CLIMA SOCIAL FAVORABLE

El sueño panameño: Sandra Escorcia Alvarado

Siempre he escuchado a los estadounidenses hablar del “sueño americano”, como si fueran los “únicos” que vivieran en este continente. Lo somos todos los que hemos nacido en América. Quizás ahí comienzan nuestras diferencias políticas con ellos.

Cavilando sobre el tema, me surge la interrogante: ¿Cuál es el “sueño panameño”? En mi caso, comienza por levantarme temprano, pero no tanto; amaitinar por la ventana, sin verja alguna, aves o animales y apreciar la vegetación, en una callada urbe de concreto y otros materiales orgánicos, reciclados, reutilizados. Conscientes de que somos dueños de nada y debemos ser escrupulosos con la naturaleza que nos alimenta espiritual y físicamente. Los seres humanos somos los únicos que la contrariamos, debido a que encauzamos nuestros peores intereses personales en su contra. Pero eso es pasado.

Respiro y el aire es limpio y la calle también lo está. Puedo sentirlo porque me dirijo caminando por una acera de dos metros de ancho (mínimo), hacia la parada del bus (ya no uso mi auto para ir al trabajo). Al lado del espacio designado para las bicicletas, marcado con líneas blancas en la calle, avisto las motocicletas que durante los cuatro meses de estación seca podemos disfrutar sin peligro, porque los conductores todos –los de motos y el resto– sabemos cómo compartir y gozar del mismo espacio con respeto. Nos lo merecemos, porque lo ganamos. Ya no hay que arrebujarse para subir al bus. Dependiendo de la ruta, pasan cada 15 minutos, pero para las de mayor demanda, en las horas pico, pasan cada cinco minutos. Y tomamos el Metro. Hay grandes plazas de estacionamiento.

La Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre (ATTT) hace su trabajo, se tecnificó, ahora tiene programas de simulación de tráfico. No es asunto de multar al concesionario solamente cuando las cosas salen mal o de gastar dinero extra de los municipios, eso es un tema del concesionario. La ATTT sabe cuántos buses necesita cada concesionario al conocer la demanda. El equipo institucional que trabaja para nosotros vigila a los concesionarios, hace los conteos con personal suficiente y un monitoreo de satisfacción del cliente (o sea, nosotros); realiza planificación e ingeniería de tránsito, que fue para lo que se le inventó. Nos lo merecemos, porque lo ganamos.

Supimos adónde queríamos ir, entonces el Ministerio de Vivienda y Ordenamiento Territorial, junto con la ATTT, propendió a que nuestra ciudad fuera para los de a pie, le tocó a la gente. Ya la gran ciudad no es fuente instantánea de ideas sin orden. Se cumplen los proyectos a largo plazo y de Estado. Lo merecimos, porque lo ganamos. Costó esfuerzo, pero tuvimos sueños que decidimos, con tesonería y perseverancia, que se hiciesen realidad.

Eliminamos, nosotros los ciudadanos comunes y corrientes, a los presidentitos ladrones y negociantes, los mandamos al exilio del olvido y tras las rejas; recuperamos dineros y rescatamos manzanas e hicimos parques verdes con fuentes y veraneras. Las canchas para el deporte están en otro lado, porque también tienen su espacio, pero diferente, al igual que la cultura; no se mezclan ni le quitan su espacio a la madre naturaleza. Ya los anuncios que se caen con el viento se fueron junto a este, porque no proliferan a lo loco y por doquier. Nos lo ganamos, lo merecemos.

Estamos tranquilos porque ya el Gobierno no se distingue por ser el que más obras realiza en cinco años, eso quedó atrás: hoy se planifican y cada gobierno pasa, sin ego, mientras disfrutamos de calles hechas para 20 años. Las reconstrucciones anuales que le quitaban confort a nuestra ligera existencia le dieron paso a la calidad y al mantenimiento. Se acabó el asfalto de cuatro pulgadas o menos. Mejoramos la tecnología para beneficio de la salud: hoy sufrimos de menos estrés, infartos, alergias y cáncer. Vamos a trabajar, con alegría, porque pronto regresamos a casa. ¡Con educación y prevención, bajó el índice de criminalidad! Casi le ganamos a Canadá.

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