POLÍTICA INTERNACIONAL

El voto panameño por la paz: Gabriel Cohen-Henríquez

La Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó, el pasado mes de noviembre, reconocer a Palestina como un “Estado observador”, tras una votación en la que 138 países se pronunciaron a favor; Panamá fue uno de los nueve que votó en contra. La explicación oficial del canciller Rómulo Roux fue que “Panamá reconoce el derecho que tiene Palestina, pero es imprescindible que exista un proceso de paz”.

Algunos medios y supuestos expertos no demoraron en criticar este voto: primero los que gustan de apoyar a cualquier enemigo autoproclamado de Israel; otros dijeron que debimos abstenernos para “evitar represalias” o para “no involucrarnos con un problema ajeno a nuestros intereses”.

El riesgo de represalias de países con los que tenemos escasa o nula relación por una simple votación en la ONU es muy bajo, por no decir inexistente; igual es interesante notar que les atemoriza la reacción de ese grupo de países, mas no la reacción israelí en el caso de haber votado a favor; esto muestra que al menos reconocen qué países son las verdaderas “amenazas para la paz global”, como gustan de tildar a Israel sus enemigos.

La actitud cobarde de abstenernos “para no involucrarnos”, precisamente, cuando se nos pide nuestra opinión en un tema de relevancia internacional no merece ni dedicarle este espacio.

Entonces para analizar el voto panameño lo que debemos preguntarnos es: ¿la propuesta unilateral es lo más conveniente para palestinos e israelíes? ¿Es lo correcto? ¿Facilitaría el proceso de paz en la región?

Antes de responder esto, hagámonos otras preguntas relacionadas: Este “derecho palestino a ser reconocidos como Estado, ¿involucraba que ellos reconocerían también al Estado de Israel, algo que la ONU reconoció en 1947 y que los países árabes siempre han rechazado? ¿Ofrecieron acabar, de una vez por todas, con la estrategia de ataques terroristas contra el Estado ya establecido? ¿Es una verdadera propuesta por la paz si se ignoran estos factores? No. La propuesta palestina no ofrecía otorgarle al Estado israelí el mismo derecho que pedían para sí mismos. O sea, exigen derechos sin ofrecer reciprocidad. Y el mundo la apoyó y aplaudió.

Las verdaderas intenciones de Hamas y los palestinos no demoraron en darse a conocer; pocos días después de la votación, leemos en La Prensa del 8 de diciembre en el artículo “Brigadas de Hamas prometen destruir Israel”: “Estamos preparando un ejército desde Gaza, Cisjordania, Cairo, Túnez, Teherán y Ankara para obligar a Israel a irse”.

Posteriormente, en La Prensa del 9 de diciembre leemos en la nota titulada “Palestinos celebran los 25 años de Hamas”, que el máximo líder político de Hamas, Khaled Meshaal, “prometió no reconocer nunca a Israel y dijo que el grupo islamista no abandonará su demanda por todo el territorio israelí” y, luego, que “Nunca reconoceremos la legitimidad de la ocupación israelí y por tanto no hay legitimidad para Israel, no importa cuánto dure”.

Lo que más llama la atención es que tanto los países que dicen haber votado a favor de “la paz”, mantienen un cómplice silencio cuando los beneficiados con su voto incitan a levantar las armas y amenazan a un país democrático y establecido hace décadas. Y ante estas declaraciones no hay resoluciones en las Naciones Unidas, votaciones ni mayor relevancia en los medios, como sí la hubo cuando, después de dos semanas de bombas sobre Israel, el país decidió responder el fuego.

Panamá tiene muy buena relación con Israel, cierto. Pero el voto panameño se dio más que nada por una razón muy sencilla: Panamá, un país históricamente pacífico, entiende las verdaderas intenciones de los dirigentes palestinos; en Panamá se sabe que esa propuesta es una violación básica del Acuerdo de Oslo del año 1995 (Rabin-Arafat), en el que se especifica que “los palestinos no iniciarán ni tomarán ninguna medida que modifique el estatus de Cisjordania hasta el fin de las negociaciones de paz”.

La mayoría de los países aprobaron el incumplimiento de un acuerdo pactado; aprobaron, con su voto y con su silencio, la continuación de la lucha armada y de los métodos terroristas.

Podemos decir con orgullo que el voto de Panamá no fue contra los palestinos ni necesariamente “por Israel”, sino por la negociación, el diálogo y por la paz.

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