VISIÓN DE PATRIA

Un cáncer llamado corrupción: Yohel Amat V.

Muchas veces, se ha dicho que “la ocasión hace al ladrón”. Y más cuando el entorno propicia y alienta dicha conducta. No hay otra explicación para que ya pasados cinco gobiernos en “democracia”, luego de la invasión estadounidense a nuestro país en 1989, sigamos viendo lo mismo: sobreprecios en las licitaciones públicas, nepotismo, adendas contrarias a los intereses de la mayoría en los contratos con el Estado, uso del presupuesto estatal para comprar conciencias durante las campañas electorales, impunidad y un gran etcétera. ¿Qué nos pasa?

En primer lugar, la mayoría de nuestros problemas no son por falta de presupuesto, sino de tipo cultural. Nuestra cultura o falta de ella, nos frena e impide alcanzar las alturas que merecemos con nuestro potencial como país.

Un entorno en el que reina el “juega vivo” y “poderoso caballero es don dinero”; en el que solo importan las cifras económicas, pero no los altos dígitos de fracasos y deserción escolar, y el concepto de patriotismo se limita a forrar los autos con banderas en noviembre y no perdernos ni un solo desfile, será terreno fértil para que la corrupción crezca alta, robusta y con raíces muy profundas.

Eso es lo que hemos sembrado y lo que estamos cosechando. Solo hay que abrir los diarios para darnos cuenta de que no importa quiénes nos gobiernen: la corrupción es la misma.

¿Quiere decir que estamos condenados a vivir en medio de dicha podredumbre por siempre? Si no llegamos a comprender que esto es un asunto de sistema y no de nombres o de partidos, la respuesta será afirmativa.

Mientras no hagamos un alto en el camino para refundar la nación, propiciando un sistema en el que al corrupto se le castigue de forma implacable, la justicia sea ciega y expedita, todos tengamos la misma oportunidad para aspirar a cargos de elección popular y nuestro sistema educativo sea la máxima prioridad, no podremos jamás esperar que la corrupción se marchite y se reduzca a su mínima expresión.

Una mejor educación –que incluya altas dosis de moral y ética– nos permitirá tener mejores ciudadanos; celosos al exigir justicia y alérgicos al delito y a la politiquería. ¿Es eso imposible o no podemos aspirar a tanta belleza?

Claro que es posible. Solo se necesita tener un gobierno, a hombres y mujeres con voluntad y visión de patria para que se pueda lograr. Hasta ahora el panorama es desalentador, porque todos los partidos han tenido su oportunidad de gobernar y ninguno llenó las expectativas.

Es por eso que debemos seguir procurando que cada vez más los corruptos se vean cercados por la opinión pública, de manera que solo los mejores lleguen al poder y, con ello, empezar a cambiar, para bien, nuestra cultura y sistema de gobierno. Soñar no cuesta nada y las futuras generaciones nos lo agradecerán.

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