TESTIMONIO

A 27 años del bombazo

El seis (6) de noviembre de 1992, aproximadamente a las 8:45 de la mañana, estalló una bomba en los estacionamientos de la Procuraduría General de la Nación, dejando a más de una decena de heridos, entre funcionarios y personas que transitaban a esa hora por el lugar, además cuantiosos daños alrededor del edificio, debido a la magnitud de la explosión.

Llegan a mi mente las imágenes de esa mañana. Recuerdo que, a los pocos segundos de haber ingresado el procurador, escuché un gran estruendo e inmediatamente sentí un fuerte zumbido en los oídos y la impotencia de no poder hacer nada. Veo a mi alrededor y me encuentro con la imagen de personas heridas, tiradas en el suelo, la destrucción total del estacionamiento que cayó sobre los autos del procurador y personas atrapadas dentro ellos. Recuerdo que una Patrol Nissan utilizada en la seguridad del procurador quedó completamente doblada. Fue una experiencia aterradora. Recuerdo perfectamente que la noche anterior, luego de dejar al procurador Rogelio Cruz, en su residencia, pasamos por el edificio de la Procuraduría y nos resultó extraño que no había seguridad uniformada, pues siempre estaban presentes.

Para esa época había mucha agitación política entre la coalición de gobierno, al punto que después se separaron, pero según me contó el licenciado Rogelio, lo estaban presionando para que renunciara al cargo, al punto que le ofrecieron una embajada, pero como sabemos nunca renunció. Posteriormente, el 24 de diciembre de ese mismo año, alrededor del mediodía, personal armado rodeó la Procuraduría, con la orden de arrestar al procurador, pero me llamó la atención el despliegue de fuerza, por lo que le pregunte al subdirector de ese entonces de la PTJ la razón y me contestó que el director de la PTJ manifestó que tenía información de que la seguridad de Rogelio Cruz defendería a toda costa al procurador, impidiendo su salida, lo cual era totalmente falso, pues no teníamos ni idea del arresto del licenciado Rogelio.

Siguiendo con el acto de terrorismo, lo menos que uno esperaría es una investigación, pero esta nunca se dio. La vida de muchas personas estuvo en riesgo, incluyendo la mía, pero eso no importó; no se investigó, nunca se llamó a declarar a nadie o por lo menos a los miembros de la seguridad, ni a las personas que fueron heridas en la explosión. Solo hubo silencio.

Después de 27 años de ese acto de terror, ocurrido al inició de la supuesta democracia, continúan muchas interrogantes sin resolver, como: por qué no había seguridad uniformada la noche antes, por qué no se tomó declaración a las víctimas, por qué no se rindió una explicación a la población y por qué no hay un expediente sobre el caso.

En lo personal, creo que esa bomba fue instalada y ordenada por fuerzas amigas y esa es la razón por la que, después de 27 años, no se ha dicho nada al respecto, como las intrigas narradas en Lobos al anochecer.

El autor es ciudadano 

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