REPRESENTACIÓN

Un problema de élites mercenarias: Lisímaco López y López

“No es izquierda o derecha, la gente va contra las élites”, Marta Lagos, en El Latinobarómetro. Si bien la tesis de Marta Lagos es aceptada, el problema panameño es de élites mercenarias. Estas siempre han alquilado su intelecto al servicio del mejor postor.

A lo largo de la historia, las luchas políticas se han librado entre las élites, por ejemplo, la independencia de las 13 colonias, la Revolución francesa, las independencias de los países suramericanos, la comuna de París y la revolución bolchevique, entre otras.

En Panamá, como ejemplo de esto tenemos: la secesión de la Gran Colombia (1830 y 1840), el Estado Federal, la Guerra de los Mil Días, la separación del 3 de noviembre de 1903, el movimiento Acción Comunal del 2 de enero de 1931, la presidencia de Arnulfo Arias en 1940, la oposición al convenio de bases Filós-Hines en 1947, el deceso de Domingo Díaz y la posterior lucha de los liberales por la cuota de carne vacuna en 1949, el regreso de Arnulfo Arias a la presidencia hasta su destitución en 1951, el 9 de enero de 1964, el golpe de Estado de 1968, y la invasión de 1989.

El 9 de enero de 1964, que marcó nuestro actual destino, es la demostración más clara de la lucha entre nuestras élites. Pero, Nino Chiari, que era parte de esas élites, abrió el camino al nuevo entendimiento y sus decisiones tuvieron que ser aceptadas y, por ello, marcó otra etapa.

Los tratados canaleros de 1977 constituyeron otro momento histórico para las élites mercenarias que, tras la invasión de 1989, han revivido y pretenden adueñarse del país y, por ende, del Canal. El mejor ejemplo es el nombramiento de gente (en la junta directiva de la Autoridad del Canal de Panamá) que nunca se sintió panameña y para la que, por lo tanto, la conquista del Canal era una utopía de los “comunistas”.

Esa gente que menospreciaba la lucha con la frase: “de la soberanía no se come”, y que acogía campañas para desprestigiar la gloriosa jornada del 9 de enero de 1964, aseverando que muchos de los mártires eran “maleantes”, ahora asalta las posiciones por las que nunca lucharon, todos (como intelectuales mercenarios a sueldo), buscan apoderarse de las mieles dulces del Canal.

Por esto, suscribo la opinión de Filemón Medina, secretario general del Sindicato de Periodistas de Panamá, quien pidió reconsiderar la designación y nombrar a un trabajador o a un sindicalista, porque “quienes dieron su vida para que Panamá fuera soberana en esa franja de tierra no fueron los políticos, ni los amigos de los gobiernos oligarcas, fue el pueblo panameño, la juventud estudiosa y nacionalista, los trabajadores, y hoy ninguno tiene una silla en la junta directiva de la Autoridad del Canal”.

Las luchas del pueblo panameño tienen que reenfocarse contra esas élites mercenarias.

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