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ECONOMÍA

El harakiri del mercado: Javier Barrios D.

El crecimiento que registró nuestra economía en el período 2006-2012, producto del desarrollo inmobiliario, hotelero, turístico, comercial, portuario, etc., y del elevado gasto público (megaproyectos), aumentó inusualmente el circulante (dinero en la calle) y con ello, obviamente, se incrementó la demanda de bienes y servicios, lo que, aunado a la especulación, se tradujo en niveles de inflación que los panameños, por primera vez en nuestra historia, sentimos en mayor medida.

Desde entonces, el ritmo de crecimiento económico empezó a decaer, principalmente por causas propias del sistema capitalista que, mundialmente, funciona con ciclos al alza (auges) y a la baja (crisis). Algo así como que “después de la tormenta viene la calma” y viceversa. O sea, que un elevado crecimiento económico no es sostenible (no es perpetuo). Además, es preferible crecer al 6% con una inflación del 2%, que al 9% con una inflación del 6%.

Pondré dos ejemplos sencillos de cómo funcionan los pequeños mercados (válido para los grandes) y cómo se hacen el harakiri: El Compa Víctor (q.e.p.d.), cuando el mercado estaba ubicado en el Terraplén, me dijo que había ocasiones en que el precio del ají pimentón era tan bajo que, para no llevárselo de vuelta a Campo Alegre (Las Tablas) le provocaba tirarlo a la bahía. Los intermediarios siempre han tenido su “cartel” para ofrecer todos el mismo precio irrisorio y como no existe una “ONC”, homóloga de la Organización Mundial del Comercio (OMC), estos pequeños productores están desprotegidos, evidenciando, con ello, que las leyes e instituciones no están diseñadas para los pobres. Si bien allí las variaciones en los precios están supeditadas, en buena medida, a la escasez y a la abundancia, como siempre, los intermediarios –que juegan su papel– se llevan, sin mayores esfuerzos, la mejor tajada, desmotivando con ello al productor.

Hace 10 años el plátano estaba $0.05 la unidad, luego aumentó a niveles insospechados (hasta $0.60 la unidad), salvo en el Mercado de Abastos. No se necesita ostentar un doctorado en economía para pronosticar que esa situación reduciría su demanda y, consecuentemente, la oferta (producción), porque estos productores no tienen “carteles” u oligopolios, como para suponer que bajaron la producción para aumentar el precio. Esta situación ha forzado la salida de algunos productores del mercado; otros siguen obteniendo ganancias vendiendo menores cantidades a un mayor precio, y otros, al no tener más nada que hacer, víctimas de los intermediarios, “compran huevos para vender huevos”. Igual ha ocurrido, en mayor o menor grado, con una diversidad de productos cuya demanda es bastante elástica (no es un bien tan necesario).

El elevado precio del plátano debió motivar un aumento en la producción y más tarde, en consecuencia, provocar una reducción del precio, pero no ha ocurrido (no funciona). Como lo pregonan los consumidores, el precio de los productos es lo único que cuando sube no baja (no hay equilibrio para los pobres). Cuando el precio del combustible subió espantosamente, el precio de infinidad de bienes y servicios aumentó, lo que aprovecharon muchos para incrementar su tasa de ganancia.

Ahora el combustible bajó estrepitosamente, sin embargo, el de esos bienes y servicios permanece intacto. Aunque aduzcan, con razón, que el precio de otros insumos que utilizan aumentó y se mantiene, igual están aprovechando la coyuntura actual para aumentar sus ganancias. Excepto los más pequeños que, reiteramos, están a merced de los intermediarios. Para muchos todo esto ha significado menos poder adquisitivo y menos plátano y otros alimentos en la mesa (menos nutrientes).

Así funciona el capitalismo, acechando oportunidades, incrementando las ganancias, con la balanza inclinada más de un lado, con imperfecciones y contradicciones y afectando a competidores, consumidores y trabajadores. La economía mundial (el capitalismo) está en crisis; empezó en Estados Unidos, cruzó el “charco” (Europa) y está rondando a China.

Los poderosos Lázaros quizás no caigan o se levantarán y andarán, pero muchos, principalmente los pequeños, nunca se levantarán.

¿Escapará Panamá de esta? Sobran oportunidades, el país quiere, pero nuestros dirigentes, políticos, autoridades, incluso ciertos empresarios, “se niegan”. En el frenesí de la abundancia, la especulación y la avaricia, han caído en el mal uso de los recursos, en la sobreoferta, en la corrupción, lo cual les impide percibir y/o prepararse para enfrentar las amenazas externas y el ciclo a la baja en nuestra economía. Están haciéndose el harakiri y, por ende, al país.

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