GASTO PÚBLICO

La deuda que confisca la riqueza: Mauro Zúñiga Saavedra

La deuda pública de Panamá terminará este quinquenio con la astronómica cifra de poco más de 17 mil millones de dólares, producto del gasto deficitario al que ha tenido que incurrir la administración para financiar las megasobras y prestaciones sociales.

¿Qué permite o respalda que el actual gobierno haya podido disparar la deuda pública de 10 mil 758 millones, cuando se inició su administración, a 17 mil 227 millones de dólares al cierre de 2014, mientras que desde el gobierno de Guillermo Endara al de Martín Torrijos solo ascendió poco más de 3 mil millones? La confianza del inversionista en el crecimiento económico del país. ¿Qué hizo este gobierno tan rápido que no lograron los anteriores, para iniciar esta escalada? El grado de inversión.

Ambos indicadores, crecimiento económico y grado de inversión, soportan este endeudamiento logrado mediante el gasto deficitario, junto al cada vez más difícil límite máximo del déficit fiscal, que aumenta cada año. Este año subió hasta colocarse a 3.1% del producto interno bruto (PIB).

La categoría de inversión de Panamá es BBB, según la casa de análisis financiero Fitch, lo que significa que la economía panameña está dotada de capacidad adecuada de pago de intereses y reintegro de principal. Así, no es de extrañar que Panamá sea el primer país de Centroamérica en captar el mayor flujo de capital golondrina o inversión directa extranjera, de acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

El inversionista tiene la garantía que le pagarán intereses y devolverán capital al plazo de vencimiento, salvo las condiciones económicas o cambios circunstanciales adversos que se presenten en el futuro, y aquí surge el inconveniente.

¿Qué valor tangible le muestra el gobierno al inversionista que no sean los intangibles grados de inversión o crecimiento económico como garantía de los pagos futuros? Ninguno. El inversionista entrega dinero, que tiene valor en sí mismo, y recibe a cambio papeles sustentados en intangibles, puesto que se abandonó el patrón oro el 15 de agosto de 1971. El propio Alan Greenspan escribió una vez antes de ser presidente de la Reserva Federal, que la deuda pública no está respaldada con riqueza real, sino tan solo con la promesa del gobierno de pagarla con lo obtenido de impuestos futuros y por tanto su absorción por los mercados financieros se hace problemática si su cantidad empieza a ser apreciable.

El abandono del patrón oro hizo posible que los políticos utilizaran el sistema bancario como instrumento para una expansión ilimitada del crédito. ¿Y cuáles son las consecuencias de esta práctica y quiénes las pagan? La inflación, el impuesto oculto que confisca la riqueza de cada panameño, quien igualmente será el chivo expiatorio como siempre. Como la cantidad de impuestos llegó a su clímax con el 7% (ITBMS), ya no se podía seguir “sangrando” a los panameños en este quinquenio, así que los políticos recurrieron a programas de gasto público deficitario masivos: pidieron prestado dinero mediante la emisión de bonos del gobierno, para financiar los gastos en prestaciones sociales y obras en infraestructura. Lamentablemente, las leyes panameñas exoneran de culpa a los verdaderos victimarios: los místicos del músculo, aquellos políticos, burócratas y empresarios saqueadores que dicen que poseen medios de conocimiento no identificables, no sensoriales y no racionales que los demás no tienen, para un crecimiento económico ilimitado del país y que los ciclos económicos son una mentira.

El pueblo, fascinado con las obras y el populismo, no advierte que entre las primeras medidas de austeridad que adopten los gobiernos subsiguientes están el recorte de ciertas prestaciones sociales y un posible aumento en los impuestos.

Y eso se haría con la clara intención de hacerle frente a los compromisos adquiridos con los inversionistas. Greenspan explica que el tenedor de un bono del gobierno piensa que tiene un derecho válido sobre un activo real. Pero el hecho es que ahora hay más derechos de cobro pendientes de pago, que activos reales.

Cuando los balances de la economía son finalmente equilibrados, la pérdida de valor de los ingresos de los miembros productivos de la sociedad en términos de los bienes, representa precisamente los bienes que han sido comprados por el gobierno para prestaciones sociales y otros propósitos, con el dinero recaudado de los bonos financiados por la expansión de crédito.

Y es que en ausencia del patrón oro, no hay forma alguna de proteger los ahorros de la confiscación que supone la inflación. No hay ningún depósito de valor seguro.

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