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¿Alguien quiere un libro?

Historia de dos bibliotecas de sendos poetas panameños: César Young y José Guillermo Ros-Zanet, para valorar la importancia de la cultura.

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El doctor José Guillermo Ros–Zanet y el poeta César Young encarnan dos versiones intelectuales y literarias del espectro cultural de Panamá. Ros–Zanet es además poeta, escritor, filósofo y ebanista. Donó 15 mil libros a la Universidad Hispanoamericana de Panamá. Young ostenta múltiples galardones, tanto en Panamá como en el exterior, por su rima y su prosa.LA El doctor José Guillermo Ros–Zanet y el poeta César Young encarnan dos versiones intelectuales y literarias del espectro cultural de Panamá. Ros–Zanet es además poeta, escritor, filósofo y ebanista. Donó 15 mil libros a la Universidad Hispanoamericana de Panamá. Young ostenta múltiples galardones, tanto en Panamá como en el exterior, por su rima y su prosa.LA

El doctor José Guillermo Ros–Zanet y el poeta César Young encarnan dos versiones intelectuales y literarias del espectro cultural de Panamá. Ros–Zanet es además poeta, escritor, filósofo y ebanista. Donó 15 mil libros a la Universidad Hispanoamericana de Panamá. Young ostenta múltiples galardones, tanto en Panamá como en el exterior, por su rima y su prosa.LA Foto por: Luis García

¿Alguien quiere un libro? ¿Alguien quiere un libro?

¿Alguien quiere un libro?

Ros–Zanet empezó a leer a los siete años. Ha escrito decenas de libros y sus ensayos han sido publicados en revistas y periódicos. Ros–Zanet empezó a leer a los siete años. Ha escrito decenas de libros y sus ensayos han sido publicados en revistas y periódicos.

Ros–Zanet empezó a leer a los siete años. Ha escrito decenas de libros y sus ensayos han sido publicados en revistas y periódicos. Foto por: Ricardo Iturriaga

La semana en la que Mario Vargas Llosa estremeció al mundo cultural con el anuncio de donar 7 mil libros al centro de las artes de su natal Arequipa, ciudad del sur de Perú, el poeta panameño César Young repasaba con su mirada oriental tan solo dos o tres anaqueles de su biblioteca que contiene el mismo número de títulos regalados por el peruano.

La diferencia con la noticia del premio Nobel de Literatura, la cual cautivó a los medios de comunicación y mereció el elogio de las redes sociales, es que por lo visto en Panamá nadie quiere hacerse cargo de los libros del poeta, que se mueren en cajas avejentadas por la humedad y los zancudos.

El poeta Young se recupera de una apoplejía que lo embistió hace siete meses con la fuerza de un tropel de búfalos. Habla sin prisa y se mueve calmo en la cama sencilla de una habitación bien iluminada donde se disputan el espacio unos 300 libros, de Dickens, Tolstoi, Sinán y otros viejos conocidos del residente.

Permanece invicta su sonrisa, su amabilidad de siempre. Responde las preguntas sobre el pasado —es decir, los inicios de su adicción a la lectura— después de cerrar los ojos como una persiana de tela. Los abre de repente para mencionar cosas tan significativas como sus visitas infantiles a la otrora Biblioteca Nacional de la avenida B, San Felipe, muy cerca de su casa en Salsipuedes.

“Varios de los autores que me motivaron fueron amigos míos. Tuve la suerte de estudiar en escuelas próximas a bibliotecas por las que pasaba en frente todos los días. Aprovechaba para pedir libros prestados, y no les he temido de ninguna forma. Pero ahora los tengo en unas cajas, y eso me da lástima”, se lamenta el autor panameño de poemarios indispensables como Instrucciones para ángeles, Carta a Blancanieves y Poesía mía que estás en el cielo.

Los libros del doctor José Guillermo Ros–Zanet, en cambio, descansan prestos en la biblioteca de la Universidad Hispanoamericana de Panamá. Constituyen su soporte intelectual y son frecuentados por estudiantes, profesores y por visitantes ajenos a la institución. Ellos buscan entre los 15 mil títulos de materias diversas, en especial la literatura, la filosofía y la historia. Significan una buena parte del caudal de obras acumuladas por el doctor, poeta y filósofo panameño en más de 80 años de brega intelectual.

El doctor inició sus lecturas a los siete años. En la sala de la casa, con media pared tapizada de libros y con un estudio posterior donde reposan más tomos, el doctor recuerda en especial a Baudelaire, Rimbaud, Diderot, franceses que compartieron el siglo de Teodoro Zanet, ingeniero y arquitecto enviado por Ferdinand de Lesseps a prestar servicios en la construcción del Canal de Panamá. Rememora además que leyó de niño a los presocráticos, aunque también se dio gusto con las aventuras de El Llanero Solitario y Flash Gordon.

También habla despacio; emplea gestos amables, pero pausados. Con sus movimientos resalta el anillo dorado del dedo corazón de su mano derecha: representa su matrimonio con Milagros. Sus respuestas recurren en ocasiones a versos suyos para retratar otros tiempos. “El claro aguamanil que tuvo una ventana y que tuvo una abuela también. A mi abuela, porque ella lo llenaba de esencia y madrugada cuando el agua brocal lenta caía...”.

