MEMORIA HISTÓRICA

El 20 de diciembre y 9 de enero: Jorge Gamboa Arosemena

El 20 de diciembre y 9 de enero: Jorge Gamboa Arosemena El 20 de diciembre y 9 de enero: Jorge Gamboa Arosemena
El 20 de diciembre y 9 de enero: Jorge Gamboa Arosemena

Es una verdad de a cuño que el 9 de enero de 1964 quedó grabado como un hito histórico, un antes y un después. Una manifestación pacífica en reclamo de soberanía que fue criminalmente reprimida por el aparato colonialista de Estados Unidos (EU).

Veinticinco años después, el 20 de diciembre de 1989, el mismo aparato colonialista de EU para sacar a su empleado de la encomienda que le habían dado desde 1968 a otro de sus empleados, arremete con mayor saña que la de 1964.

¿Por qué uno u otro hecho histórico no han logrado ser reconocidos y menos conmemorados? El 9 de enero es día de duelo nacional, mientras que el 20 de diciembre, si acaso día, es de reflexión. Del 9 de enero se conocen cantidad de nombres de muertos y heridos, del 20 de diciembre se conoce, en círculos pequeños, uno que otro nombre guardado en la memoria de quienes los conocieron, pero nada de aproximación certera para saber cuántos hubo ni sus nombres. Menos se sabe de los heridos.

Es verídico que la historia la escriben quienes manejan el poder y lo hacen para que no les afecte. En 1964 la oligarquía no perdió el poder. El pueblo, por décadas, con su vanguardia ilustrada, reclamaba soberanía y esa oligarquía –camino a las elecciones en mayo– se adhirió a los vientos del momento. En 1989, la oligarquía tradicional retomó el poder. Esa que había abandonado el contubernio escandaloso que mantuvo con milicos dictadores, agentes ambos de EU.

La oligarquía tradicional y la nueva, salida del latrocinio de la dictadura de Torrijos, Paredes y Noriega, hizo un pacto tácito de no hacer olas, para pasar agachados, tantos los pillos de la dictadura como los oligarcas tradicionales que retornaban al poder directamente.

Eso de arraigar el 20 de diciembre como fecha símbolo, afectaba a ambos grupos. Los del período dictatorial, porque hacer justicia de los 21 años de la dictadura los descalificaría ante su caudal de simpatizantes –muchos del lumpenato y los oligarcas tradicionales–, porque destacar el hecho hacia la posteridad tenía como riesgo que sectores pasivos políticamente, pero con algo de ilustración e integridad, interpretaran que todo había pasado al no haber democracia antes de 1968 por manipulación de ellos; ni la pretendían permitir de 1989 en adelante. Confluyeron las fuerzas antidemocráticas en sus intereses y el 20 de diciembre sigue en un área gris, sin definición histórica ni política. Amén de que había que preservar la imagen de EU, que creó y sostuvo a la dictadura y que, mutando las formas, pero con la misma esencia, desde 1989 “asesoró” a la vieja y nueva oligarquía, que maneja el poder.

Llega otro 20 de diciembre sin conocer cuántos muertos produjo la invasión y menos sus nombres. Si el 9 de enero se conmemora como el hito para descolonizarnos, el 20 de diciembre debe ser proyectado como hito para democratizarnos. La sangre de los mártires del 20 de diciembre no puede haber sido derramada en vano.

Pero de democratizarnos nada, aunque confundidos mentales crean que vivimos en democracia. Solo hay que ver la vigencia de las constituciones. La de 1972 (de la dictadura) nos ha regido por 43 años (la de mayor vigencia). La primera, de 1904 rigió 37 años. La de 1941, cuatro años y dos meses. Y la de 1946, supuestamente la más democrática, 26 años. ¿De qué democracia se puede hablar si rige la Constitución de la dictadura?

La de 1972 ha logrado un pacto implícito entre oligarcas de viejo cuño, los de nuevo cuño, los aspirantes a oligarcas y los apuntadores de este escenario tragicómico, los gringos. Ese pacto se sustenta en corromper hasta el tuétano a ciudadanos que, sin formación ni valores, con el objetivo de “vivir bien”, aceptan todo con tal de lograr sus objetivos subalternos.

Hace falta levantar el censo de los muertos de la invasión y hacer un monumento para la posteridad. No hacerlo es traicionar a los mártires del 20 de diciembre de 1989. Esto parece que no se logrará pronto. Se habla de los muertos y desaparecidos de la dictadura, pero a estos tampoco se les ha hecho el reconocimiento debido. Los muertos de la invasión también son muertos de la dictadura, porque de no haber ocurrido dictadura, no hubiesen muerto. Sin conciencia ni conocimiento histórico, Panamá será un proyecto que se desvirtúa, como nación, y no califica como Estado.

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