JUSTICIA PARA VÍCTIMAS DE MASACRE

Un fallo histórico... que arde: Carlos M. Herrera Morán

Un fallo histórico... que arde: Carlos M. Herrera Morán Un fallo histórico... que arde: Carlos M. Herrera Morán
Un fallo histórico... que arde: Carlos M. Herrera Morán

Lo más atroz de las cosas malas -sentenció Ghandi- de la gente mala es el silencio de la gente buena. Un domingo –hace cinco años– los istmeños, mientras rendíamos tributo a la memoria de los mártires del 9 de enero de 1964, fuimos estremecidos por las dantescas imágenes de la televisión local que daban cuenta de un incendio, luego de la utilización de gases lacrimógenos por parte de la Fuerza Pública en el Centro de Cumplimiento de Tocumen. En las imágenes de los receptores, gracias a los audaces camarógrafos y reporteros de las televisoras, los panameños y el mundo entero pudieron ver cómo “hombres de uniformes de la policía” introducían en una de las celdas de la cárcel de menores, dos latas de gases lacrimógenos, provocando un verdadero infierno de candela viva.

El Centro de Cumplimiento se convirtió en el vasto imperio del diablo. El resultado fue –en el momento– 7 menores convertidos en antorchas humanas, con graves quemaduras, y más de 30 muchachos brutalmente golpeados con vara policial y patadas.

Dos días después, en el Hospital del Niño, en la sala de quemados, falleció el primer menor, y así sucesivamente uno tras otro perdieron la vida. Los protocolos de necropsia establecieron la causa de la muerte: “Falla orgánica múltiple, edema y congestión pulmonar, quemaduras extensas de segundo y tercer grado del 85% de superficie corporal total”.

Dos de los muchachos quemados sobrevivieron, a pesar de las lesiones, y narraron la crueldad que vivieron. “Estaban los compañeros en huelga por la falta de agua potable y comida, y llegó la policía a quemarnos”…“cuando salimos de la celda 6 los quemados le dijimos al oficial que adentro había un quemado que no podía caminar, nos dijeron vayan y sáquenlo… y tuvimos que regresar echando humo por todo el cuerpo”. “Pedíamos agua y nunca se nos dio”, sentenciaron los sobrevivientes.

Desde el primer día, de lo que hoy se conoce como la masacre del Centro de Cumplimiento de Tocumen, la Policía Nacional trató de alterar la escena del crimen. Ocultando evidencias y obstaculizando las investigaciones. Modificaron la celda del incendio, recogieron los casquillos de los perdigones, no fueron a los reconocimientos y le negaron información a la fiscalía encargada de la investigación. Incluso, los acusados casi se salen con las suyas al ser indultados por el expresidente Ricardo Martinelli. Tal indulto fue revocado por el presidente Varela.

El dolor de las víctimas y sus familiares encontró eco y esperanza en un grupo de abogados que promovió las acciones legales para hacer sucumbir la impunidad. La defensa de los policías y de los funcionarios acusados esgrimió la tesis de que el incendio fue “producto que los menores prendieron fuego a sus colchones”, es decir, trataron de cuadrar el círculo. Solo les faltó decir que los menores se “ahorcaron por sus propias manos”.

En julio del año pasado se celebró la audiencia en el Segundo Tribunal de Justicia, duró seis semanas, en la que se practicaron las pruebas pedidas por las partes y terminó con los alegatos de la Fiscalía, los abogados querellantes y de la defensa. Al clausurarse la audiencia oral, una de las madres de los menores quemados, entre llantos, dijo “tengo infinita fe en que Dios no permitirá que este crimen quede sin castigo”.

El pasado 11 de enero el Tribunal dictó la sentencia de grado y en ese fallo histórico, señaló lo que sigue: “Es necesario acotar que los menores recluidos dentro del pabellón, no representaban ningún tipo de peligro para las unidades policiales, mucho menos los que se encontraban encerrados en la celda No. 6, sobre todo, cuando reiteramos, no mantenían ningún tipo de armamento, salvo las manifestaciones verbales que proferían a los policías, sin embargo, los agentes, quienes tenían conocimiento y manejo del tipo de granadas lacrimógenas, las utilizan en contra de los menores en una situación de desventaja, estando encerrados y a sabiendas de que dentro del lugar existían colchones, que estos a su vez provocarían la combustión al hacer contacto con las granadas.

Queda demostrado que los custodios se excedieron en el uso de la fuerza, ya que a pesar de haber recibido las instrucciones de utilización de los gases lacrimógenos, con base a la cadena de mando, excedieron en su afán de sofocar a los internos y provocaron el voraz incendio que consumió la vida de cinco jóvenes, además de poner en riesgo la vida de otros…”.

El veredicto de los magistrados estuvo a la altura de las ansias de justicia de los ciudadanos. Cuatro de los acusados, incluyendo al oficial de más alto rango de la Policía y la exdirectora del centro, fueron condenados a 46 años de prisión, por los delitos de homicidio, tentativa de homicidio y trato degradante.

A los dos agentes de la Policía que lanzaron las granadas de gases lacrimógenos se les impuso 40 años de prisión por homicidio y tentativa de homicidio; y a dos policías y un custodio civil se le castigó con seis años de prisión como autores del delito de castigo infamante y vejaciones, en perjuicio de los menores del Centro de Cumplimiento de Tocumen.

La Nación permaneció absorta y expectante siguiendo el desarrollo y el desenlace de este caso, que bien podríamos considerar el “proceso del siglo” por sus implicaciones dramáticas, cometidas por miembros de la Fuerza Pública, en perjuicio de los derechos humanos. La sentencia dictada por el tribunal constituye una ardiente defensa de los derechos humanos, que postula el derecho que tiene toda persona, aunque este privada de su libertad, a ser tratada con el respeto debido a la dignidad inherente al ser humano, y un firme llamado a los hombres de uniforme a utilizar con prudencia y proporcionalidad la fuerza, sin incurrir en excesos y tratos crueles e inhumanos. ¡La sentencia le cerró el paso a la impunidad y estableció que nada ni nadie está por encima de la Constitución y la ley!

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