109 ANIVERSARIO DE LA REPÚBLICA

El panorama de la cultura nacional: Paulino Romero C.

Nuestro propósito, en este CIX aniversario de la República, consiste en dar otra dimensión de nuestra situación cultural centenaria. No obstante los esfuerzos de varias generaciones panameñas, los más de 100 años de autonomía política (1903-2012) no han sido suficientes para formar conciencia nacional, cultura de base y solidaridad de patriotismo. Continuamos viviendo al margen de nuestros propios destinos. El panorama de la cultura nacional adquiere matices diversos según sea el ángulo desde donde se le observe.

Para el hombre de negocios (“comerciante”), intuitivo y en términos generales carente de visión analítica, el termómetro de la cultura lo dan los índices de los valores bursátiles; para el político impermeable a todo sentido filosófico, la cultura reflejará únicamente el maquiavélico cálculo de las posibilidades de dominio, será el “demus” mensurable en proporción de su plasticidad electiva; el intelectual y el artista respirarán el ámbito de la cultura en función de estímulo para su propia creación; el filósofo la mirará como la inferencia de círculos conceptuales en el amplio devenir universal; el médico la valorará en conexión con la presencia de las endemias y las epidemias dominantes; el moralista, en relación con su mayor o menor distanciamiento de los valores éticos absolutos y el sociólogo la resolverá en una síntesis entre factores étnicos, geográficos y económicos y la acción autónoma del grupo humano.

Cualquiera que sea el ángulo de contemplación, existirá un hecho en que todos ellos han de converger necesariamente. No todos los pueblos exhiben en la hora actual el mismo grado de cultura; un pueblo no presenta el mismo nivel de progreso a través de las diversas etapas de su historia (109 años de independencia política es el mejor testimonio a la vista e investigación del panameño de hoy). Y no habría para qué entrar en largas disertaciones sobre el problema del entendimiento y el contenido de la cultura, pues sobre ello, si no existe una definición precisa, sí hay una tácita aceptación de su significado.

Por ejemplo, si para Kant y para Fichte la esencia de la cultura es la libertad y para Eucken ella significa todo lo que eleva al hombre por encima del nivel de la naturaleza bruta, y si para la generalidad de los filósofos y sociólogos, cultura hace referencia a algo más que al simple progreso material y técnico para englobar todas las manifestaciones de la mente libre del hombre, quiere ello decir que el grado de cultura de un pueblo debe medirse en relación con el grado de distanciamiento de su naturaleza elemental. Ser culto es ser libre, es decir, entrar en posesión de las propias facultades mentales. La barbarie es la servidumbre subjetiva, porque ella constituye la dictadura de los instintos primarios; es el imperio de la bestia sobre la naturaleza racional del hombre.

Es más, no todos los pueblos libres son pueblos cultos, o más propiamente hablando, no basta el hecho jurídico de la emancipación política para que se opere el hecho más profundo de la liberación mental. La emancipación política produce subfenómenos que operan en la epidermis del organismo social, pero que puede dejar intactos los tejidos centrales de este. Así, por ejemplo, la emancipación política puede traer como consecuencia el ejercicio del voto ciudadano sin que produzca la ilustración del criterio para ejercer conscientemente tal derecho.

La experiencia política vivida en Panamá, por más de una centuria de vida independiente, nos demuestra que, luego de la adquisición de la autonomía política, es necesario el servicio de educación popular en vista de la necesaria preparación social y cívica para asumir las responsabilidades de la vida ciudadana. Algo semejante al hecho de la habilitación de edad para los adolescentes; ella produce la capacitación para ejercer válidamente determinados actos jurídicos, pero no siempre la madurez mental para pensar y obrar como adultos.

Panamá, nuestro querido país, en donde la democracia pareciera haber hallado, pasada la época del caudillismo y la dictadura, aparentemente, una base más sólida y persistente, no puede todavía mirar con absoluta tranquilidad su futuro político. Infortunadamente, el actual “régimen de mando personal” dilapidador que nos desgobierna, confirma aquello de que, sobre un mismo territorio, en espacio de una estrecha superficie, coexisten aún dos pueblos, dos núcleos humanos, ligados por los vínculos de idéntica nacionalidad pero económica y psicológicamente distanciados.

¡Todavía hoy (3/11/2012), “Día de la Patria”, con 109 años de vida como Nación independiente, seguimos siendo, lamentablemente, dos pueblos, dos humanidades diversas!

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