hoyporhoy_2014-10-20

Nada parece haberse escapado de la voracidad ni del desparpajo en el manejo de nuestros impuestos. El Ministerio de Desarrollo Social, bajo la administración de Guillermo Ferrufino, fue un desastre.

Él –más preocupado por sus costosos juguetes de cuatro ruedas, por sus lujosas residencias y por el espejismo que creó en torno a su imagen– desvirtuó la labor de esta cartera.

Su objetivo nunca fue acometer la pobreza, sino ensalzar esa alegoría de persona bondadosa que dice ser, preocupado por los necesitados.

Pero lo que en realidad pretendía era escalar para convertirse en un “presidenciable”, y usó el ministerio y sus recursos como trampolín.

Allí están esos comedores populares, creados para solucionar problemas de la niñez. Y en vez de ello, descubrimos que muchos estaban cerrados y otros que recibían insumos que se pudrieron. Incluso, unos carecían de algo elemental en un comedor: estufas para cocinar.

Es una ironía, porque habiendo hecho tantos negocios con suplidores del Programa de Ayuda Nacional (PAN), bien pudo haber conseguido una estufa para quien la necesitaba. Tanto oportunismo e ineptitud es sencillamente aborrecible.

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