REFORMAS

Es el momento de una constituyente: Alejandro Chevalier y Roberto Zúñiga

El Skylab, la primera estación espacial de la Nasa, fue enviada al espacio; Juan Pablo II se convirtió en papa y falleció, 27 años después; la humanidad experimentó la caída del muro de Berlín; se celebró un tercer milenio; se firmaron los Tratados Torrijos-Carter; Panamá sufrió la invasión del Gobierno estadounidense; por primera vez una mujer llegó a ser Presidente de nuestra nación, y el país asumió el total control del Canal. Todos estos, entre muchos otros hitos históricos, ocurrieron sin que los panameños nacidos después de la década de 1970 hayan podido experimentar un cambio sustancial en la vigente Constitución Política de Panamá, que es el resultado de cinco reformas elaboradas por los militares, en 1972.

Es fundamental reconocer que la población actual es tres veces más grande en número que aquella del siglo XX, y ha experimentado una serie de cambios tecnológicos, sociales, económicos y políticos que muchas veces no van en sintonía con las ideas básicas planteadas en la Carta Magna.

La asamblea constituyente es el método más democrático para introducir las reformas constitucionales. Hoy hay un debate en torno a las dos principales maneras de aplicarlas, es decir, si a través de una constituyente originaria o de una paralela. Se dice que la primera tiene ese nombre, porque representaría la voluntad del pueblo de forma más palpable, al ser este el principal patrocinador del proceso. La paralela figura, en la Constitución, como la única manera de llevar a cabo reformas constitucionales; es impulsada por el Ejecutivo; involucra la participación de la Asamblea Nacional, y consiste en elegir una serie de “constituyentes” que, tras haber elaborado un proyecto, lo someterán a votación de todos los panameños por medio de un referendo.

No es difícil reconocer que todo lienzo merece llevar consigo una expresión artística y que toda gran obra de arte necesita verse encuadrada por un marco, para obtener mayor presencia. En el caso de la constituyente, el panameño, al margen de su cultura o lugar de origen, experimentará una exposición a la que no sería invitado y, precisamente por eso, debe procurar no solo que lo inviten, sino ser el artista al que se le rendirá homenaje.

El método constituyente paralelo se presta, en gran medida, para que los funcionarios ejerzan un total control del proceso, plagándolo de corrupción y conflictos de intereses personales. Del mismo modo, hay quienes dicen que el originario involucra anarquía y vicios de inconstitucionalidad, sin embargo, según el artículo 2 de la Constitución Política el poder emana únicamente del pueblo, sin límite alguno.

Como miembros de un Estado democrático, republicano, representativo y unitario, tenemos el deber de convertirnos en protagonistas del proceso constituyente que encararemos en los próximos años. Tenemos el compromiso de ejercer el verdadero poder constituyente. Esto se hace planteando nuestros ideales en un lienzo que retrate la situación panameña actual y, luego, enmarcando el producto con una Constitución rígida y sólida que le brinde organización, forma y leyes a este cuerpo esencialmente creado por el pueblo.

Tampoco es difícil estar de acuerdo con el hecho de que para un médico es más fácil recetarle una cura a un paciente, cuyo diagnóstico ya es conocido. Por esta línea quisiéramos que se preguntaran: ¿Debemos considerar que la Constitución está desfasada o es apta para ser emparchada por sexta vez, al estudiar nuestra realidad política y social? En mi concepto, el sistema necesita, con carácter de urgencia, una modernización y esta tiene que ir de la mano con la elaboración de otra Constitución que involucre una gran consulta para escuchar la voz de los 3.5 millones de panameños que decidirán el marco legal bajo el que vivirán.

Para algunos una constituyente supone trauma social y caos político. Para nosotros, una constituyente originaria, específicamente, podría ajustarse muy bien a la necesidad que tenemos de algo nuevo. Lograría la renovación del sistema político en todos los aspectos, apoyaría la modernización de las instituciones, fortalecería la democracia, fomentaría la inclusión y participación de toda la población (descentralización) y buscaría un mayor patrocinio de los derechos y deberes ciudadanos. Una constituyente originaria se aleja por completo de funcionarios que no son de fiar y que es muy probable que hayan llegado al poder mediante prácticas ilegítimas, permitidas por un sistema contaminado. ¿Es la propuesta de una asamblea constituyente paralela la mejor en este momento? Quizás los gobernantes deberían preguntarle esto al pueblo, que, a través de su voluntad, debe determinar su propio destino.

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.

Por si te lo perdiste

PROCESO Comienzan los trámites para lograr la canonización de la panameña Ana Moreno

Anita Moreno nació en Macaracas y falleció en La Villa de Los Santos el 11 de noviembre de 1977.
Especial para La Prensa/Vielka Corro Ríos

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Directorio de Comercios

Loteria nacional

18 Oct 2017

Primer premio

3 2 8 1

ABAD

Serie: 12 Folio: 5

2o premio

3063

3er premio

2981

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código