Acuerdo universal por el clima

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Representantes de los países participantes en la cumbre del clima celebran después de la firma del pacto. Representantes de los países participantes en la cumbre del clima celebran después de la firma del pacto.

Representantes de los países participantes en la cumbre del clima celebran después de la firma del pacto. Foto por: Christophe Petit Tesson

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon; el canciller francés y presidente de la COP21, Laurent Fabius; y el presidente francés, François Hollande. El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon; el canciller francés y presidente de la COP21, Laurent Fabius; y el presidente francés, François Hollande.

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon; el canciller francés y presidente de la COP21, Laurent Fabius; y el presidente francés, François Hollande. Foto por: Francois Mori

La cumbre climática mundial de París logró ayer un acuerdo trascendental, allanando el camino para una transformación en cuestión de décadas de la economía mundial, hoy impulsada por combustibles fósiles, en un intento por frenar el calentamiento global.

El pacto se produce cerca del final del año más cálido del que se tienen registros y después de cuatro años de tensas negociaciones en la ONU, que a menudo enfrentaron los intereses de los países ricos y pobres.

El canciller francés, Laurent Fabius, tardó solo unos minutos para declarar que un pacto había sido adoptado en medio de calurosos aplausos de los delegados de casi 200 naciones. “Con un pequeño martillo se pueden lograr grandes cosas”, dijo Fabius mientras cerraba el acuerdo, sorprendiendo a muchos observadores que se preparaban para horas de discusiones tras dos semanas de duras negociaciones.

Aclamado como el primer acuerdo climático verdaderamente global, ya que compromete a las naciones ricas y pobres a frenar el aumento de las emisiones causantes del calentamiento del planeta, el pacto establece un objetivo a largo plazo para eliminar la producción de gases de efecto invernadero durante este siglo. “Es una victoria para todo el planeta y las generaciones futuras”, dijo el secretario de Estado estadounidense, John Kerry, que lideró las negociaciones de Estados Unidos en París.

El acuerdo crea, además, un régimen para fomentar que las naciones redoblen sus esfuerzos voluntarios a fin de reducir las emisiones nacionales y proporciona millones de dólares más para ayudar a los países pobres a enfrentar la transición hacia una economía más verde.

Histórico acuerdo en París

Se trata de un acuerdo histórico. Es la primera vez en la historia que toda la comunidad internacional reconoce a través de un pacto legalmente vinculante la obligatoriedad de limitar el calentamiento global por debajo de los dos grados, respecto a los niveles preindustriales y rebajar esa meta progresivamente por debajo de los 1.5 grados.

Tras dos semanas de intensas negociaciones, frenéticas reuniones bilaterales y varias noches sin dormir, los cerca de 200 países reunidos en París han aprobado el texto final que deberá ser ratificado por cada uno de ellos a partir de la primavera del año que viene.

Los líderes mundiales necesitaron 20 reuniones anuales sobre clima convocadas por la ONU para darse cuenta de la gravedad del cambio climático -que causa sin cesar la pérdida de cultivos agrícolas, inundaciones irremediables en ciudades, sequías, pobreza, hambre y más de 34 millones de refugiados climáticos- y decidirse a atajar sus efectos.

La presentación del texto ante el Comité de París estuvo precedida por un emocionante discurso del verdadero anfitrión de esta importante cita mundial, el presidente de esta conferencia y ministro de Exteriores francés, Laurent Fabius.

“Este texto que todos hemos elaborado, es el mejor equilibrio posible, potente pero delicado a la vez, que les permitirá volver a casa con la cabeza en alto y con logros importantes”, dijo con orgullo. “El acuerdo es diferenciado, justo, sostenible, dinámico, equilibrado y jurídicamente vinculante, reconoce el concepto de justicia climática y tiene en cuenta la responsabilidad diferenciada de cada uno de los países y las capacidades respectivas, teniendo en cuenta las circunstancias”, agregó.

Fabius estuvo acompañado en la presentación por el jefe del Estado francés, François Hollande, y el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon. Francia –que fue golpeada dramáticamente por los ataques terroristas del pasado 13 de noviembre en los que fueron asesinadas 130 personas– mantuvo el pulso alto para no repetir errores del pasado, como el Protocolo de Kioto, que dejó fuera a China y Estados Unidos (EU), dos de las potencias que más contaminan, y ganó.

