OPCIONES

La ruta hacia una constituyente: Miguel A. Erroz G.

La adopción de un sistema político justo, libre de concentración de poder y que impida el clientelismo, enfrenta dos grandes retos: adoptar una Constitución que le otorgue independencia estructural a los servidores públicos y una ruta que facilite su implementación.

Hay dos vías para alcanzar este objetivo; una es a través de un partido político que impulse la constituyente y que la ciudadanía lo siga. La segunda es mediante una constituyente originaria por iniciativa ciudadana, vía la recolección de firmas y la subsecuente elección de quienes la harán realidad. Para formar una opinión bien fundada sobre cuál ruta es más favorable, es necesario conocer los desafíos que presentará cada una. Esto cobra más importancia al considerar que es imprescindible que los desafíos por enfrentar sean superables por seres falibles, y que no todas las rutas ofrecen esto. Entre los desafíos, los organizacionales son los más trascendentes. Estos se originan por discrepancias entre intereses comunes y personales (véase Olson, The Logic of Collective Action).

Ambas rutas requerirán del apoyo de una cantidad sustancial de ciudadanos, de forma que la coalición esté compuesta por personas con diferentes ideologías tanto económicas como sociales. Incluso conociendo que el interés común es que el enfoque de la agrupación se mantenga en limitar el poder, habrá que tomar en cuenta que algunos miembros se sentirán inclinados a usar la plataforma para avanzar su tema de interés. De ser considerados, muchos de estos serán controversiales y llevarán al antagonismo y la división del grupo. Otros serán populares pero desviarán la atención y los recursos.

Las dos rutas también requerirán que los interesados aporten recursos económicos, tiempo y reputación. Aunque el interés común es que el movimiento sea adecuadamente financiado, no pasa igual en materia de donaciones personales, porque se puede dejar que otros carguen con el costo y gocen por igual de los beneficios. Además, en el caso de que uno o varios partidos políticos impulsen la reforma, esto produciría un fuerte incentivo para patrocinar a contrincantes clientelistas, pues de triunfar mantendrían la estructura existente y excluirían del favoritismo a quien no lo apoye.

Al tomar forma el movimiento, el interés común es que sus líderes sean independientes e imparciales. Sin embargo, el interés individual es lograr dominio sobre líderes y así promover intereses personales. De escoger la ruta de delegar la constituyente a uno o más partidos, la tentación del poder ilimitado sería tal, que muchos no resistirían la tentación de congregarse alrededor de politicastros, patrocinando sus campañas a cambio de futuros beneficios clientelistas. Esto motivaría a participantes bienintencionados a abandonar la agrupación.

Una vez en posición de materializar la reforma, el interés común dicta llevarla a cabo. Sin embargo, de haber tomado la ruta a través de los partidos, desde la cómoda posición del poder, redundará el interés personal de estos dar los pasos necesarios para asegurarse un puesto, concesión u otro favor de a dedo. Simplemente, la sospecha de que algunos estén ejerciendo presión sobre los dirigentes para recibir prebendas, incitaría a otros a involucrarse en estas prácticas antes de ser excluidos y, finalmente, a preservar la concentración de poder y la dependencia que ahora les benefician.

En paralelo, los líderes elegidos para instituir la reforma compartirán el interés común de hacerla realidad. Sin embargo, si son políticos, tendrán que competir contra otros que usarán cualquier medio para asegurar ventajas electorales, incitándolos a otorgar prebendas y definir sus posiciones sobre políticas divisivas como forma de asegurar su futura supervivencia, lo antes posible. Así fracturarán la alianza prematuramente.

Los desafíos organizacionales ilustrados deben ser superados para asegurar que la coalición trabaje de cara a la reforma. El hecho de que todo movimiento esté compuesto por simpatizantes y líderes falibles, indica que sobrepasar estos desafíos requiere adoptar una vía adecuada. Como se ha ilustrado, la ruta a través de un partido político, en comparación a la constituyente originaria, presenta desafíos organizacionales difíciles de salvar.

En conclusión, la constituyente originaria goza de ventaja, porque no enfrenta las tentaciones político-clientelistas que vienen por competir por el poder gubernamental, raíz de la mayoría de los desafíos mencionados, y lo que se procura eliminar con la reforma.

Los otros retos organizacionales se pueden superar si la coalición delinea su misión, destaca desde el principio los cambios constitucionales propuestos y limita la participación de aquellos con fuertes conflictos de interés.

Como primer paso, se necesita difundir la importancia de la constituyente, porque una ciudadanía bien informada es una gran fuerza para alcanzar las reformas deseadas.

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