VIOLENCIA EN LA JOYA, LA JOYITA Y NUEVA ESPERANZA

Balas reemplazan cuchillos

Al menos 250 armas de fuego han sido halladas en estos penales desde 2007, tras reyertas que dejaron ocho muertos y más de 100 heridos.

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No es fácil recordar quién fue el primero que dijo que las cárceles son el reflejo de las sociedades donde se encuentran, pero con el paso de los años esta frase se ha convertido en una verdad prácticamente irrefutable, y en Panamá no hay discusión sobre ello.

Es así como los delitos que se registran en las calles de las principales ciudades del país, cada vez más violentos por el uso de armas de fuego, se reflejan por igual dentro de los muros de las prisiones, donde los reos han sustituido sus cuchillos y platinas por revólveres y pistolas.

En 2004, esta verdad era “inimaginable”, como lo definió en una entrevista con este diario el entonces director de la cárcel de Nueva Esperanza de Colón, Carlos Darío Durán, a propósito de las primeras informaciones que daban cuenta de que ese penal era controlado por pandilleros.

Siete años más tarde, sin embargo, el actual director de la cárcel de Colón, Cristóbal Góndola, ha reconocido públicamente que no solo los pandilleros dominan el penal, sino que además las autoridades decomisan ahí por lo menos nueve armas de fuego todos los meses.

Solo en 2010, la dirección de Nueva Esperanza reportó el decomiso de 112 armas de fuego.

Pero hay más. Hace apenas unos días, el lunes 28 de noviembre pasado, un sicario contratado por una pandilla mató en su celda al recluso Abdul Anderson, de 31 años. Solo se acercó hasta él y le hizo tres disparos.

El hecho provocó un enfrentamiento entre bandas, que al final terminó con 12 reos heridos, uno de los cuales, Orlando Martínez, murió 24 horas después.

Según las investigaciones que han realizado las autoridades del Sistema Penitenciario Nacional, el homicidio de Anderson fue una represalia de la pandilla, debido a que el fin de semana le habían matado a uno de sus miembros, un menor de edad que estaba recluido en el ala de adolescentes de Nueva Esperanza, pero había salido con permiso a la casa de sus padres, pues cumplía años.

Lo mataron a tiros afuera, y la repercusión se registró adentro.

Trece días antes, el 15 de noviembre, Gregorio Chiari, de 27 años, fue ultimado en ese mismo penal de un disparo en la espalda.

Un día después, integrantes de bandas rivales se liaron a tiros cuando familiares de los presos asistían a la visita. No hubo heridos, pero las autoridades se incautaron de dos armas de fuego.

Hasta ahora

De acuerdo con cifras del Sistema Penitenciario, desde 2007 hasta el presente se han descubierto por lo menos 250 armas de fuego en las cárceles La Joya y La Joyita, en Panamá; y Nueva Esperanza, en Colón, tras reyertas que han dejado ocho reclusos muertos.

Este año, hasta octubre, las autoridades confirmaron la confiscación de 35 armas de fuego en La Joya y La Joyita, y otras 15 en Nueva Esperanza.

Los reportes dicen que las armas han sido halladas en escondites construidos por los reclusos en los pisos, techos y paredes de sus celdas.

Otras informaciones dan cuenta de que algunos reclusos de La Joya esconden, inclusive, fusiles AK-47.

Frente a este panorama, la ministra de Gobierno, Roxana Méndez, dijo en días pasados que todo aquel que ingrese en una cárcel deberá ser revisado, incluyéndola a ella, a los familiares de los presos, a los abogados y a los funcionarios.

Por su parte, el director del Sistema Penitenciario, Ángel Calderón, confirmó que en octubre pasado comenzó la instalación de escáneres en las cárceles, para detectar metales.

El plan piloto arrancó en el centro penitenciario El Renacer, pero la idea, según dijo, es extender el programa a todas las cárceles del país.

Los equipos son similares a los usados en el aeropuerto de Tocumen y valen casi 4 millones de dólares.

Al mismo tiempo, Calderón informó que se capacita a más custodios civiles para reemplazar a los policías asignados a la vigilancia de las penitenciarías.

