POLÍTICA

La fusión fallida del Molirena: Mario J. Galindo H.

El hasta ahora frustráneo intento de extenderle certificado de defunción al Movimiento Liberal Republicano Nacionalista (Molirena) mediante el expediente de fusionarlo con otro partido ha generado en su seno una profunda e irreconciliable escisión entre los partidarios y los adversarios de dicha fusión. Me cuento entre estos últimos.

Como es del conocimiento público, los partidarios de la fusión han propiciado ya la celebración de dos asambleas de la Convención Nacional del partido con el afán de inhumarlo, como si se tratara de un cadáver insepulto.

La primera de dichas asambleas, que tuvo lugar el 3 de julio de este año, fue anulada por el Tribunal Electoral en razón de que en ella no se respetó la exigencia legal de que el voto fuera secreto. En la segunda, celebrada el 2 de este mes, en mi concepto, las personas empeñadas en hacer desaparecer el partido no lograron su propósito. Mi opinión descansa en las consideraciones que enseguida expongo.

De conformidad con lo que dispone el meridianamente claro artículo 32 de los estatutos del partido, para fusionar al Molirena con otra colectividad política se requieren dos cosas. En primer lugar, el concepto previo favorable de su Comisión Política y, en segundo lugar, un acuerdo de la Convención Nacional, aprobado por el voto de las dos terceras partes de la totalidad de los 642 delegados que forman parte del referido órgano.

Ni en la asamblea del 3 de julio, anulada por el Tribunal Electoral, ni en la del 2 de octubre se cumplió con el requisito sine qua non de someter el tema de la fusión a la consideración previa de la Comisión Política, sin cuya recomendación no le es dable a la Convención Nacional aprobar la fusión.

Ante esta realidad, los partidarios de la fusión sostienen, ahora, que la Convención Nacional, dado su carácter de máxima autoridad del partido, puede aprobar la fusión, sin tomar en cuenta para nada el criterio de la Comisión Política, con lo cual pretenden saltarse a la torera lo que preceptúa el citado artículo de los estatutos.

Semejante tesis es manifiestamente contraria a lo que disponen tanto el artículo 90 del Código Electoral como el artículo 11 de los estatutos del Molirena. Ello es que ambos artículos, al señalar que los órganos inferiores de todo partido deben acatar las decisiones de los superiores en jerarquía, expresamente supeditan y subordinan dicho acatamiento a que las decisiones de tales órganos superiores no desconozcan ni menoscaben las atribuciones y competencias que los estatutos del partido les asignen a los demás órganos partidistas. Es apenas natural que así sea. De lo contrario, los estatutos perderían todo significado jurídico y dejarían de tener fuerza de ley entre los miembros del partido, tal como lo dispone el artículo 88 del Código Electoral.

Por otra parte, en la asamblea del 3 de octubre, la fusión no contó con el voto favorable de las dos terceras partes del total de los 642 delegados que componen la Convención Nacional. Es claro que para ello hacían falta 428 votos. La fusión solo alcanzó el visto bueno de 413 convencionales.

Los partidarios de la fusión alegan, ahora, que para aprobarla solo se requerían dos terceras partes de los votos de los convencionales presentes en la Convención. Esta tesis es contraria a lo que preceptúan el Código Electoral, los estatutos del Molirena y a lo que ellos –los partidarios de la fusión– sabían desde la anulada convención del 3 de julio.

En este orden de cosas, importa destacar que el artículo 113 del Código Electoral, al indicar que la fusión debe ser aprobada por no menos de las dos terceras partes de los delegados presentes en la Convención, lo que hace es establecer un mínimo de votos que ningún partido puede soslayar, pero deja la puerta abierta para que cada partido exija un número mayor, como en efecto lo hizo el Molirena en el citado artículo 32 de sus estatutos, el cual señala, expresamente, como “indispensable el voto favorable de por lo menos las dos terceras partes del número total de delegados que conforman la convención nacional”. El referido artículo de los estatutos fue aprobado en su momento por el Tribunal Electoral.

A mayor abundamiento, los partidarios de la fusión siempre han sabido que ello es así. Prueba del aserto es el hecho de que en el acta de la fallida convención del 3 de julio, afirmaron que la fusión se aprobaba “superándose incluso, la mayoría calificada de las dos terceras partes establecidas en el estatuto”.

En síntesis, el Molirena sigue vivo, pero en manos de quienes desean su desaparición. Esta peculiar e inconveniente situación plantea un cúmulo de problemas que, por ahora, no tienen solución inmediata. A ellos me referiré en otra ocasión.

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