ANARQUÍA EN EL TRÁNSITO

Sin ley ni orden: Ricardo Alemán

Recuerdo de niño, cuando en Panamá aún no había llegado la televisión, que las novelas escuchadas en la radio eran muy populares. En una de esas radionovelas se anunciaba algo así como: “En un país donde no hay ley ni orden, Tanwari es la ley y la justicia”. El personaje, Tanwari, era una especie de Tarzán, guardián de la selva.

En nuestro país, ante la ausencia manifiesta de la Autoridad de Tránsito y de la Policía de Tránsito, pareciera que vivimos en una selva, donde impera la ley de “lo que me da la gana”. Las señales de tránsito y los semáforos se interpretan en forma contraria. Si existe un letrero de no estacionarse, quiere decir que sí se pueden estacionar; si aparece la luz amarilla y hasta la roja, implica que hay que acelerar y pasarla lo más rápido posible; si es prohibido estacionarse sobre las líneas de cruce de los peatones, eso nada importa; si se han instalado varas o bolas plásticas para impedir el cruce de vías, ni modo, pasemos encima de ellas, aunque se destruyan.

Los conductores de los renovados diablos rojos, verdes o amarillos siguen haciendo de las suyas, con el apoyo de sus famosos pavos. Vemos por televisión cómo estos señores, cual dueños de las carreteras y autopistas, rebasan de vía en vía, detienen el bus donde les dé la reverenda gana, y hacen caso omiso a las garitas en los corredores; es mejor bajarse y moverlas manualmente o rebasarlas y destruirlas, y así evitar el pago del peaje.

Los señores de Mi Bus, antes conductores de los diablos rojos, ahora que devengan un salario mensual, declarados en planilla del Seguro Social, percibiendo el pago de horas extraordinarias y que no están sometidos a la cantidad de pasajeros que lleven por ruta para determinar su remuneración, siguen conduciendo como iniciaron, pasándose de la vía de la izquierda, al centro y a la derecha, para procurar llegar a la parada más próxima, obstaculizando el tránsito de los demás vehículos.

Si bien es cierto que anualmente miles de autos se incorporan a la flota vehicular existente en una ciudad colapsada y que no hay suficientes plazas de estacionamiento, tampoco es válido que los conductores paren sus carros en doble o triple fila, encima de las aceras, o que, sencillamente, se estacionen donde les dé la gana, sin importar la afectación a los demás conductores y peatones. Un ejemplo de lo aquí expresado lo vemos a diario cerca donde trabajo en la avenida Aquilino De la Guardia y calles aledañas, algunas veces ante la mirada de poco me importa de alguna autoridad de tránsito, aunque en la mayoría de los casos frente a la ausencia total de la autoridad.

Ya es hora de que la Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre (ATTT) y la Policía Nacional hagan cumplir el reglamento de tránsito. Es necesario que se impongan severas multas económicas a los conductores que infringen a diario las normas vigentes y, de igual importancia, que de una vez por todas, sea concesionada o no, inicien con la utilización de los servicios de grúas para llevarse a los carros estacionados en zonas prohibidas, en doble fila o sobre líneas de seguridad, peatonal o las aceras.

Pero no solamente lo antes indicado es preocupante en nuestra ciudad. El “juega vivo” continúa a diario en los corredores y en la vía Interamericana. Cada vez más algunos conductores insisten en transitar por los hombros de las carreteras, produciendo mayores tranques de los existentes y poniendo en riesgo a quienes sí cumplen en debida forma con las normas de tránsito, ante la inexistencia de la autoridad que, aun sabiendo que esto ocurre, nada hace para impedirlo. Es más, ni siquiera pudieron mantener los “resaltos” que colocaron sobre los hombros de la autopista Arraiján-La Chorrera, pues quienes violentan las disposiciones legales se “quejaron” de que sus vehículos sufrirían daños mecánicos. Y qué decir de los conductores que traspasan las isletas que separan las vías en la avenida Balboa. Realmente, es vergonzoso el poco interés de la autoridad.

En otros países que se han atrevido hacer valer la ley y normas de tránsito, la situación ha cambiado positivamente de manera dramática.

Creemos y propugnamos, por vivir en un país donde impere el derecho, donde se respete al ciudadano y donde la autoridad haga cumplir la ley. La ausencia de cualesquiera de estos principios fundamentales nos lleva a vivir “en un país donde no hay ni ley ni orden”.

Entonces, nos veremos obligados a llamar a Tanwari para que nos auxilie.

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