SOCIEDAD

La necesidad de una ley de educación sexual: Iván Lau De León

Cifras alarmantes reflejan un aumento del 66% interanual de embarazos precoces entre niñas y adolescentes al año 2015. Si a ello le incluimos los datos de casos de VIH que Onusida estima en más de seis mil, sin contar los de sida, esto supone un posible contagio para muchos de los pacientes en su etapa de adolescente, lo que arroja más señales de alarma porque la actividad sexual en nuestro país se inicia incluso desde los 10 años de edad. Ahora está en la palestra la necesidad de una ley sobre educación en salud sexual y reproductiva en las escuelas, sin embargo, antes de entrar en materia vale rescatar lo que otras legislaciones han avanzado al respecto.

En Colombia, desde 1994 se incorporó el tema, mediante la Ley 115 y sus modificaciones, que creó la estructura que permite formar en la práctica responsable y autónoma de la sexualidad. De igual forma, en Argentina, la Ley 26,150 de 2006 establece las condiciones técnicas y científicas para la educación sexual. El mismo argumento que siguen 22 de los estados de Estados Unidos y el distrito de Columbia, que tienen como obligatoria la educación sexual en las escuelas. A ellos se les suman 11 estados más que solo imparten educación para prevenir el VIH.

En este punto, quiero hacer un alto para señalar que las legislaciones se enfocan en aspectos técnicos y científicos de la sexualidad, y no con esto infiero el acto sexual, sino todo lo que involucra el respeto por el cuerpo del hombre y la mujer, el entenderlo y aceptarlo.

Lo que quiero compartirle, amigo lector, es que en Panamá con este debate no estamos descubriendo el agua tibia, más bien nos hemos quedado rezagados en un aspecto prioritario que atañe a la salud de la sociedad en general, y a la juventud, en particular.

Segundo, los lineamientos deben procurar que las clases a impartir se hagan con criterio científico y con información certera y actualizada, por lo que la sinergia entre el Ministerio de Salud (Minsa) y el Ministerio de Educación (Meduca) es una condición sine qua non. De igual forma las clases deben ser sobre la sexualidad como un todo, y del acto sexual como un acápite de esta, incluyendo prevención y consecuencias.

A quienes pudieran estar preocupados por el alcance de la ley les comparto que la Constitución Política y el Código de la Familia regulan la materia con leyes que delimitan el espectro por cubrir. Comparto el criterio de que la educación en salud sexual para niños y adolescentes debe ser técnica, científica, asertiva y actualizada; basada en lo que la ley panameña, de forma expresa, considera como pareja.

Pese a lo anterior, la propuesta de una ley en educación sexual tiene detractores entre los padres de familia, así como entre líderes religiosos, que sustentan su inquietud en el derecho irrenunciable del padre en educar a sus hijos, con los límites que a bien consideren, sumado a que el acto sexual que se enseña en las aulas no habla de amor. Son críticas válidas, pero frente a la realidad inexorable que experimentan nuestros niños y adolescentes, con el bombardeo constante de información, lo que no podamos transmitirle, como adultos responsables, ellos lo buscarán en internet, se lo preguntarán a algún amigo, o peor aun, tratarán de experimentarlo.

Dejo a propósito los valores fuera de este esquema, porque tratar de incluirlos en una clase de educación sexual será como aquel aforismo que dice que la medicina es peor que la enfermedad. Si tratamos de introducir elementos que no sean técnicos y científicos a la educación en las aulas, llenándolos con preceptos que pueden ser subjetivos y, en cierto grado, de morbo, tendremos problemas porque en cada hogar la escala de valores puede ser distinta.

La formación en buenas costumbres y principios es un deber irrenunciable que se debe mantener en el núcleo familiar. No tercericemos el privilegio de educar a nuestros hijos en valores, a la vez que ellos se educan (según su grado de madurez) con profesores idóneos, de forma responsable, científica, programada y actualizada, para que conozcan los pormenores de la sexualidad, la vean como algo natural y sano, y aprendan a prevenir las enfermedades y los embarazos no deseados.

Frente a las estadísticas, no hay peor ciego que el que no quiere ver. ¡Es tiempo de contar con una ley de educación sexual que coadyuve en la formación de nuestros hijos!

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