MATRIMONIO GAY

Una cuestión de perspectiva: Juan Carlos Rivera Mendieta

La sociedad suele desarrollar fobias y crear tabúes en torno a ciertos temas sin ni siquiera tomarse la molestia de evaluarlos desde una perspectiva abierta y crítica. Tal es el caso del repudio que muchos han expresado hacia la legalización del matrimonio entre personas del mismo género en Estados Unidos de América.

Hago constar que mi opinión a favor de esta iniciativa no responde a ningún conflicto de intereses relacionado con mi inclinación sexual, sino a la solidaridad humana. Soy plenamente heterosexual pero partidario de la libertad de género, siempre y cuando esta se lleve dentro del marco del respeto hacia los demás. Cada persona debe tener la potestad de vivir su vida como mejor le plazca y la responsabilidad de no perjudicar a los demás en el intento. No obstante, existen quienes se sienten con derecho no solo a juzgar sino a satanizar a aquellos que no se ajustan a los modelos socialmente aceptados hasta ahora.

Desde hace ya bastante tiempo, he sido testigo de multiplicidad de críticas e incluso condenas hacia el matrimonio entre parejas homosexuales por parte de quienes lo consideran un atentado en contra de la moralidad y de la propia seguridad pública. Esta actitud obedece a muchos móviles que van desde la percepción particular que cada quien tiene el derecho a tener hasta la homofobia. Es bien sabido que esta última es un síntoma propio de la homosexualidad reprimida u oculta, es decir, la envidia hacia aquellos que poseen la valentía de “salirse del clóset” y vivir su vida con sinceridad y a plenitud.

Por otro lado, creo que la sociedad es en gran medida hipócrita al concentrar su atención en un tema que es al final de cuentas insignificante en comparación con otros verdaderamente perjuiciosos y hasta ahora muy desatendidos, tales como la violencia de género, el tráfico de seres humanos y sobre todo la pedofilia, etcétera. ¿Será que estamos tratando de distraer nuestra atención para eludir responsabilidades? En esta misma línea, se le ha dado una relevancia singularmente exagerada a la terminología utilizada para referirse a esta nueva forma de relación conyugal que muchos objetan sin ni siquiera darle la oportunidad de ser puesta a prueba. Al fin y al cabo, ¿qué diferencia hace el utilizar otro término si, en esencia, el concepto es el mismo?

Es curioso que toda esta polémica se esté dando aun cuando la ciencia ya ha contundentemente demostrado que la homosexualidad es algo congénito y no aprendido. Para los todavía escépticos al respecto, les recomiendo que se informen acerca de los efectos que el suministro bajo o tardío de testosterona tiene sobre el feto durante su desarrollo. Consecuentemente, es absurdo e incivilizado el seguir satanizándola como se hizo en la Edad Media con la epilepsia, la zurdera (dominancia de la mano izquierda alguna vez llamada siniestra), el pensamiento crítico, el espíritu investigativo y otras tantas condiciones circunstancialmente “peligrosas” e indeseables que sirvieron de causal para condenar a miles de inocentes a la horca, la hoguera, la lapidación y otras abominables formas de castigo encaminados a “liberar” sus desafortunadas almas de la “posesión demoniaca” que los aquejaba. Coincidencialmente, son los mismos “jueces” y “ejecutores” los que hoy día tiran la primera piedra y dirigen una aguerrida cruzada en contra de la homosexualidad, sin ningún tipo de reparo en el hecho de que entre sus filas milita un alto número de homosexuales que llevan una doble vida o quizás ni una sola por estar fingiendo lo que no son. Bien lo dice el viejo refrán: “Roma paga a sus traidores, pero los desprecia”. Por ende, considero que es lógico, responsable y humano permitir que los llamados gais se integren a la sociedad sin ningún tipo de prejuicio en su contra. Después de todo, sus preferencias sexuales no pueden ser de ninguna manera tipificadas como un acto criminal, mientras que otros, a pesar de serlo, son socialmente desestimados, encubiertos, aceptados e inclusive apadrinados.

La historia da fe de que toda represión genera rebeldía. Gran parte del desenfreno y el exhibicionismo de algunos homosexuales bien podría ser una forma de protesta en respuesta al rechazo que reciben de la sociedad. Es hora de definir prioridades y darle importancia a lo que de verdad lo tiene. Si el matrimonio entre personas del mismo género hace feliz a los involucrados y no le hace daño a nadie, no entiendo por qué es un motivo de incomodidad para tantos. Vivan y dejen vivir.

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