Cuando excluir se convierte en un mensaje

Cuando excluir se convierte en un mensaje
En Panamá, hay nueve partidos legalmente reconocidos por el Tribunal Electoral.

Vivimos en una época en la que las diferencias de opinión parecen ser suficientes para levantar muros entre las personas. La política, que debería ser el espacio por excelencia para el debate de ideas, con frecuencia termina convirtiéndose en un escenario donde quien piensa diferente deja de ser un interlocutor para convertirse en un adversario al que se busca ignorar o desacreditar.

Desde la psicología sabemos que la exclusión tiene efectos profundos. El ser humano necesita sentirse escuchado, reconocido y parte de un grupo. Cuando alguien es rechazado de manera sistemática, el mensaje que recibe no es únicamente: “No estoy de acuerdo contigo”, sino uno mucho más fuerte: “Tu presencia no tiene valor”.

Es importante hacer una distinción. Esto no es lo mismo que el acoso escolar (bullying), un fenómeno con características propias, como la repetición, la intención de hacer daño y un desequilibrio de poder entre pares. Sin embargo, sí comparte un elemento preocupante: la exclusión deliberada y la descalificación de quienes forman parte de un grupo determinado.

Cuando un líder como el presidente de la República afirma que de un grupo “no sale nada bueno” o decide excluir sistemáticamente a quienes piensan diferente, el mensaje trasciende a los directamente involucrados. Se convierte en un modelo de comportamiento. Los líderes enseñan, no solo con sus decisiones, sino también con sus palabras.

Como psicólogo clínico, he visto las consecuencias que tiene el rechazo en niños, adolescentes y adultos. La exclusión genera resentimiento, rompe la confianza y dificulta la posibilidad de construir acuerdos. Ninguna relación mejora cuando una de las partes decide que la otra no merece ser escuchada.

La democracia no exige que estemos de acuerdo en todo. Exige algo mucho más difícil y valioso: reconocer que quienes piensan diferente también tienen derecho a participar, a ser escuchados y, en ocasiones, incluso a tener razón.

No se trata de renunciar a las convicciones propias. Se trata de comprender que el respeto por la diferencia fortalece las instituciones democráticas, mientras que la exclusión las debilita.

Quizá la pregunta que deberíamos hacernos no es si estamos de acuerdo con quienes piensan distinto, sino qué tipo de sociedad estamos construyendo cuando normalizamos la exclusión de las personas por el simple hecho de discrepar.

Porque la forma en que tratamos a quienes no piensan como nosotros dice mucho más sobre la calidad de nuestra democracia que sobre nuestras diferencias.

El autor es psicólogo clínico especialista en niños y adolescentes.


Última Hora

  • 16:29 Planilla de asesores: Ejecutivo y Legislativo destinan más de $22 millones al año  Leer más
  • 16:02 ‘Maestra Vida’, el musical de Rubén Blades, llegará a Puerto Rico en noviembre Leer más
  • 15:12 Daño en tres ‘chillers’ afecta áreas del Hospital Dr. Gustavo Nelson Collado, en Chitré Leer más
  • 14:58 ‘Cuti’ Romero: ‘Vengo a tratar de dejar mi nombre escrito en la historia de este club’ Leer más
  • 14:44 Ferran Torres ficha por cinco temporadas por el PSG, donde lucirá el dorsal 9 Leer más
  • 14:29 Alavés vs Getafe abre LaLiga 2026-27: el Barça defiende la corona y Mourinho vuelve al Real Madrid Leer más
  • 14:17 Panamá pone sobre la mesa una reforma profunda del SICA en medio de crisis y divisiones  Leer más
  • 13:01 Un terremoto de 6.9 sacude Sumatra, el segundo que golpea Indonesia en la misma jornada Leer más
  • 13:00 ¿Puede el control del ruido prevenir la violencia? Leer más
  • 13:00 (Actualizada: 1)De "La Invitación" a "La Odisea": 12 de las mejores películas de 2026, según los críticos de la BBC Leer más