ENDEUDAMIENTO MILLONARIO

El ocaso de la autocracia: Domingo M. González

La confabulación entre el dictador, la institución castrense y una civil servidumbre, integrada para someter y malversar en común provecho, fue la experiencia que nos dejó la defenestrada dictadura. Sin embargo, para una inmensa multitud de indolentes, pareciera inútil la exhortación de Jorge Santayana: “Aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo”.

El dictador cuenta con la obediencia debida de sus tropas, el autócrata la subordina a través de dádivas; en democracia, esta, se debe a la Constitución y las leyes. ¿Dónde, cree usted, radica la obediencia debida de la restablecida soldadesca de la dictadura? En el primer gabinete del Gobierno, en julio de 2009, en Las Garzas de Pacora, con determinismo se ajustó en el presupuesto una partida de $30 millones, reservada a la policía, para compartir aumentos entre comisionados ($1,000), subcomisionados ($650), mayores ($400), capitanes ($350), y agentes hasta tenientes ($100). Perversa actitud que a la fecha se tornó repetitiva, al punto de retrotraer, recubrir y ensoberbecer la ralea que, el 20 de diciembre de 1989, no justificó ni honró el gasto público que representaba para el Estado.

En lo sucesivo, el solapado dominio de la Contraloría General de la República, la Corte Suprema de Justicia, la Procuraduría y Fiscalía Electoral se hizo evidente. Diputados, alcaldes y representantes tránsfugas, alcanzados por el tentador mal, completaron la servidumbre civil necesaria para repetir en autocracia, el intolerable desafuero y endeudamiento sufrido en dictadura.

Tal vez, lo más vergonzoso de la autocracia ha sido la forma de utilizar las dádivas como forma de participar en la corrupción a gran parte de la población. La miseria económica que estos padecen, les impide advertir que las dádivas recibidas los hace merecedores a la indigencia moral que acarrean sus abusadores. Desconocer estos hechos tiene en contra las obras de las escuelas, iglesias, hogares, y algunos medios de comunicación. Lo justo es, que frente al ocaso de la autocracia, recordemos el ocaso de la dictadura, y comparemos semejanzas. En esta última, y tras la invasión estadounidense, se conoció en $4 mil 968 millones la deuda contractual heredada a la Nación. Un incremento de 2 mil 305%, considerando que en 1968 la deuda era de $206 millones. Peor que peor, la desbandada en el aludido ocaso, dejó una deuda pública interna no documentada, de $7 mil 259 millones, integrada entre otros, por un sobregiro en el Banco Nacional por $931 millones, $180 millones en vigencias expiradas, obligaciones laborales por $190 millones, obligaciones interinstitucionales por $212 millones y deudas acumuladas con la CSS y Banco Nacional por $990 millones.

Luego que el contralor Chinchorro Carles saneara las finanzas públicas hasta hacer de Panamá nuevamente sujeto de crédito, los subsiguientes gobiernos, respetando la responsabilidad fiscal y el servicio de la deuda, en 19 años de democracia incrementaron la deuda en $4 mil 146 millones, un promedio de $1,036 millones por cada cinco años de gobierno.

No obstante, la deuda que al cierre de noviembre pasado ha endosado a la nación la autocracia gobernante, oscila en $15 mil 936 millones. Un incremento de 48%, considerando que cuando asumió el poder era de $10 mil 800 millones.

Ante estos hechos, cabe preguntar: ¿Aprueba usted que la autocracia en cuatro años haya endeudado y endosado a la nación la suma de $5 mil 134 millones, superando los $4 mil 968 millones que en 21 años nos endosó la dictadura, y los $4 mil 146 millones que en 19 años contrató la democracia post invasión?

Peor aún, la deuda resultante, al consolidar los $$4 mil 511 millones contratados como “llave en mano”, más los $1,000 millones en bonos emitidos por ENA y la posible emisión por más de $200 millones, la igual emisión por $650 millones que debe completar Tocumen, S.A., los $233 millones de Etesa contratados como llave en mano, los $6 mil millones pretendidos para las siguientes etapas del capricho–Metro y lo por venir hasta la caída de la autocracia, sin duda alguna podemos suponer, superará los $7 mil 259 millones que como deuda no documentada, endosó a la nación la dictadura. Irónicamente, este endeudamiento que puede alcanzar y/o superar $20 mil millones, es lo que con peculiar petulancia y desparpajo, grita la autocracia: “Más en 4 que en 40”.

¿Siente usted que fueron satisfechas las necesidades primarias de la nación: salud, alimentación, educación, vivienda, transporte y seguridad con este descomunal endeudamiento? ¿Lo satisface las obras suntuarias y superfluas con los consabidos sobrecostos, que favorecieron el enriquecimiento de empresas transnacionales e intereses económicos? ¿Aplaude que se den concesiones al capital privado y se les garantice sus ingresos con subsidio estatales? Si es así, esta historia continuará.

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