ÁRBOLES

Más hojas, menos basura: Ana Victoria Esquivel

La noche del pasado 26 de diciembre manejé por la Avenida Balboa y pude ver el horror: pilas de basura que se acumulaban como si hubiese pasado un tornado. Claramente nuestra cultura ciudadana no ha madurado. No tenemos mayor problema con la basura y preferimos tirarla a la calle. De hecho, me atrevería a decir que nuestro enemigo no es realmente la basura: son los árboles.

Siempre me ha llamado la atención que en Panamá los árboles son vistos como un obstáculo que hay que eliminar del camino para darle paso al concreto. Cada vez que se inicia un proyecto de construcción, árbol visto es árbol muerto.

Lo más triste es que ni siquiera es necesaria una construcción para tener que eliminar a los árboles. Por ejemplo, hace algunos años había un hermoso árbol que cubría la ventana de mi habitación, pero los vecinos del residencial apelaron para que el árbol fuese cortado, ya que estaban cansados de lidiar con la molestia de las “hojas en el piso”.

Este argumento fue lo suficientemente convincente como para que, efectivamente, cortaran el árbol. No voy a condenar a mis vecinos automáticamente por su actitud y posición. Es necesario comprender que detrás de su decisión hay una falta de consciencia y de conocimiento que los llevó a esas conclusiones.

En una situación como la nuestra, cuando las hojas se desprenden de los árboles, inmediatamente son vistas como un residuo que debe ser barrido de la superficie sobre la cual reposa. Siguiendo este proceso, las hojas que caen de los árboles terminan barridas hacia alcantarillas o introducidas en bolsas plásticas dentro de las cuales se descomponen anaeróbicamente, generando gases peligrosos, como el metano. Ahora, en las ciudades donde los árboles y su ciclo natural son respetados, las hojas que se desprenden y descansan sobre la superficie del suelo son dejadas en su sitio.

Lo que nosotros vemos como basura, luego inicia un ciclo: estas hojas se pudren en el suelo, son descompuestas por hongos y bacterias, y muchas de las sustancias que permanecen luego de esta descomposición, son absorbidas por la tierra y se convierten en nutrientes para las plantas y la grama, incluyendo semillas por germinar. Estos nutrientes son absorbidos por las raíces de las plantas y ayudan a la producción de nuevas raíces, ramas y hojas.

Un ciclo es circular; es sostenible. Así funciona la naturaleza, a diferencia de nuestro comportamiento lineal que solo nos lleva al deterioro de nuestra propia ciudad y a la sobreproducción de basura.

Si aprendemos a ver el comportamiento de los árboles con otros ojos, podemos llegar a comprender la riqueza que estos pueden aportar a nuestra ciudad. Es un problema de respeto y creo firmemente en que el respeto por la naturaleza y todos los seres vivos es el próximo paso en nuestra evolución como especie.

Si Panamá es admirado por su abundancia de fauna y flora, ¿no es esto un legado por el cual debemos luchar? Es nuestra responsabilidad forjar un Panamá con más hojas y menos basura.

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