EDUCACIÓN TÉCNICA

Los retos del Inadeh: Juan Planells

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Culminado el proceso para la designación del director general del Inadeh, con el nombramiento de Modaldo Tuñón, se inicia una nueva etapa en la entidad, supuesta –de acuerdo a la ley– a dirigir la formación técnico-profesional en Panamá para satisfacer la demanda de recurso humano con las competencias que requiere el sector productivo.

Desde hace mucho tiempo los administradores de empresa reclaman que no encuentran la mano de obra capacitada que les permita hacer frente a los proyectos que genera el rápido crecimiento económico. El Censo Nacional de Población y Vivienda de 2010 revela que tenemos tres profesionales por cada técnico, pero la proporción sugerida por la demanda laboral debería ser a la inversa, en el orden de 10 técnicos por cada profesional. Esto obliga a la contratación de graduados universitarios para hacer el trabajo de artesanos. Por fortuna, el gobierno planteó durante la campaña electoral la necesidad de fortalecer la formación técnico profesional, y desde su inicio, trabaja en ese objetivo diseñando un ambicioso programa de construcción de centros técnicos superiores, orientados a cubrir el requerimiento de personal en áreas no satisfechas, o que tienen potencial de desarrollo. Para garantizar el éxito del programa, planteo algunas recomendaciones que permitirían resolver el problema de forma integral y sostenible.

En primer lugar, parece un error ubicar estos centros de enseñanza técnica superior dentro de la compleja estructura del Ministerio de Educación (Meduca) en lugar de incluirlos como parte de las responsabilidades del Inadeh, creado para ese propósito según establece su ley orgánica, y para lo que está preparado. El Meduca tiene suficiente trabajo que hacer con la atención a una larga lista de problemas aún no resueltos en su rol tradicional en la formación en los niveles de preescolar, primaria, premedia y media, para añadir nuevas tareas en el campo de institutos técnicos superiores, en los que no ha mostrado competencia de algún valor reconocido. A pesar de los esfuerzos hechos durante la pasada administración, y de los que se empiezan a hacer en esta, el Meduca está lejos de cumplir con las exigencias del mundo moderno en la formación de competencias básicas y genéricas en los jóvenes, como para entrar en el campo de las específicas. La cobertura en preescolar es insuficiente y la deserción en nivel medio es alta, las escuelas tienen problemas de infraestructura, sus laboratorios no están bien equipados, hay serias deficiencias administrativas y aún prevalece el clima de enfrentamiento con los gremios magisteriales, entre otros.

Tampoco nos parece que con la construcción de institutos técnicos aislados del sistema, sin legislación apropiada ni la presencia del sector productivo en su dirección, ni dedicando cifras de inversión que por mucho superan todo el presupuesto de la institución que los debe regir, resolveremos el problema de la educación profesional. Todos los esfuerzos en este campo llevados adelante con éxito por nuestros vecinos –el INA de Costa Rica, el SENA de Colombia y el SENAI de Brasil– los desarrollan instituciones tripartitas, autónomas e independientes, con la participación decidida de empresarios y trabajadores; no están dentro de la estructura burocrática de un ministerio.

No es razonable que mientras al Inadeh, como institución rectora, se le asigne un presupuesto que no llega a $50 millones (ocupa el último lugar entre los institutos de formación profesional de la región, por debajo de Nicaragua y Honduras) se desvíen cifras millonarias para construir centros técnicos fuera de su área de competencia. Esta dispersión de recursos no contribuye a superar los traslapes, vacíos y conflictos que impiden las necesarias sinergias multiplicadoras en el campo de la formación de técnicos.

Por último, lo que quizás debería estar de primero: no comparto la idea de seguir utilizando el Inadeh como una entidad que se presta a trabajar como plataforma de partidos políticos, nombrando en ella funcionarios en pago por favores de campaña, y no por el reconocimiento de sus créditos. Este ha sido el factor clave en la debilidad de una institución que debe ser realmente autónoma y alejada de intereses político-partidistas. El Inadeh, financiado con un impuesto específico, pagado por el sector productivo y manejado por un consejo directivo cuya mayoría la forman empresarios y trabajadores, no debería considerarse una institución del gobierno sino del Estado para la educación.

Confío en que bajo la prudencia y sabiduría del nuevo director, con el apoyo del señor Presidente, corrigiendo los objetivos de enfoque, según los lineamientos de la Alta Comisión de la Política Pública de Empleo en Ocupaciones Técnicas y Profesionales, liderada por el ministro de Trabajo, y con la participación de representantes del sector productivo y el consejo de la Organización Internacional del Trabajo y del Centro Interamericano para el Desarrollo del Conocimiento en la Formación Profesional, se encontrará el mejor camino para ayudar a los jóvenes que tanto lo necesitan.

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