Se muestra satisfecho de su donación. “Me propuse ser un humanista. Un mundo como el de hoy, y eso lo dije hace ya 30 años, no solo puede vivir de la ciencia. Tiene que vivir también de las humanidades. El mundo de hoy necesita de los valores, lo cual pareciera, en cambio, hacerse a un lado. Pero no bastan los valores. Se necesitan los ultravalores que se expresen en el lenguaje, en la lengua ultravalor, la poesía.

HACER BIBLIOTECAS

El poeta César Young se gastaba su salario en libros. Desde su primer trabajo en una compañía de seguros, acopió obras de panameños y de la literatura universal. Más tarde, tuvo acceso al trabajo de figuras del boom latinoamericano. Se amistó con Ernesto Sábato. Intercambió correspondencia con Andrés Caicedo. Dicen que conversó con Jorge Luis Borges y el Che Guevara, lo que representa una muestra superior de un hombre incapaz de reparar en ideologías. Un poeta en todo el sentido de la palabra, añade Luis Eduardo Henao, librero y amigo de Young desde hace 25 años.

“Conocí al poeta cuando él vivía por el Rico Pollo, abajo de la vía Brasil. Compartía un apartamento con su mamá, la señora Vicenta, y un hermano. Había libros debajo de las camas, arriba de la nevera, encima de su escritorio de trabajo, en el baño. Tiene una biblioteca exquisita, con tomos originales que valen un dineral. Rebuscando, uno a veces se encuentra entre los libros cartas de maestros de las letras hispanoamericanas”.

Henao avaluó hace unos meses el precio total de los tomos, más o menos teniendo en cuenta lo que el poeta pagó por ellos, y puede asegurar que invirtió 150 mil dólares. Lo que hoy vale un apartamento de dos habitaciones. Bien vendida, la biblioteca cuesta 60 mil; a precio de remate, 40 mil.

Milagros explica por qué el doctor Ros–Zanet pudo tener su biblioteca de Alejandría. La señora dice: “Días después de haberse llevado los libros pensé: mira en todo lo que se gastó el dinero mi esposo. Todo el tiempo. En vez de ir a comprarse una botella de whisky, de ron, etcétera, él traía dos libros diarios a la casa”.

El hogar de los Ros–Zanet quedaba en Bella Vista. Allí crecieron sus hijos y entraba y salía gente de todos los orígenes. Famosas se hicieron las tertulias con otros intelectuales, escritores, políticos, artistas, entre ellos el poeta César Young.

“Él es un buen amigo. Una vez yo daba una conferencia. Como siempre, no llevaba apuntes, sino lo que está en mi entendimiento, en mi ser. Creo que César Young, cuando había algo de duda entre el público porque no llegaba a entender lo que yo decía, hablaba y hacía que algunos se quedaran pensando sobre un científico que escribiera alta poesía”.

 

La colección del poeta Young incluye libros y revistas de temas tan variados como gastronomía, literatura y poesías. CORTESÍA Expandir Imagen
La colección del poeta Young incluye libros y revistas de temas tan variados como gastronomía, literatura y poesías. CORTESÍA Mordinski

 

El poeta Young se despierta a las 9:00 de la noche. Una parte del día duerme, come frutas y bebe jugos. Ve en la televisión los partidos del Real Madrid, las noticias. A esa hora se vuelve más lúcido. Fue siempre un hombre nocturno. Feliz en las fiestas; disciplinado en las lecturas; febril en la poesía.

El librero Luis Eduardo Henao valora de su amigo el don de la rima fácil. “No se esfuerza para conseguir las métricas. Tiene música, los verbos justos. Las figuras. Trabajamos en un libro con sus poemas escritos a panameñas. Me encontré esos versos entre sus libros. Van 49 inspirados en mujeres como Rosa María Briton, Mariela Sagel, una vendedora de libros de Morrison”.

Henao halló aquellas rimas secretas, pero publicables durante la organización de la biblioteca en cajas que clasificó según los nombres de los autores. Son 95 recipientes con sus respectivos títulos numerados en una lista interminable, aunque muy organizada. “La señora Vicenta murió hace 15 años y después le tocó el turno al hermano del poeta”.

Young vive ahora en la casa de su hermana menor, detrás del Do It Center de la 12 de Octubre. Antes de que los libros invadieran aquel hogar, pasaron una temporada en una bodega compartimentada por hileras. El poeta iba a saludarlos varias veces a la semana.

El doctor vendió su casa de Bella Vista y se pasó a vivir con su esposa a una casa diagonal al Colegio La Salle. Allá se cumplió la donación de 15 mil de sus libros. Fue en un día anónimo, sin solemnidades ni despedidas. Bien temprano llegó un camión para recoger los tomos y los anaqueles de madera trabajados por el propio médico, ebanista en sus ratos libres. Una sucesión de viajes se llevó a la universidad las tres cuartas partes de una de las colecciones de libros más formidables de este país.

Otra similar, en cambio, agoniza todos los días aprisionada en cajas de cartón sin que aparezca un digno receptor. Es el destino contrariado de dos bibliotecas sin par en Panamá, acopiadas por dos irremediables lectores. Mientras que una ya cumplió el designio del dueño, la otra aguarda sin ilusión la misma suerte. Paradojas de la vida de los libros. ¿Alguien quiere leer?

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