal

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La agenda oculta: Paco Gómez Nadal

Después de la sobredosis de Cumbre de las Américas todo parece baladí. Tanto ruido, tanta transmisión muerta en vivo, tantos comentarios vacíos, tanta declaración rimbombante, tanta nada… El lema de la Cumbre quedó en el olvido (“Prosperidad con equidad”) y los supuestos temas clave fueron clavados en el muro de los pendientes, pero hubo una agenda que ni tan siquiera se llegó a plantear, es aquella que quieren ocultar todos los gobiernos de las Américas, sean del signo político que sean.

Nada, o casi nada, se habló de derechos humanos o de derechos colectivos o, incluso, de los derechos de la Madre Tierra. Ni un apartado, por consiguiente, para discutir los megaproyectos económicos, ni una referencia al IIRSA (Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana) o al Proyecto Mesoamérica (antes PPP: Plan Puebla-Panamá), ni una palabra sobre el brutal proyecto de rearme militar que ejecuta Unasur, ni un debate sobre el uso excesivo de la fuerza por parte de las policías del continente (desde Estados Unidos a Venezuela, desde Panamá a México…), ni un espacio para escuchar a las víctimas del conflicto colombiano o a las de la mal llamada guerra contra el narco de México, ni una mención a los cientos de activistas sociales criminalizados y encarcelados en Ecuador, Bolivia, Chile o Colombia, ni una reflexión sobre los Estados permeados por el crimen organizado de Guatemala, Honduras o Jamaica, ni un triste guiño a los algo más de 120 pueblos originarios en riesgo de extinción en el continente, ni un informe sobre la situación colonial de Guyana francesa, Martinica, Guadalupe o San Martín (lo que la Unión Europea llama eufemísticamente regiones ultraperiféricas), nada que discutir con los soberanistas de Puerto Rico o con las víctimas de los golpes de Estado en Honduras o Paraguay…

Los temas que realmente afectan a los pueblos no forman parte de la agenda de los poderosos. Esta realidad continental –planetaria, pues– tiene su traducción en cada país y Panamá no es la excepción.

Seguimos con una agenda mediática y política copada por la lucha judicial contra la corrupción. No contra toda, sino contra la de los ambiciosos cachorros de Martinelli que, ya se sabe, hicieron todo sin contar con la colaboración de empresario alguno, sin que esta sociedad tan pequeña se diera cuenta, sin que el inmenso aparataje de Naciones Unidas en el país lo detectara, sin que el panóptico de la Embajada de Estados Unidos (siempre tan “sensible” a los desvíos en el sur) prendiera sus alarmas… El ruido es tanto que nada más de lo que acontece o aconteció en el país tiene importancia.

Por eso se olvida que durante los cinco años de la mafiocracia de Martinelli se violaron los derechos humanos individuales y colectivos de las poblaciones más vulnerables del país, por eso nadie reclama al Ministerio Público o al Ejecutivo que tome cartas en el asunto de oficio. Ni un solo policía juzgado por la violación de mujeres ngäbe y buglé en las tétricas comisarías cercanas a la comarca, ni un solo mando investigado por la represión de Colón, ni un solo ministro o director de institución cuestionado por la autoría intelectual de todos los hechos que, si bien están documentados, forman parte de la agenda vergonzante y oculta de Panamá.

Tampoco hay nadie reclamando la derogación del decreto firmado por Martín Torrijos que creo el virreinato de Frank Ábrego en las fronteras del país, ni parece que nadie mire a la situación de crisis humanitaria que se sigue viviendo en las cárceles del país.

La agenda es oculta por el interés de los poderosos, pero también por la desidia de una sociedad poco articulada, por la inactividad de una izquierda política y social secuestrada por Frenadeso, por la falta de organizaciones de la tan cacareada sociedad civil con la valentía y constancia suficientes como para tocar los temas más delicados que afectan a los nadie en Panamá.

La agenda es inmensa porque el capítulo de derechos vulnerados es gigante. Los derechos se violan, además, por acción o por omisión. Y las omisiones en la generación de espacios y en el empoderamiento de las ciudadanas y ciudadanos son monumentales. La falta de educación humanística de calidad, la proscrita formación en salud sexual y reproductiva en un país cada vez más dominado por las pulsiones religiosas, la nula participación ciudadana en el diseño de políticas públicas, la espectacularización de la violencia, la fragmentada cobertura de la realidad de los medios de comunicación nacionales, la gentrificación de los nadie hacia los bolsones de precariedad el este y hacia el oeste de la ciudad de Panamá, la imposible canasta básica… todos son elementos que ayudan a la cosificación de las personas y a la vulneración de sus derechos; toda esta concatenación de ausencias hace que los derechos, en Panamá, no se ejerzan, sino que sean recibidos como una dádiva graciosa de este o aquel dirigente. La agenda oculta pesa mucho y hay que empezar a aliviarla por algún lado. Hasta que no se empiece con esa tarea, todo lo demás no dejará de ser, fuego de artificio.

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