PUNTO DE VISTA

Lo que ocurre...: Enrique Jaramillo Levi

Difícilmente encontraríamos hoy en día un panameño sincero que no piense que en el Panamá de hoy la corrupción no solo se solapa o se blinda de mil maneras, sutiles unas, desvergonzadas otras, sino que cabalga impune hasta que alguien la descubre y delata, se forma el escándalo y, finalmente, no ocurre nada.

Ya no parecen ser casos aislados los de algunos miembros de la clase política que, arraigados o neófitos, dan muestras de un enorme cinismo y desvergüenza, negociados estos en los que no pocas veces ciertas empresas –léase empresarios– gozan también de enclaves encubiertos.

Y no se trata, por supuesto, de algo nuevo. Lo novedoso es la manera en que, cada vez más, se tuercen leyes y noticias de lo actuado para favorecer el enriquecimiento indebido. Pero en los últimos años nuestra sociedad ha sido intervenida por una creciente, pero sinuosa plaga de proporciones bíblicas que, aunque sus efectos ya son evidentes, hoy infecta de manera más profunda –aunque escurridiza– el ya maltrecho tejido social. Esto, por supuesto, hace más difícil la auscultación ciudadana. Sobre todo si tales maniobras se realizan, tras bastidores, con la omnipotente complicidad del poder.

Lo más reciente, a tres largos años de las próximas elecciones nacionales, es la intención descarada de ciertos diputados de tergiversar, cuando no de tratar de hacer polvo, criterios legalmente sustentados del Tribunal Electoral en cuanto a diversos aspectos de las reformas electorales planteadas. Y esto, con clarísimos fines políticos aviesos que no es posible que la ciudadanía, de la que depende el voto popular, tolere. Pero está visto que una y otra vez se insiste en torcer la voluntad del pueblo.

Cuando el descaro no surge como franca imposición, tal pareciera que los políticos no dan paso sin cálculo de doble intención que los favorezca como individuos o como miembros de un partido, en detrimento de la institucionalidad y, por extensión, de la democracia. Así, negociados de diversa índole y calaña florecen por doquier, mientras que cada día salta a la palestra un nuevo enfrentamiento entre personas o partidos, una nueva insensatez que pone al país en peligroso sobresalto.

Cualquier persona pensante se da cuenta de que estamos en un momento en el que lo vilmente crematístico tiene, necesariamente, un peso inmenso por encima de los problemas básicos, y suele ser resultado de propuestas que se traman al margen de las leyes vigentes, o bien con el beneplácito de leyes que deliberadamente fueron creadas para, con su anuencia, poder cometer desfalcos disimulados con los fondos públicos. Así las cosas, si la situación no es así todo el tiempo, a la gente empieza a parecérselo. La desconfianza es enorme, y la palabra no cumplida en nada ayuda.

No es suficiente el progreso económico como resultado de cuantiosas inversiones, el auge en las construcciones y el turismo. Hay cientos de problemas que atender en salud, educación, alto costo de la vida y seguridad, entre otros muchos. Y sin duda hay valores, una conciencia ciudadana. Un sentido muy claro de la inexistencia de una justicia bien llevada, esa que no se le hace a quienes no se pliegan; o a los que, oscuramente anónimos, solo son tratados como masa informe. La gente pensante, la que razonada o intuitivamente siente que este país podría terminar siendo solo una caricatura de democracia, empieza a reaccionar.

Si las cosas siguen así, de la creciente inconformidad ciudadana surgirá también, tarde o temprano, en Panamá –como está ocurriendo de diversas formas en otros países– un movimiento heterogéneo pero autosolidario y pujante de “indignados”.

Término este que, en el contexto mundial, no es hoy más que otra manera de llamarle a quienes, inconformes con un estado de cosas injusto, deprimente e intolerable, que al acelerarse tuerce el buen rumbo social mediante contradicciones económicas, sociales, políticas y culturales que tienden a exacerbarse, deciden empezar a manifestarse colectivamente para, soberanos, poner un hasta aquí. Para bien o para mal, nada es eterno.

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.

Por si te lo perdiste

Traspasan acciones a una fundación EU suspende restricciones a los diarios La Estrella y El Siglo

Eduardo Quirós, presidente del grupo GESE, (centro) fue el encargado de hacer el anuncio al personal de los periódicos la Estrella de Panamá y El Siglo.
LA PRENSA/Luis García

EL SERVICIO PÚBLICO DE ELECTRICIDAD Las secuelas de los apagones en Panamá

Las secuelas de los apagones
LA PRENSA/Gabriel Rodríguez

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Directorio de Comercios

Loteria nacional

22 Oct 2017

Primer premio

1 8 5 8

BDAC

Serie: 14 Folio: 15

2o premio

1668

3er premio

1396

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código