GOBIERNO

Cuando el liderazgo no se percibe: Ramón A. Mendoza C.

¿Qué es el liderazgo? Sobre este tema se han escrito miles de libros, se dictan seminarios y conferencias de cómo se logra, se practica, se pierde, etcétera. Algo es cierto: el liderazgo se percibe. El líder se nota, se siente, sin que exista una cualidad específica que lo determine, pues los líderes vienen en toda clase de presentaciones, valga la analogía.

Es normal y necesario que los países y Gobiernos tengan líderes; personas que por designación, méritos y en algunos casos por gracia natural ejercen un rol de dirección y control que influye en sus seguidores, a veces, por el camino incorrecto. Hoy, en Panamá no se percibe el liderazgo gubernamental. Y este fenómeno es una percepción generalizada. No es producto de los medios ni de una campaña de oposición ni de enemigos solapados. Nace del propio quehacer gubernamental frente al manojo de problemas nacionales.

Esta aseveración parece una contradicción cuando el presidente, Juan Carlos Varela, es calificado como el segundo mandatario de mayor aceptación en Latinoamérica. Pero una cosa es popularidad y otra es liderazgo, lo segundo comprende al primero, pero no necesariamente la popularidad representa liderazgo.

La aceptación se puede lograr con medidas populistas que no apuntalan el devenir del Estado, sino la supervivencia del gobierno. Por tal razón, medidas populistas como las becas universales, 100 a los 70, Ángel Guardián y otros tantos programas e improvisaciones consumen presupuesto, pero no consolidan desarrollo.

Son medidas eficaces para sostener gobiernos. El populismo rinde frutos ante ese gran sector de la población que vive sumergida en la pobreza material y educativa, anémica de valores y que subiste al margen de la riqueza nacional. Estas condiciones les impiden entender que tales medidas son condicionantes a la dependencia y limitan la posibilidad de un desarrollo sostenible. Es por ello que cada periodo electoral, figuras políticas cuestionables son reelegidas una y otra vez. El populismo cabalga perfectamente en los lomos de la ignorancia.

Con un sistema educativo colapsado, el premio del subdesarrollo está garantizado. Esta situación requiere de un liderazgo que acepte los riesgos y consecuencias de enfrentar a gremios enquistados en sus propios intereses y de una vez por todas enrumbar al país hacia los horizontes del desarrollo. Pero ello implica el ejercicio de un talante de liderazgo que está ausente.

Estamos frente a un gobierno carente de políticas de Estado, que se cuece en sus propias contradicciones, que divaga sin rumbo cierto, desarrollando una política administrativa destinada a soluciones coyunturales, donde las actuaciones de sus personeros exudan una perceptible incapacidad, situación comprobable ante la baja ejecución presupuestaria de ministerios como Educación, Desarrollo Agropecuario, Vivienda y Seguridad Pública.

La principal consecuencia es el acrecentamiento de la brecha entre las mayorías de los que menos tienen y la minoría que casi todo lo tiene. No hay que ser mago para prever un futuro cercano: masas empobrecidas exigiendo calidad de vida, arrastradas por cualquier líder que les venda esperanzas. El liderazgo no es un concurso de popularidad, requiere decisiones y el riesgo de tomarlas. Tómelas, señor Presidente, en beneficio del país.

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