PROMESAS SIN CUMPLIR

El calamitoso ´lustro de Martinelli´: Paulino Romero C.

El 1 de julio de 2009 se posesionó el señor Ricardo Martinelli como Presidente de la República: Juró “a Dios y a la Patria cumplir fielmente la Constitución y las leyes de la República”, tal como lo ordena la Constitución vigente.

Ese día comenzó el quinquenio presidencial de Martinelli (2009-2014). Sin embargo, desde aquel momento, percibimos lo que habría de ser inicio de un “régimen de mando personal”. Los hechos cumplidos, tres años y medio después (sumado incluso los desastres naturales causados por inundaciones y derrumbes en Colón, Arraiján, Capira y La Chorrera, nunca antes producidos), así lo confirman. Ya puede hablarse, pues, del calamitoso “lustro de Martinelli”.

Se le puede comparar con el tipo de caporal montaraz, a la usanza de Juan Vicente Gómez, presidente de Venezuela (1908-1935). El “régimen de mando personal” tiene, desde luego, puntos de coincidencia con los que han establecido en distintas partes de América los dictadores tradicionales. Hay, evidentemente, diferencias y rasgos comunes entre ellos. Diferencias profundas que sitúan a Martinelli en niveles distantes de los de sus congéneres en el ejercicio del poder absoluto.

Los rasgos comunes que diferencian a estas autocracias primitivas son bien conocidos: la supresión de las libertades públicas, el desprecio por la vida humana, el presidio o el destierro del adversario, constituyen las piezas maestras de esa maquinaria de terror que erige el mantenimiento del orden en la razón suprema del Estado. El acaparamiento de la riqueza nacional en manos del déspota, es otro de los rasgos con que se manifiestan en todas partes esos gobiernos unipersonales. La codicia corre pareja en ellos con la corrupción, el cinismo, la mentira y la crueldad.

Luis Troconis, en su libro La Cuestión Agraria, revela que Juan Vicente Gómez concentró en sus manos la mayor parte de las tierras de Venezuela hábiles para la agricultura: “Quien tiene la tierra, decía el dictador venezolano, tiene el poder”. Las posesiones de Juan Vicente Gómez comprendían, según Troconis, mil 631 fundos agropecuarios con 32 mil hectáreas en el estado de Aragua; en el distrito de Junín, del estado de Táchira, 234 haciendas con una extensión de 5 mil 500 hectáreas; en Miranda, 306 fundos; en Carabobo, mil 569; en Guárico, 157 haciendas; y en Bolívar 97 fundos.

¿Cuántas hectáreas de terreno, medios de comunicación, bienes y acciones en diversas empresas pudiera haber adquirido Martinelli antes de finalizar su periodo presidencial? Ha dicho, “cuando termine su régimen en 2014, él tendrá más poder en Panamá”. ¿Qué habría querido decir o es que todo está dicho? ...

Es bien sabido que todo el sistema político del “régimen de mando personal” gira en torno al culto de la personalidad. Puede ser que ese rasgo se descubra también en situaciones semejantes creadas en distintos países de América, pero no al estilo de Martinelli.

Es exageradamente vanidoso; se vanagloria de su propio valer o actuar. Graba de “viva voz” su propaganda personal para que sea difundida diariamente, y repetidas veces, por radio y televisión: “Soy un hombre intenso con energía y decisión, que avanza contra viento y marea...”. Así se autoevalúa y define el presidente Martinelli. Supone que nada ni nadie lo detiene en sus empeños, en llevar a cabo sus caprichos y ocurrencias.

Alardea al decir: “Me gusta que las cosas se hagan rápido, como lo ordeno”; que detesta “las normas oficiales protocolarias y, sobre todo, el saco y la corbata”. Evidentemente, demuestra ser el hombre común, ordinario, para quien el desaliño y la chabacanería en el vestir y en la manera de expresarse públicamente son propios de su personalidad, de su natural forma de ser. “Incongruidad protocolaria” que ha sido imitada dócilmente por la mayoría de sus cortesanos colaboradores. No obstante, la vida nacional, durante el “lustro de Martinelli” (hasta el 30 de junio de 2014), continuará fluctuando totalmente en torno a su nombre; los órganos del Estado y todas las instituciones seguirán obedeciendo las directrices de su carácter absorbente. Muchos testimonios podrían citarse como pruebas fehacientes de esa absorción por un hombre de la conciencia y de la mente de infinidad de otros seres humanos.

La amarga experiencia causada por el “efecto Martinelli” y su impacto nefasto en la vida institucional del país son motivo para que la ciudadanía consciente, merced a su vocación democrática (en mayo de 2014), determine con el arma de su voto arrollador el final del extraño y anacrónico “régimen de mando personal”. ¡Apostamos esta vez por un “estadista”; nunca jamás por un politicastro!

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