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REACCIONES

La ciudadanía aprendió a decir no: Francisco Sánchez Cárdenas

Cuando creíamos que habíamos visto y escuchado todo el repertorio de cinismo del régimen de Ricardo Martinelli, nos quedamos estupefactos. Después de estar desaparecido durante 10 días, tratando de seguir engañando a la ciudadanía, a través del Twitter, volvió a la carga para decirle al país que comprendía la frustración y la desconfianza de los colonenses y que no duerme de pesar por la pérdida de vidas inocentes en un conflicto creado por la oposición política.

Habló de mil millones de dólares en inversiones en Colón –que nadie sabe dónde están– que su único interés era conseguir en forma expedita más dinero para Colón, sin mencionar los desarrollos portuarios e inmobiliarios que, para su utilidad personal y sus compinches, todavía espera realizar con las tierras de la Zona Libre y los terrenos adyacentes.

Mencionó que los responsables de la pérdida de vidas serán procesados por las autoridades, algo que nadie cree, porque eso sería ir en contra de la policía a la que ha otorgado licencia para actuar impunemente. No dijo nada de los 48 heridos de bala que estaban esposados a las camas en los hospitales ni de la suerte de las decenas de detenidos en abierta violación a sus derechos humanos.

En lugar de demostrar un genuino espíritu de diálogo, atacó a la oposición diciendo que ya han hecho suficiente daño, la marginó del debate y la culpó de poner en riesgo la estabilidad política y económica del país. Al final, Martinelli no tiene culpa de nada y hay que agradecerle, porque apareció para traerle mejores días a Colón.

Lo que no pudo hacer fue borrar el levantamiento popular que tuvo su epicentro en Colón y que alcanzó a todo el país. Un hecho que cambiará la manera de protestar por parte de la ciudadanía, y la forma de hacer política de parte de los políticos inteligentes.

El movimiento fue una verdadera expresión de repudio popular a un método de gobierno impositivo y despótico.

Este régimen se creyó su propia mentira y pensó que podría esconder el autoritarismo, la destrucción de las instituciones democráticas, la rampante y escandalosa corrupción y el pandillerismo mafioso, similar al de Pablo Escobar y Silvio Berlusconi.

Todo esto dentro de un ambiente de asfixia económica que resiente toda la población por el alto costo de la canasta básica, el combustible y la falta de servicios públicos, mientras el régimen se aprovecha de toda necesidad de la población para sus negocios gansteriles.

La situación del transporte público modernizado de forma apresurada, más para hacer un negocio que para solucionar un problema, tiene además el insoportable agravante de la cantidad de obras que están en ejecución, la mayoría de ellas no son otra cosa que mega rebuscas, enfiladas hacia el mismo fin: sacar ventajas de cuanto proyecto pueda echarse a andar para embolsillarse millones en detrimento de las genuinas necesidades de la población.

Todo este cúmulo de hechos es lo que explica el tono y la masiva participación ciudadana en Colón y desde Bocas del Toro a Darién, desde Chiriquí a Azuero, sin dejar un solo aliento nacional que no dijera: Colón somos todos.

Es que el efecto de la venta de las tierras de la Zona Libre no solo es perjudicial para Colón. El movimiento tuvo un sentido de identidad nacional y de participación solidaria que quedó demostrado en el hecho de que la mayoría de las personas que tenían que caminar por los tranques lo hacían con gusto, como una forma de apoyo al rechazo general.

La gran incógnita de todo esto es: ¿habrá aprendido Martinelli? ¿Habrán aprendido los diputados oficialistas, los tránsfugas y los tránsfugas encubiertos? No, por lo visto.

Ese autoritarismo de Martinelli está en sus genes, y lo demostró en su discurso a la Nación en el que no hubo ni una pizca de arrepentimiento, sino más soberbia, mayor prepotencia y multiplicadas amenazas contra sus adversarios. Su estrategia absoluta y su prioridad es la continuidad en el poder y para ello requiere del servilismo de los diputados y del control de la Corte Suprema de Justicia y del Tribunal Electoral.

Ante la tozudez de no variar el rumbo de confrontación, solo pueden anticiparse mayores conflictos, porque la ciudadanía ha aprendido a decirle no a Martinelli.

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