EL MALCONTENTO

El espejismo Varela: Paco Gómez Nadal

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El espejismo Varela: Paco Gómez Nadal

Es razonable. El país, agotado por cinco años de reinado ególatra y disparatado de Ricardo Martinelli, necesitaba un respiro. Es el mal menor, el olvido a cambio del oxígeno, el voto útil en un mercado electoral sin opciones, el apoyo a la clase dirigente tradicional de Panamá para ver si ponían orden en un corralito político que apestaba de tanto tránsfuga y tanta corrupción cotidiana.

Y así fue. Llegó a la presidencia el que fuera vicepresidente de Martinelli y, con él, llegó también la clase empresarial tradicional, los grandes grupos económicos de apellidos conocidos, el orden (re) establecido. Aún así, también llegó la esperanza. Que eso es lo último que se pierde, especialmente en un electorado optimista y pragmático como el de Panamá.

La esperanza le apostaba a un reajuste en la maltrecha institucionalidad del país, soñaba con una Contraloría independiente y profesional y, en especial, con una Procuraduría incisiva que defendiera los intereses generales antes que servir de tapón a los procesos que amenazaban lo privado.

Primer asalto perdido. No creo que esté en discusión si Federico Humbert Arias (en estos casos es bueno poner todos los apellidos) es óptimo o no para ejercer como contralor. Al menos, ese no es mi punto. Sino el cómo llega a ese puesto y en el porqué.

En el cómo, volvemos a asistir al pacto entre las élites políticas y las económicas. A espaldas de la población, de perfil a las instituciones, cumpliendo la legalidad pero de manera poco legítima. En la democracia, las formas son tan o más importantes que el fondo y en Panamá sigue sin escenificarse la democracia. En el porqué tampoco cabe ingenuidad. Humbert Arias ha trabajado para los gobiernos de diversas siglas e intuyo que no solo por su magnífico currículum, sino que debe pesar de forma significativa sus apellidos, relaciones y poder económico.

Ya caímos una vez en el error de pensar que cuando un millonario llega al poder (Martinelli) no va a querer robar. Ahora podemos pensar de forma negligente que un miembro de la clase más poderosa del país va a desear controlar con probidad los asuntos públicos.

El país de los cien primos (Manduley dixit) nunca ha dejado de controlar el país, ahora se hace más evidente. Los espacios para la otra Panamá son mínimos. Alguna anécdota independiente, como Ana Matilde Gómez, se cuela en el corralito político, pero su margen de acción es mínimo. El presidente Varela, antes vicepresidente Varela, ha dejado contentos a los cabilderos que le apoyaron en campaña y ha convencido al PRD de que le conviene ir de la mano (esos acuerdos nunca le salen gratis a Panamá). Mientras, en el subsuelo electoral, el partido-empresa Cambio Democrático sigue maniobrando y aumentando su poder en el Asamblea Nacional y las investigaciones por corrupción siguen sin aterrizar en el epicentro del desastre: el propio Martinelli. El sistema mafioso impulsado por el expresidente significó manchar a todos los que le rodeaban para así diluir su propia responsabilidad, pero si este gobierno no logra avanzar en la purga tendrá que convivir con el enemigo y, quizá (ese sería el peor escenario), pactar con él para no ser fagocitado.

Es tiempo de imaginación y de alianzas para romper este círculo vicioso que lleva a los panameños a depender, de forma alternativa, de los 100 primos y de la mafia. Es tiempo de trabajar en una propuesta diferente porque, si no es así, puede ocurrir que los dos sistemas de castas terminen buscando la convergencia. El excriminal Louis Ferrante escribió un libro sugerente –Aprenda de la Mafia– para explicar cómo triunfar en el mundo empresarial y en el político imitando las técnicas mafiosas, aunque en realidad lo que explica es que, cuando se le quita el maquillaje, lo uno es casi igual a lo otro. Es decir, aplica la máxima de que la mafia es la máxima expresión ilegal del capitalismo y el capitalismo es la máxima expresión legal de la mafia. La “lección” puede entrar con sangre en Panamá porque todo lo que está aconteciendo en la esfera de lo público está terriblemente contaminado en el subsuelo por el incremento brutal del narcotráfico y del crimen organizado. Si la democracia no se robustece, en forma y fondo, la acracia del dinero será la única consigna. Ojalá no se repita el espectáculo del pactismo en la elección del nuevo procurador. No hay margen para más dislates.

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