REVISIÓN QUINQUENAL

El texto aprobado –de 11 páginas– establece mecanismos vinculantes para lograr el límite de dos grados de calentamiento de la tierra y rebajar esa meta hasta los 1.5 a largo plazo. Además, marca la obligación de los países de revisar cada cinco años sus compromisos en cuanto al nivel de emisiones a través de un mecanismo de “reporte y rendición de cuentas transparente”. Sin embargo, difumina la obligatoriedad en cuanto a los compromisos de reducción de gases invernadero que fueron presentados por más de 180 países antes de comenzar la Cumbre del Clima, que según los expertos aún suponen más de 3 ºC de calentamiento.

La evaluación comenzará en 2019 y se revisará por primera vez en 2020, justo el año en que entrará en vigor el acuerdo. Los científicos llevan tiempo advirtiendo que si no se reducen entre un 40% y un 70% de aquí a 2050 las emisiones de gases con efecto invernadero para que el calentamiento global no supere los 2°C, la Tierra entrará en un terreno peligroso, cuyas consecuencias son desconocidas.

Los países quedan comprometidos a que las emisiones de gases con efecto invernadero lleguen a un pico mínimo “lo más pronto posible”, para luego “emprender reducciones rápidas” y llegar finalmente a un equilibrio neutral.

Los países no podrán emitir más gases con efecto invernadero de los que el planeta es capaz de absorber hasta 2050. Además, se reconoce que esta tarea de reducción tomará más tiempo de alcanzar a los países en desarrollo. Los países desarrollados deberán dar información periódica y cuantificable; los emergentes, tendrán una exigencia menor y los pobres, estarán casi exentos de estas obligaciones. “Esto marca el fin de la era de los combustibles fósiles. No es posible alcanzar los objetivos especificados en este acuerdo sin mantener el carbón, el petróleo y el gas bajo tierra. El texto debe enviar una clara señal a los inversores en combustibles fósiles: desinvertir ya”, destacó May Boeve, directora ejecutiva de 350.org, una oenegé comprometida con la justicia climática.

TRIUNFO DE PANAMÁ

En esencia, lo que finalmente se ha convenido en cuanto a la mitigación de los efectos del cambio climático es que se pueda seguir emitiendo gases invernadero siempre y cuando estos puedan ser absorbidos y capturados geológicamente a través de los sumideros que poseen los sistemas naturales. Esto es un triunfo de la coalición de 52 países que lidera Panamá, llamada Alianza de Países con Bosques Tropicales, que supone el reconocimiento en el acuerdo climático de los bosques como sumidero ambiental y la obligatoriedad de preservarlos, con la ayuda internacional que ello requiera.

“El acuerdo ni es perfecto ni es tan fuerte como algunos países hubiéramos querido, pero es un gran avance y nos da los instrumentos necesarios para avanzar en el tema de bosques, que es prioritario para nosotros y para el 39% de los países del mundo que tienen bosques tropicales”, señaló a La Prensa la ministra de Ambiente panameña, Mirei Endara.

Uno de los temas más espinosos y que más tensión añadió a las rondas de negociación, es la distinción entre países desarrollados y países en desarrollo. Esto se concreta en la identificación de las naciones que deben pagar la indemnización económica a los países más afectados por las consecuencias del cambio climático como, por ejemplo, las islas.

El bloque de los países más vulnerables y pobres defendía que los países desarrollados debían pagar la totalidad de la factura del cambio climático por su responsabilidad histórica. En cambio, EU y la Unión Europea presionaron para que también las potencias emergentes como China e India comprometieran sus esfuerzos en la reducción de gases invernadero y se hicieran cargo de parte de la financiación a los países pobres.

El texto final reconoce que este tema es importante e incluye un capítulo sobre “pérdidas y daños”, pero no se estipulan soluciones concretas, ya que se establece de manera vaga que este apartado deberá desarrollarse más adelante, sin fijar una fecha concreta.

