MENSAJE DEL ARZOBISPO

Ellos comen juntos: Jorge Gamboa Arosemena

En la pasada celebración de las festividades del Cristo de Esquipulas, en Antón, el arzobispo de Panamá, José Domingo Ulloa, presidente de la Conferencia Episcopal Panameña –entidad que reúne a los obispos pares de la república– se acercó a las directrices del papa Francisco, cuando ordena que los pastores se acerquen a las ovejas y –deduzco yo– la directriz tiene como colofón que esos pastores se alejen de los lobos.

En la homilía, Ulloa le dice a su rebaño que no se pelee por diferencias políticas, porque “los grandes de este mundo se entienden alrededor de una mesa. Mientras tú y yo [se incluyó] estamos peleando, ellos están organizando todos sus negocios”, refiriéndose a los llamados dirigentes políticos. Solo hay que recordar el transfuguismo en los últimos 20 años: del Partido Popular (PP) con y contra el PRD; del PP con y contra el Partido Panameñista; de Ricardo Martinelli con y contra el PRD; de Martinelli con y contra el panameñismo; de Juan Carlos Varela con y contra Mireya Moscoso; del “Círculo cero” de Juan Carlos Navarro, y de Martinelli, Arias y Humbert con Varela, cuando estuvieron con el PRD.

Hay que destacar que el Arzobispo se incluyó entre los integrantes comunes del pueblo, los de abajo, no entre los dirigentes políticos, y dijo más cuando a “ellos” los metió a todos en el mismo churuco. No diferenció, no discriminó. Un planteamiento agudo, cortante como el de un bisturí, ellos hacen negocios y el pueblo se pelea.

¿Y qué cree que pasó, respetado lector, entre los tres iguales? Nada, los “iguales negociantes” evitaron sentirse aludidos. Ninguno negó que comen juntos, directamente o por interpuestas personas y que hacen negocios. Es decir, que el que calla otorga. Creo que aquí sí hay que diferenciar entre los candidatos aunque el Arzobispo no lo hizo. Presumo que no lo hizo, porque dio por entendido que los tres de los partidos con prácticas tradicionales, esos que responden a camarillas plutocráticas, aunque se mimetizan como partidos con bases populares, son muy diferentes a los otros cuatro candidatos. Pero en esta sociedad abrumada de corrupción, o de antidemocracia, no se atina a profundizar en esas palabras lapidarias de Ulloa.

Muchos creen que alguno de esos negociantes puede hacerlo mejor o menos mal que otro. Cierto es que pudieran hacerlo, si cambiaran, si experimentaran una transformación semejante a la de Saulo de Tarso. Pero esos cambios extraordinarios son escasos en la historia. Que alguno de ellos se transforme de negociante a servidor, requiere de ciertos presupuestos a los que no veo mayor oportunidad. Para que esto ocurra alguno de los candidatos con opción de ganar las elecciones en esta caricatura de democracia debería, con desprendimiento, hacer un pacto creíble con sectores decentes del pueblo, que contemple lo siguiente:

1. No se darían los consulados a los amigos ni a los donantes de campaña.

2. A las notarías se les cambiará el régimen para que no sean más el botín de los allegados al gobierno.

3. Los cargos de jefaturas en el engranaje gubernamental, debajo de ministros y viceministros, como de directores y subdirectores, se abrirían a concurso para que no sean los amigos o los sumisos a los caciques políticos del gobierno quienes los ocupen.

4. Se promovería una ley general de salarios en el sector público para que nadie reciba más de 10 veces el salario del funcionario que menos gana, esto incluyendo los gastos de representación y demás regalías.

5. Que las licitaciones vuelvan a ser la norma, no las contrataciones directas.

6. Que los contratos “llave en mano”, cuando sea necesarios hacerlos, pasen por el filtro de entidades de la sociedad civil.

7. Que se promueva una constituyente originaria, como la única vía de barrer con los magistrados corruptos o faltos de credibilidad. Esta acabaría con los diputados malhechores que se colarán de forma mayoritaria en la nueva Asamblea por el uso de todo tipo de recursos, bien o mal habidos (clientelismo); también barrería a los alcaldes y representantes –que igual se colarán– que carcomen los regímenes municipales.

8. Exigir a todo el que aspire a ser contralor o a ocupar otros cargos vedados a los miembros de los partidos políticos, que renuncie por lo menos 10 años antes. Hay que frenar ese “juega vivo”, denigrante, que les permite la ley actual de renunciar un día antes de ser nombrados.

En fin, ese pacto debe impulsar la fundación de una nueva república, vía una constituyente originaria como proponen Juan Jované y Genaro López, a quienes también les cae la sentencia de Ulloa para que no se peleen. Si no se logra esto o algo parecido para el 4 de mayo, repetiremos las trapisondas actuales, con alguno que otro nuevo actor en escena y con la mayoría de los mismos actores en el engranaje gubernamental, por elección o nombramiento. El Arzobispo lo dijo claro: “no nos peleemos, porque ellos comen juntos”.

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