CORRUPCIÓN

´El que no transa no avanza´: Raúl Benoit

Todos lo sabemos, miramos de reojo, esperamos a que algún día nos toque un pedacito del pastel, refunfuñamos cuando se lo come otro, seguimos callando y por consiguiente no salimos del círculo vicioso.

Cuando se habla de corrupción y sobornos pensamos en los empleados públicos, pero, estos burócratas no son los únicos voraces. En la vida cotidiana casi todos somos depredadores naturales y escondemos un plan de sacar provecho a cualquier tipo de negocio, favor o servicio.

Dicen que los estadounidenses se inventaron la propina, considerada la forma primaria del soborno. Otros acusan a los españoles que impusieron la corrupción en América como una manera de adaptarse al trueque que los indígenas usaban para comerciar.

La verdad es que no importa de dónde proviene; lo que debe preocuparnos es por qué somos así. Tampoco importa si eres argentino, mexicano, venezolano, colombiano, centroamericano o europeo. Es un asunto de inmoralidad y falta de ética y no de nacionalidad.

La trama criminal descubierta en España en la Operación Púnica, en la que fueron detenidas alrededor de 50 personas, no ha dejado perplejo a nadie. Que no vengan con cuentos. Todos sabían y cohabitaban con eso. Los empresarios tejieron una red de comisiones ilegales a cambio de la mediación en adjudicaciones de contratos públicos. Inflaban hasta en un 20% las licitaciones para pagar esos sobornos.

Igual sucede en Latinoamérica en donde es popular la frase: “Quien no transa no avanza”. Está incrustada en los genes. Miles de policías han sido despedidos en México, por ejemplo, acusados de servir al narcotráfico. Que levante la mano quien no haya usado “influencias” para obtener rapidez y eficacia en trámites burocráticos o simplemente el perdón de una multa. Hasta cuando hacemos una caridad pensamos que nos premiarán con un milagrito.

En tauromaquia entregan un sobre con billetes a los comentaristas taurinos para que hablen bien de los toreros y a los médicos las farmacéuticas les sufragan viajes y les dan regalos costosos para que receten ciertas medicinas.

Es la doble moral del ser humano que mientras le toque un pedacito de la torta guarda silencio.

Se le llama comisión, pero tras de esa palabra se esconde la malicia de la gente para encubrir un soborno y así legalizar la cleptocracia. Cada país le ha dado un nombre: mordida, transa, tajada, ají, palada, serrucho, aceite o mermelada, el último invento para hacer que el cohecho o el robo de las arcas del Estado parezca dulce. En Europa son más discretos, usan eufemismos: hazme el favor; dame para la sopa; dame para el té.

Si compramos servicios o bienes, lo normal es que gocemos de los beneficios. Si pagamos impuestos, tenemos el derecho a que los empleados del Estado nos atiendan bien y con honestidad. Si alguien es contratista, tiene la obligación de ofrecer precios justos, pero ninguna de esas reglas funciona, ni ha funcionado, ni funcionará en una sociedad corrupta.

Sin lugar a dudas, hay una pandemia mundial de corrupción. Todos somos cómplices por acción u omisión e hipócritas porque lo sabemos y no hacemos nada para resolverlo. Cambiemos el proceder: el que transa no avanza. @RaulBenoit

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