RELACIÓN MÉDICO-PACIENTE

El vínculo de la sanación

En la antigüedad, el médico cumplía un rol social que en ocasiones era confundido con el de sacerdote, chamán, juez y gobernante. Tales funciones, de médico-sacerdote y médico-artesano, estaban muy relacionadas con el sentimiento de vulnerabilidad y salvación de las personas. El paciente creía ciegamente en las recomendaciones médicas.

Fue así que surgió el arte de la medicina, cuyos resultados están muy ligados a la adecuada relación médico-paciente, definida esta como el vínculo de confianza y respeto, que se crea durante el encuentro del paciente y su médico, relacionado con la prevención, mejoramiento y mantenimiento de su salud, física, psicológica y sociofamiliar.

Esta relación ha cambiado con el tiempo. En la actualidad las búsquedas por internet, en el blog de la vecina o en la página web del chamán compiten, con fuerza, con la información de alta calidad científica disponible tras largos años de entrenamiento médico.

¿Es la medicina una ciencia exacta? Definitivamente, no.

No hay un diagnóstico 100% exacto, un tratamiento 100% seguro y eficaz, ni mucho menos un individuo idéntico a otro. A través de los siglos se ha intentado acercar la medicina a la exactitud, pero distamos muchísimo de ello. El médico del siglo XXI debe luchar no solo con la variabilidad genética de los individuos, sino también armonizar con las creencias de los pacientes. ¿Cómo se logra esto? Pues, estableciendo una adecuada relación médico–paciente. Una relación basada en la empatía, en el respeto, en la cordialidad y en la honestidad.

Nadie es capaz de conocer a plenitud la vasta información de la medicina. En la clasificación internacional de enfermedades (CIE-10) se registran alrededor de 12 mil 422 subcategorías de distintas enfermedades, de la A a la Z, y cada una con cientos de tratamientos. Sin hablar de los cientos y miles de síndromes genéticos. No es de extrañarse que el médico trabaje solo con aquello que es más común.

Por lo tanto, para que un paciente sane debe existir un diagnóstico los más compatible con los síntomas que presenta, aunado a un tratamiento accesible, eficaz y seguro. Pero, ¿qué ocurre si el paciente no “comprende” su diagnóstico, no es capaz de seguir instrucciones, no comprende la importancia de una dieta o no cree en lo que su médico le está indicando?

La relación debe ser de confianza, entre ambas partes, de forma que el médico oriente, eduque, recomiende, asesore e intervenga; mientras que el paciente tiene la responsabilidad de cumplir las recomendaciones y comprometerse con su tratamiento. Considerando que los pacientes tienen derechos sobre su salud y la toma de decisiones.

Una relación médico-paciente armoniosa es más fácil de conseguir en un ambiente de consulta externa, para que el médico de cabecera entreviste al paciente y a la familia.

Hay ambientes hostiles, como los cuartos de urgencias, en los que la gravedad de una enfermedad hace que el médico deba actuar con rapidez para salvar la vida del paciente, sin tener posibilidad de explicar con detenimiento los tratamientos que se están siguiendo. Es por ello que los médicos instamos a la población a utilizar los cuartos de urgencias solo cuando la enfermedad compromete la vida.

Otra piedra en el camino en las instituciones estatales es la poca disponibilidad del recurso humano, por lo que el médico debe atender a sus pacientes en menos de 15 minutos, para satisfacer a todos. Situación esta que merma la posibilidad de indagar respecto a una mayor cantidad de problemas físicos, sociofamiliares o psicológicos, y hacer una labor educativa profunda o realizar distintos procedimientos clínicos.

El rol médico-sacerdote de otrora se ha convertido en médico-robot-servidor, que debe conocerlo todo, saberlo todo, satisfacer a todos y entregar garantía del servicio. Dicho esto, de forma irónica, para una actividad que se basa en la incertidumbre de la variabilidad entre personas, en el cumplimiento de los tratamientos, en la adecuada eficacia y seguridad de los fármacos o insumos, en la multirresistencia de gérmenes, y la carencia de apoyo sociofamiliar.

A pesar de los obstáculos que enfrentan, la mayoría de las personas que escogen la carrera médica siempre se preocupan por hacer lo mejor posible (“no hacer daño”), siguiendo la frase célebre de los médicos franceses Auguste Bérard y Adolphe Marie Gubler: “Curar pocas veces, aliviar a menudo, pero consolar siempre”.

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