IDENTIDAD NACIONAL

De avenidas y carreteras: J. Enrique Cáceres-Arrieta

Por años me ha llamado la atención el nombre de “Tumba Muerto” con el cual el panameño y los medios llaman a la vía Ricardo J. Alfaro. ¿Por qué el cambio? Hay una leyenda que cuenta de alguien que -haciéndose el muerto- asustaba a los transeúntes de los terrenos sobre los cuales se construyó la vía Ricardo J. Alfaro. Había oído yo la versión de que es llamada “Tumba Muerto” por la cantidad de muertos en accidentes automovilísticos en ella. Sea cual sea la versión veraz, el asunto es que la avenida ha perdido su denominación original, el nombre de un ilustre panameño, quien brilló como profesional del derecho y diplomático no solo en Panamá, sino también fuera de ella.

En su carrera diplomática, por ejemplo, Ricardo J. Alfaro destaca por sus aportaciones doctrinales a fin de alcanzar nuestra soberanía en la Zona del Canal. Además, Ricardo J. Alfaro participó en la concepción y nacimiento de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Luego fue miembro de la comisión que tradujo la carta del organismo internacional del inglés al español. Y, asimismo, su mente y su voz estuvieron presentes en el borrador de lo que tres años después se convertiría en el primer logro de la ONU. Esto es la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Ese fue Ricardo J. Alfaro. Panameño cuya carretera lleva su nombre y que lamentablemente la popular leyenda ha trocado por “Tumba Muerto”; y los medios de comunicación refuerzan el equívoco al no corregirlo. La costumbre ha tenido fuerza de ley. Los aportes de un insigne panameño como Ricardo J. Alfaro deben enseñarse en escuelas, colegios, universidades. No recuerdo haberlos oído en la escuela ni en el colegio. Me enteré por una reciente visita que hiciera a las oficinas de la ONU en nuestro país.

Por otro lado, celebro que la materia relaciones de Panamá con Estados Unidos haya sido reintegrada en los planes de estudio. Es menester que la juventud se entere de cómo han sido realmente nuestras relaciones con Estados Unidos. Aunque duela a panameños con escasa o ninguna identidad nacional, el imperio estadounidense nunca ha sido nuestro amigo. Jamás lo ha sido para con el resto del continente americano. Siempre nos ha intervenido, abusado, utilizado. Sus “ayudas” y “favores” son cobrados con creces. La juventud, imitadora (pitiyanqui) de lo negativo de la cultura estadounidense, debe conocer de las no pocas veces que el Tío Sam ha intervenido en nuestros asuntos internos, violando el principio del Derecho Internacional Público que establece la independencia de los Estados y el derecho de autodeterminación de los pueblos. De igual manera, la Convención relativa a los funcionarios diplomáticos, artículo 12, sostiene que “los funcionarios diplomáticos extranjeros no podrán [no deberán] inmiscuirse en la política interna o externa del Estado en que ejercen sus funciones”. Y, añado yo, los políticos criollos tampoco deben consultar al embajador estadounidense. Máxime si aseguran representar al país. Los trapos sucios se lavan en casa. La dignidad y el autorrespeto no se comen, mas permiten caminar con la frente en alto. El nacionalismo forjado en el yunque del amor a la nación toca no confundirlo con patrioterismo. Exigir que haya regulación de quien entra a nuestro terruño no es xenofobia ni chovinismo. Es el derecho que consagra la Ley a los nacionales sobre los extranjeros “por razones de trabajo, de salubridad, moralidad, seguridad pública y economía nacional”; además de “subordinar a condiciones especiales o negar el ejercicio de determinadas actividades a los extranjeros en general”. (Constitución Política, artículo 20).

Las leyes de migración deben ser recíprocas entre Estados. No se trata de lo ancho para el extranjero en nuestro país, y lo angosto para el panameño en el extranjero. El principio de reciprocidad es parte del Derecho Internacional Privado, que regula extranjería, delitos internacionales, jurisdicciones de diferentes sistemas judiciales y de seguridad.

Nuestros jóvenes, insisto, no deben comer cuento de que Estados Unidos es país amigo. Las potencias no son amigas de Estados a los cuales pueden avasallar. Retomar, por consiguiente, la materia relaciones de Panamá con Estados Unidos es para que los docentes expresen la historia como es; no como quieren que sea o como debió ser. Es tiempo de que la juventud oiga del panameño José Manuel Luna, vendedor de sandía, y de Jack Oliver, estadounidense, y de sus connacionales que se negaron a pagar la tajada de sandía. Que sepan qué sucedió el 9 de enero de 1964 y el 20 de diciembre de 1989. También es saludable saber qué aconteció en 21 años de dictadura militar.

Así como objeto la modificación de la vía Ricardo J. Alfaro a “Tumba Muerto”, igual censuro que a parques, avenidas, calles, hospitales, clínicas, estadios… se les coloque el nombre de un dictador señalado de la desaparición de varios panameños y de un cura cuyo único pecado fue promover cooperativas campesinas. “Maldad” mal vista por terratenientes de los 70. Las cosas como que no han cambiado mucho.

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.

Por si te lo perdiste

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Directorio de Comercios

Loteria nacional

15 Oct 2017

Primer premio

6 0 4 8

BDDC

Serie: 7 Folio: 8

2o premio

5559

3er premio

9849

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código