CAPITAL HUMANO

Nuestro reto: Jorge A. Motta

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Nuestro reto: Jorge A. Motta

Panamá nació en medio de una explosión local de innovación en los campos de ingeniería y medicina asociada a la construcción del Canal. Desafortunadamente, pocos panameños participaron, como líderes, en el desarrollo de nuevos conocimientos científicos y tecnologías durante ese momento histórico. Después, durante varias generaciones, la ciencia, tecnología y la innovación estuvieron limitadas por la falta de capital humano e instituciones que las estimularan y las hicieran crecer.

A pesar de estos antecedentes, en los últimos 14 años el promedio anual del crecimiento económico de Panamá ha sido cercano al 7%. Este singular crecimiento fue impulsado, en buena medida, por la inversión en capital físico para la ampliación y modernización de infraestructuras.

Para seguir impulsando el desarrollo de nuestra economía y que sea sostenible a largo plazo, se requiere más que capital físico. Se necesita un mayor grado de inversión en capital humano, investigación y desarrollo; implementar buenas y transparentes políticas públicas, y respetar la ley, como base esencial del desarrollo.

Durante las dos últimas décadas, aunque de manera muy limitada, han crecido los recursos que destina el Estado al desarrollo de un sistema nacional de ciencia, tecnología e innovación. Esa inversión tiene como objetivo posicionar al Estado como actor importante de esa iniciativa, lograr mayor participación de la empresa privada y construir un sistema abierto de innovación, en el que las barreras que impiden la colaboración entre los actores sean mínimas y exista una amplia difusión del conocimiento en la sociedad.

Todo esto nos debería conducir a una visión de Estado enfocada en transformar a la sociedad actual en una basada en el conocimiento, con la misión de proveer acceso excelente a la educación, a financiar proyectos de investigación y desarrollo, fortalecer la infraestructura científica, dar estímulos financieros apropiados y abrir oportunidades de trabajo para que nuestros talentos retornen al país.

Hoy día, Panamá tiene algunos sectores como logística y transporte, agricultura, biología y tecnologías de la información que han producido innovación y cuentan con infraestructuras y capacidades humanas con las que podríamos construir una economía competitiva, impulsada por la innovación.

Pero la base es la educación en todos los niveles, como algo indispensable para lograr el capital humano necesario que expanda esa innovación en los sectores mencionados. Nuestra fuerza laboral tendrá que adquirir mayores y mejores conocimientos en ciencia, matemática y nuevas tecnologías que son los atributos necesarios para comprender, analizar y utilizar información que cambia de forma rápida y constante, y convierte el futuro en el pasado.

No tener la capacidad de comprender, analizar y utilizar información es similar a introducir una tarjeta errada en un cajero automático. Ser un analfabeta en estas áreas es una desventaja y profundiza la inequidad. No enfrentar la realidad educativa del país, como bien lo señala Marcelino Cereijido, nos llevará al “cognicidio” y a más injusticia social.

Hemos hecho grandes inversiones en capital físico, pero ahora nos toca invertir más en capital humano para potenciar la rentabilidad de los activos de Panamá. Pero la meta, al final de cuentas, no debe ser impulsar un crecimiento constante y desorganizado, como lo hace una célula cancerosa; debe de ser crecer más por inspiración que por transpiración y lograr un desarrollo nacional sostenible e inclusivo que provea rentabilidad social.

Considero que Panamá se encuentra en un punto de inflexión, en el que la economía podría empezar a desarrollarse por medio de innovación. Para alcanzar esta meta será fundamental, primero tener un mayor y sostenido apoyo financiero del Estado, que actualmente es de menos del 0.2% del producto interno bruto, y convencer a la sociedad de que es esencial –y no opcional– transitar por el camino de la ciencia, tecnología e innovación.

Para nosotros este reto hoy, es como para otros fue el construir una sociedad basada en conocimiento en medio de la devastación producida por las guerras y la pobreza, como en Corea, Finlandia, y Singapur que alcanzaron por esta vía la prosperidad que hoy viven. Parecía un sueño inalcanzable, pero siguiendo una visión clara, con mentes dedicadas, persistencia y presupuesto, lograron esa transformación en menos tiempo de lo que esperaban, hasta los creyentes. Lo mismo podría ocurrir en Panamá.

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