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Sábado Picante: El club MAGA y los hermanos Martinelli Linares

Sábado Picante: El club MAGA y los hermanos Martinelli Linares
Ilustración elaborada con herramientas de inteligencia artificial.

Llevo semanas pensándolo. ¿Por qué una persona que enfrenta la posibilidad de tener que ir a la cárcel en Panamá por los delitos que ha cometido –y confesado– pediría un indulto presidencial en Estados Unidos? ¿Qué le hace pensar a esa persona que puede regresar a ese país si primero tiene que sortear una casi segura condena de años de cárcel antes de siquiera pensar en viajar? Primero pensé que eso era llevar la planificación a medidas extremas: estar listo para hacer maletas y regresar a vacacionar al país donde una vez fue condenado. Pero eso es insólito, porque virtualmente uno no tendría cabeza para para planificar semejante escenario sabiendo que primero debe cumplir una condena en prisión.

Entonces pensé en otra posibilidad. Pero antes, hay que saber de quién estoy hablando, o más bien, de quiénes. Hace unos días escribí sobre una petición de indulto que hicieron a Donald Trump el año pasado los hermanos Ricardo y Luis Enrique Martinelli Linares. Se trata de una historia medio truculenta por las circunstancias que rodean este tipo de peticiones al presidente Trump, quien suele sacarle provecho económico hasta sus peores errores. Lo que pretenderían los peticionarios no es una rebaja de pena o una conmutación, sino recuperar ciertos privilegios –como obtener una visa o vivir allá– que ahora le son negados tras haber sido condenados por conspirar para blanquear el dinero de los sobornos de Odebrecht. Fue una confesión en la que también involucraron al santo inocente de su padre, el supuesto blanco de una conjura para dizque fastidiarle su deseo de volver a ser presidente, dice él.

Entonces, tras confesar el blanqueo de capitales, algo que indudablemente obra en contra– ¿cómo es que están más preocupados por obtener la visa para regresar a Estados Unidos que purgar una condena en Panamá por sus confesados crímenes? Si introduje un factor inexiste en la ecuación, el resultado de mi teoría siempre estará equivocado. Ahora bien, ¿qué pasa si en la ecuación de ellos no hay condena y, en consecuencia, tampoco hay cárcel? ¿O si, habiendo condena, hay una amnistía o indulgencia del presidente Mulino? ¿Y si resulta que, aprovechando las circunstancias actuales, la Asamblea Nacional pasa una ley de amnistía general, en la que también sean incluidos los que resulten condenados en el caso Odebrecht? ¿Qué pasa si en la última semana de su gestión, Mulino, no teniendo nada que perder, los indulta?

La idea de una “puerta giratoria” para sus amigos no es un disparate considerando que esa puerta ya existe y hasta ha girado. No sé con certeza si ya todo está hablado, pero esa petición de los hijos de Martinelli ciertamente es reveladora. El resultado del problema que representa una condena para ellos lo conoceríamos de antemano, pero no sabríamos el cómo: si es por indulto o por amnistía o si es con una de esas mágicas fórmulas que se sacan jueces, magistrados o sus abogados. Hay piezas del rompecabezas que aún no aparecen, pero eso no significa que no existan.

En todo caso, sea cual sea la solución del asunto, la justicia sería la víctima una vez más y la impunidad, la victimaria, como siempre. Y hay una posibilidad que, aunque poco probable, no hay que olvidar que una vez funcionó singularmente bien: las embajadas. Obviamente, no les recomiendo la de Nicaragua, aunque el filántropo que huyó a Colombia dejó de todo allí, y con solo un año de uso. Desde hamacas hasta salas de reuniones, ideal para recibir amigos, hacer barbacoas y conspirar.

Pero esta vez les recomiendo una embajada que les viene mejor –por su estatus de vida y amistades– y por las respuestas que aún esperan: la de Estados Unidos, donde el amigo Kevin no tendría problemas en recibir a los amigos Trump, perseguidos por la justicia de un país bananero y tercermundista. Allí tendrían la oportunidad de vivir como quieren: en territorio de EU, incluso, sin indulto. Y de vez en cuando podrían recibir a los amigos de papá o a los de ellos. Quizás no tengan los privilegios que tuvieron en la base militar de Guatemala, pero el ICE no los acosará ni los sacarán de la Embajada. Y hasta puede que reciban una gorra de bienvenida al exclusivo club MAGA (Movimiento Americano de Gánsteres Acosados).


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