CRISIS URBANA

Los zoilos profesionales: Álvaro González Clare

La verdadera solución de la ciudad debería ser de urgencia inmediata, por la salud y la calidad de vida de sus habitantes. La forma para resolverla es técnica, sin embargo, las decisiones son políticas, razón por la cual históricamente se ha postergado. La demora en la toma de las decisiones técnicas ha sido por clientelismo partidista y ceguera gubernamental. Este atraso ha trasladado los problemas quinquenalmente, heredando la situación de administración en administración, llevándonos hasta la actualidad cuando la situación urbana de la ciudad de Panamá es crítica, impostergable y socialmente explosiva.

Lo anterior demuestra que la crisis urbana que vive la ciudad no puede ser achacada a la última administración y que hacerlo por razones meramente de oposición partidista y tozudez mercantilista mediática es un grave error con posibles consecuencias de daños económicos y sociales irreversibles. Las críticas de los sobreprecios de la adjudicación llave en mano ha sido ampliamente rebatida justificando la necesidad de la construcción de proyectos postergados y la complicación generada por la simultaneidad.

El haber retrasado la ejecución de las soluciones técnicas en la ciudad dejando acumular la situación a niveles de crisis, como son los casos puntuales del transporte público, la vialidad, la distribución del agua, la recolección y desecho de aguas servidas y basura ha sido una grave opción política con consecuencias económicas altas que en su debido momento pudieron ser más baratas. La decisión de rescatar la situación crítica urbana en un solo quinquenio es sin duda una aventura política riesgosa muy difícil, pero al final urgente y necesaria. La construcción de los megaproyectos como el Metro, el Metro Bus, la nueva vialidad, la recolección de todas las aguas servidas y la planta de tratamiento, la terminación de la ampliación de la potabilizadora y reparación de líneas de distribución, el Mercado de Abastos, la Ciudad Hospitalaria entre otros más, de manera simultánea, son sin duda un suicidio político, pero una solución técnica urbana impostergable. De otra forma la ciudad sería invivible e inviable a muy corto plazo.

Es inevitable que la simultaneidad de todas estas construcciones ha convertido la ciudad en un pandemonio, generando graves daños sociales, particularmente, lo causado por el sistema de transporte público. La implantación de un nuevo sistema de buses para sustituir el colapsado y primitivo sistema de “diablos rojos” es un proyecto muy complejo, eminentemente técnico que depende en enorme medida de la integralidad urbana, razón por la cual su funcionamiento ideal planificado solo será posible cuando concluyan todas las construcciones viales y se ponga en operación el sistema del Metro.

Dado el caso y reconocida la situación actual solo resta sumarse a la iniciativa de cambio inminente, apoyando la gestión política y aportando en la medida de cada ciudadano la cuota de tolerancia, solidaridad y estoicismo social. Para esto es vital que el sacrificio que tiene que hacer toda la comunidad capitalina no sea cargado solo en la base de la pirámide social. Es preciso que todos compartamos solidariamente la incomodidad. Para esto los ciudadanos que utilizan vehículos privados deberían aceptar limitaciones de horario y placa, al igual que los comerciantes, industriales y constructores tendrían que adaptar horarios de distribución nocturnos y la tolerancia patronal en los atrasos de ingreso de trabajadores entre otras medidas que podrían palear los graves perjuicios que se están causando a los usuarios del Metro Bus.

Criticar sin fundamento y con el único interés de conseguir rédito político partidista opositor o peor aún beneficio mediático para aumentar circulación o “raiting” periodístico, es un crimen de “lesa ciudad”, porque atenta contra la seguridad social urbana. Seguir metiéndole cizaña y poniendo sal en la herida abierta de la comunidad, particularmente la de menor ingreso económico y mayor usuaria del sistema de transporte público, sin aportar nada a la solución, es un grave error con consecuencias impredecibles. La crítica que cabe en la actualidad es la constructiva basada en propuestas, aportes y sugerencias que ayuden hacer los ajustes necesarios para que la ciudad funcione lo mejor posible mientras se completan las obras. Al final, la responsabilidad de todo el daño causado a la comunidad ha sido la mora histórica en la decisión política. Pero el reconocimiento de esto solo sirve para consolar la conciencia social y tranquilizar el ego político aunque no aporte nada a la mitigación del daño causado.

No hay campo para los zoilos profesionales, que pretenden tener réditos políticos y mediáticos a costa del dolor del pueblo.

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