NUEVO GOBIERNO

La rebelión de los decentes: Jorge Gamboa Arosemena

Hay una tesis errada, según la cual para ganar la Presidencia de la República se debe tener una alianza. Esto es cierto dentro del tradicionalismo politiquero, ese del clientelismo y la campaña de chequeras. Los que así se manejan creen que debe irse en alianzas, esas que reparten la administración pública como si el Estado fuera un pastel. Dos ministerios para el partido A, tres para el B y para el que puso más plata y compró más votos, lo demás. Igual pasa en las instituciones descentralizadas, a cada quien según su “contribución”. Y como la cosa es repartiendo, a los adinerados que financian, sin topes ni transparencia, les retribuyen con contratos con sobreprecios.

Panamá, después de haber experimentado ese tradicionalismo politiquero, de antes y después de la dictadura, debe tener claro que usar los mismos métodos nos llevará a tener iguales resultados. Esos son los resultados que hoy vemos con un gobierno de negociados, que no respeta ni vida ni moral ni ley.

Pero ¿qué debe propiciar un ciudadano honesto?, ese que sabe que su movilidad social o que el aumento de sus bienes debe descansar en el trabajo tesonero y organizado. Desde nuestra óptica, los ciudadanos –moldeados en valores– no pueden seguir dejando que elementos de la peor ralea sigan pelechando de la administración pública y enredando la vida de toda la sociedad.

Hay ciudadanos decentes en todos los partidos políticos que no logran hacerse de la dirección de estos, porque repudian el clientelismo. Decentes también hay en las organizaciones de la sociedad civil y otros son independientes. Todos tienen valores y objetivos similares dentro de la moral y buenas costumbres, pero no se activan decididamente para la toma del poder político.

Volviendo al tema de aliarse o no aliarse para ganar elecciones, decía que es una situación relativa. Si el objetivo es llegar para pelechar, usará todo tipo de triquiñuelas. Si el objetivo es servir, se asociará con iguales que deben concluir que solo los decentes harán proyectos por el bien común. Este es el camino de reivindicación de la sociedad.

Los decentes, esos que no buscan el cargo público para beneficio propio, deben hacer una alianza que aproveche la coyuntura electoral de 2014 para llevar un programa, cuyo eje principal sea cambiar las estructuras del Estado, vía asamblea constituyente.

En ocasión anterior, propuse una lista de 100 ciudadanos para conformar una alternativa y que se comprometan una buena parte de ellos a darnos esa nueva República. No podemos seguir esperando que los hasta ahora precandidatos tradicionales de partidos resuelvan algo, porque todos han tenido ejecutorias contrarias al bien común, ya que han sido parte de gobiernos antipopulares y no han tenido la entereza de romper con sus acciones politiqueras, como usar notarías y consulados para coimear, o que mientras estuvieron en gobiernos justificaban todo y cuando los sacan o pierden elecciones, lo que hicieron desde el poder, ahora como oposición es malo.

Sí, necesitamos alianzas, pero con el pueblo sufrido; ese de trabajadores, campesinos, indígenas, profesionales o empresarios que ven cómo sus oportunidades se desvanecen, porque los que detentan el poder político lo usan sectariamente. Mientras no maduremos y conformemos una alianza de este tipo, los politiqueros de siempre serán nuestros permanentes verdugos. Esa es la paradoja cada cinco años, porque como “yo no soy político” se vota por los que serán nuestros verdugos.

Si no hay quien haga la tarea, usted tendrá que hacerla. Panamá está sumida en una crisis y, si se sigue esperando que alguien actúe dentro de los parámetros ya esbozados y no aparece ese alguien, es a usted al que le toca actuar. Para presidente, para diputado, para alcalde o para representante se debe conformar la “alianza de los decentes” para lograr los cambios.

Panamá lo necesita ahora que Ricardo Martinelli y José Mulino anuncian la creación del IV órgano del Estado, el “órgano Represivo”, al igualar en salarios y consideración a los comisionados de la Fuerza Pública con los ministros y diputados, creyendo que compran guardaespaldas o represores para apuntalar su dictadura, pero tarde o temprano, porque el poder es adictivo, podrán asaltar directamente el poder estatal. En Frank Ábrego y Belsio González están los nuevos Boris y Omar. Urge salvarlos y, principalmente, salvarnos, con la rebelión de los decentes...

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