Así, el documento resuelve que los países deben dar apoyo económico a las naciones pobres para que enfrenten el cambio climático, pero se abre la puerta a los países en desarrollo más avanzados para que también presten ayuda de manera voluntaria. Por ello, se compromete la creación de una reserva capital que deberá sumar 100 mil millones de dólares en 2025 para ayudar a los países pobres y menos contaminantes a adaptarse al cambio climático y evitar sus consecuencias. Esa cifra podrá ser revisada cada año. Panamá mostró su disconformidad con este punto. La ministra Endara reconoció que “la parte de financiación tiene que mejorar ciertamente”, pero señaló que se trata de un “avance histórico para el mundo”.

Las principales oenegés valoraron de manera positiva el compromiso climático adquirido, que obliga a la progresiva transición a una economía baja en carbono. París vivió ayer una auténtica celebración, pero ahora es el turno de los gobiernos y empresas que deberán cumplir el acuerdo.

Celebración cautelosa en las oenegés

Muchos de los aproximadamente 30 mil funcionarios, académicos y activistas que pusieron en marcha un campamento en las afueras de París ven el Acuerdo de París como un punto de inflexión.

Seis años después de que la anterior cumbre climática de Copenhague terminara en fracaso, el pacto de ayer parece haber reconstruido gran parte de la confianza necesaria para un esfuerzo global concertado destinado a combatir el cambio climático, según los delegados. “Dejamos Copenhague temerosos de lo que vendría, pero vamos a irnos de París inspirados para seguir luchando”, señaló David Turnbull, director de Oil Change International, una organización que se opone a la producción de combustibles fósiles.

Greenpeace considera que lo más importante del pacto alcanzado es que envía un mensaje a la industria. “Hoy ha recibido el mensaje de que este es el final de la era de las energías fósiles”, declaró el director ejecutivo, Kumi Naidoo.

“Los inversores tienen que empezar a sacar el dinero del carbón, el petróleo y el gas. Y la gente que esté pensando en invertir, tiene que hacerlo en renovables”, adujo Naidoo, quien agregó que “en los palacios de los países petroleros hoy va a cundir el pánico, como debería ser”.

Acusó a las compañías energéticas de llevar al mundo “al punto en el que estamos: han intentado manipular el debate público patrocinando investigaciones científicas no rigurosas, pagando a académicos en Estados Unidos y Europa, y ahora tienen que ver que, pese a todo lo que han hecho, la gente corriente ha triunfado”.

No obstante, reconoció que “el trabajo está lejos de estar terminado”.

Naidoo puso el acento en que “la lucha continúa a partir de mañana [hoy]”, porque hay que presionar a los gobiernos no solo para que cumplan con los compromisos que han adquirido, sino también para “elevar el nivel de ambición”.

Samantha Smith, de WWF, destacó como “muy positivo” que se haya formalizado el objetivo de 1.5 grados de aumento de la temperatura en el horizonte de 2100, porque supone una señal para los gobiernos: que “han reconocido la crisis” climática y que “el problema es serio”.

“Ahora lo que necesitamos son acciones” para reducir las emisiones y poder disponer de más dinero para la adaptación y la mitigación, añadió Smith, quien hizo hincapié en que no se puede esperar y que antes de 2020 habría que fijar objetivos más ambiciosos para cumplir con los 1.5 grados. Una gran preocupación –matizó WWF– es que “no hay garantía de asistencia para los que van a sufrir los impactos climáticos inmediatos, especialmente los pobres y vulnerables”.

Por parte de Avaaz, la directora ejecutiva Emma Ruby-Sachs, estimó en un comunicado que el compromiso sellado en París supone un histórico punto de inflexión que sienta las bases del cambio de rumbo hacia las energías 100% limpias que el mundo quiere y el planeta necesita.

Amigos de la Tierra se quejó por boca de un portavoz de que “este acuerdo no ofrece el nivel de ambición que se necesita”.

En las calles de París, miles de ecologistas desfilaron para hacer oír su voz ante el desafío del calentamiento del planeta. “Estoy aquí para mostrar que, incluso, sin tener mucha esperanza en la COP21 vamos a seguir luchando”, declaró Anne-Marie, de 69 años.

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