MEDIOAMBIENTE

La terrible huella que vamos dejando: Rina Stella Barba

Pacha Mama, así le llamaban los pueblos andinos a la “Diosa Madre Tierra”, nuestro planeta. El único habitable en esta galaxia y las vecinas, que se encuentran a millones de años luz de nosotros.

¿Y por qué un sitio tan peculiar, único en su clase y con características tan increíbles, que hacen posible, podamos respirar, alimentarnos, crecer y simplemente vivir es tan menospreciado por tantos seres humanos?

El 22 de abril, se celebró el Día de la Tierra, y este año el tema fue “ciudades verdes”. Esto significa vivir con autosuficiencia, sostenibilidad social y económica, construir con arquitectura ecológica, tener energía limpia, crear rutas arborizadas y mantener a nuestros bosques que son los pulmones de la tierra. Sin embargo, en las noticias vemos cómo seguimos dejando una terrible huella en el planeta.

Recientemente, un avión malayo cayó al océano Pacífico, y su búsqueda, entre otros factores, se dificultó por la gran cantidad de basura que flota en el mismo. Es una mancha con una superficie de alrededor de 700 mil kms2. La mayor parte de la basura son plásticos y provienen de las ciudades costeras del lado Pacífico del mundo.

Nuestros desechos plásticos flotantes fotodegradables (destrucción lenta con la exposición al sol) se concentran en la parte superior del océano, estos al final llegan a ser tan pequeños que pueden ser comidos por los organismos marinos que viven cerca de la superficie del mar. Por lo tanto, estos residuos de basura entran por completo en nuestra cadena alimenticia.

Se estima, según los estudios realizados en todos los océanos, que en cada kilómetro y medio cuadrado de mar hay en promedio 46 mil pedazos de plástico flotante.

El agua, tan vital para la vida, ha sido para los panameños un líquido abundante y, de acuerdo a la opinión errónea de muchos, es interminable. Sin embargo, en la última década ha escaseado. El régimen de ahorro de agua potable y electricidad que hemos enfrentado en los últimos años, se debe a la falta en los embalses, que es consecuencia de la disminución de lluvias en el país.

Al igual que los seres humanos, las plantas sudan. En este proceso llamado transpiración, estas absorben líquido del suelo a través de sus raíces y lo expulsan por medio de sus estomas, como vapor de agua. Así un árbol en un bosque tropical puede aportar hasta 200 galones de vapor de agua por año a la atmósfera. Por lo tanto, la transpiración de estos bosques (con millones de plantas) originan las nubes y son responsables por, al menos, el 50% de la lluvia que cae en los trópicos. A menos bosques, menos lluvia. Tan sencillo como eso.

Hace poco vimos en las noticias que los dueños de reses en Azuero se quejan de la falta de agua en sus ríos y quebradas. Sin embargo, sabemos cómo se ha ido acabando con los bosques de galería (que crecen en las riberas). Estos bosques tienen muchas funciones que benefician a los seres humanos. Ellos trabajan como filtros que impiden que los desechos agrícolas vayan a las corrientes de agua, protegen a los ríos de la erosión y, como consecuencia, mejoran la calidad del suelo y del agua. Los árboles con su follaje hacen posible la lenta, pero total, infiltración de agua de las lluvia en el suelo. En lugares donde no llueve, los árboles tienen la capacidad de retener niebla, que luego almacenan. Si no hay bosques de galería, las quebradas se secan y se contaminan.

Para lograr la meta del tema de este año del Día de La Tierra, es indispensable que cada uno de nosotros ponga su granito de arena. Debemos reducir desperdicios, reusar y reciclar lo que podamos en casa e involucrar a nuestra comunidad. Plantemos árboles, cuidemos los bosques y no malgastemos ni contaminemos el agua.

Las autoridades deben crear proyectos que vayan encaminados a mejorar nuestra calidad de vida, con educación ambiental y cultural, con la protección de los bosques y la mejora del servicio de recolección de basura. Deben fiscalizar, dejar de amenazar y empezar a penalizar a los que aún no entiendan que la salud depende de nosotros mismos.

Todavía Pacha Mama tiene la oportunidad de seguir brindándonos abundante agua, aire puro, alimentos nutritivos, en fin, un hogar saludable y amigable. Hagamos lo que tengamos que hacer, pues no hay otro planeta adonde podamos emigrar.

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