RECHAZO UNÁNIME

La intentona de descapitalizar el país: Paulino Romero C.

Luego de la conformación del Frente por la Democracia, compuesto por los partidos de oposición y representantes de todos los estratos sociales del país, logrando activar un movimiento nacional en defensa de la democracia, que obligó al Órgano Ejecutivo a revocar la designación de los tres magistrados de la Sala Quinta de Garantías Constitucionales, dicho “frente” se ha mantenido activo, vigilante y en constante comunicación con la ciudadanía, como guardián de la Constitución, la institucionalidad democrática y la consolidación del Estado panameño; hoy bajo la amenaza latente de un régimen tristemente señalado (dentro y fuera del país), como un peligro para la democracia en Panamá.

Desde que asumió el poder este “régimen de mando personal” fijó su mira, primero, en la concentración de todos los poderes del Estado en la persona del mandador, logrando consumar su despropósito: el control absoluto del Órgano Ejecutivo, la Corte Suprema de Justicia, el Ministerio Público, la Fuerza Pública, la Asamblea Nacional, la Contraloría General de la República y, segundo, en la descapitalización de la Nación panameña, mediante la venta de las acciones de Cable & Wireless y de las generadoras eléctricas, pero, afortunadamente, el acto fue frustrado por el rechazo unánime del pueblo panameño.

No obstante, el régimen persiste insistentemente en su particular empeño de vender (de alguna manera), los terrenos de la Zona Libre de Colón y de Amador, así como también el globo de terreno que ocupaba la antigua sede de la Embajada de Estados Unidos, a pesar de que ya se había anunciado, oficialmente, que se cedería esa parcela para la construcción del nuevo Hospital del Niño.

En el proceso de descapitalización del país, debido principalmente a la codicia y la avaricia incontenibles, también han influido otros factores negativos, tales como el nepotismo, el transfuguismo, el servilismo, el tráfico de influencia, el amiguismo, el miedo de algunos empresarios y políticos y la indiferencia de muchos ciudadanos y ciudadanas.

El fenómeno de la creciente descapitalización nacional se visualiza fácilmente por el interés manifiesto del régimen de querer vender e hipotecar todos los recursos naturales, ahorros y propiedades del Estado, con la supuesta justificación de resolver el déficit presupuestario estimado en 400 millones de balboas, y adelantar algunos megaproyectos en construcción con los que se pretende obnubilar la conciencia del pueblo, sumado a las dádivas y regalías (paliativos sociales), como las mochilas escolares, la donación de computadoras a estudiantes del nivel medio, la Beca Universal, el Ángel Guardián, las ferias agropecuarias y de la canasta básica, etc., que bien pudieran ser verdaderamente beneficiosas si se hubiera planificado debidamente, previo un serio estudio sociológico y científico; pero, infortunadamente, no son más que el producto de la improvisación y la politiquería características que definen sin más el régimen actual.

Paralelamente a la acelerada depredación de los activos del país, avanza otro tipo peor de desvalorización del patrimonio nacional: la descapitalización humana que, durante estos últimos años, progresa a través de varias vertientes. La pérdida, falta y deterioro de conocimientos humanistas y científico-técnicos es una de ellas, y otra más generalizada y perversa, peor de resolver en el futuro, es la erosión de los valores espirituales, comprendidos los relacionados con conceptos éticos, morales y cívicos, que si bien son difíciles de medir en términos económicos, no dejan de tener una enorme importancia y de peso en el desarrollo general del país.

En este deplorable escenario ha surgido una nueva moral que lo permite todo, con lo cual la población necesitada trata de justificar cualquier violación de la ética más elemental para poder sobrevivir en este estado de rusticidad en que “el régimen de mando personal” está convirtiendo a Panamá. Las características de las nuevas normas de conducta se basan en la doble moral, la mentira, la simulación, el robo y la estafa.

Un capítulo ominoso en esta deriva hacia la degradación lo ha protagonizado un sector de comunicadores, empresarios, diputados, funcionarios, políticos, abogados y otros que, a cambio de privilegios y de que se les permita enriquecerse, aún hoy, ante la gravedad del momento, se mantienen ciegos, sordos y mudos, o lo que es peor, indiferentes; en una actitud antipatriótica, sin que les importe el sufrimiento de nuestra gente (de la ciudad y del campo) que vive sin agua potable, comida, medicinas ni atención médica; sin transporte público eficiente, viviendas decorosas, escuelas dignas ni educación de calidad, y, sobre todo, en medio del acelerado derrumbe de las instituciones nacionales.

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