Detalló que todas las armas de fuego halladas en las cárceles, hasta ahora, estaban en manos de panameños y no de extranjeros.

Dijo que las investigaciones revelan que estas armas son ingresadas en piezas, “poco a poco”, y que luego son ensambladas dentro.

Algunas, sin embargo, llegan a manos de los reclusos al ser arrojadas desde el exterior de las cárceles (sobre todo en Colón), gracias al método que se conoce como “el avioncito” y que es usado desde hace muchos años para el tráfico de drogas en los penales.

Algunos reclusos que han hablado bajo el anonimato, revelan que las armas son vendidas entre 250 y 500 dólares.

Jerry, un interno que cumple condena por homicidio en el centro penitenciario La Joya, confesó en días pasados a un grupo de periodistas que visitó el penal, que ya no es “rentable” el uso de platinas; que lo que vale ahora es tener armas de fuego, a las que llamó, sin más, “juguetitos”.

Crónica roja

Aunque tras los eventos recientes en Nueva Esperanza las autoridades han afirmado que el primer tiroteo en una cárcel panameña ocurrió en 2009, registros periodísticos lo sitúan en La Joyita dos años antes; es decir, en 2007.

El hecho ocurrió exactamente el 20 de noviembre en el interior del pabellón 11 y dejó dos internos heridos. En esa fecha, las autoridades decomisaron un revólver calibre 38.

Un año después, el domingo 24 de agosto de 2008, hubo una reyerta en el pabellón 5 de La Joya –como resultado de una requisa sorpresa–, tras la cual terminaron heridos a tiros y puñaladas 24 reos y tres policías.

Cuatro días después, el 28 de agosto, un interno de la galería A del pabellón 3 de La Joya intentó matar a un líder de una de las pandillas de San Joaquín, Nicolás Camargo, alias Baby Pacha, y para ello le disparó a quemarropa por la espalda.

El director del Sistema Penitenciario de la época, Luis Gordón, confirmó a este diario que en aquellos sucesos se decomisaron dos revólveres y una pistola.

Desde entonces, Gordón advertía de que para el ingreso de armas de fuego a los penales tenía que haber, necesariamente, complicidad interna.

Pero todo quedó allí. Las investigaciones no lograron vulnerar la ley del silencio que impera entre los reos, y no hubo culpables dentro ni fuera de los barrotes.

El primer muerto

Ahora bien, el primer muerto por arma de fuego dentro de una cárcel panameña fue Omar Córdoba Hurtado, uno de los decapitadores de Coiba, a quien le dieron un tiro en la cabeza en su celda del pabellón 13 de La Joyita el 4 de abril de 2009.

El expediente de este caso está en una de las fiscalías superiores del Ministerio Público, pero solo tiene las informaciones de los periódicos de la fecha.

Y es que, según los fiscales, en todos estos años no ha sido posible tomar un testimonio válido sobre lo sucedido, pues los reos involucrados afirman no haber visto ni oído nada.

Aquel año hubo otros enfrentamientos, que terminaron con tres internos heridos de bala y el decomiso de 12 armas de fuego. Cuatro custodios fueron investigados, pero ninguno culpado.

En 2010, mientras tanto, otros seis reos fueron tiroteados en enfrentamientos entres pandillas rivales.

Al final, ese año terminó con el decomiso de 112 armas de fuego en la cárcel de Nueva Esperanza y otras 21 en La Joya y La Joyita.

Repunte

Este año, siete reclusos han sido ultimados en sus celdas a manos de pandilleros rivales, y por lo menos otros 23 han resultado heridos por arma de fuego.

El primer caso ocurrió en enero en La Joyita. Ernesto Mathews recibió un tiro durante una reyerta, detrás de la cual, supuestamente, está Martín Wright Coto, sentenciado por dos homicidios.

Luego, en abril, Michael González cayó abatido al recibir seis puñaladas y un tiro durante una refriega en el pabellón 1 de La Joya, hecho en el que también quedaron heridos 23 reos. Posteriormente, la Policía Nacional decomisó una pistola.

Después de este hecho, la ministra Méndez expresó su preocupación por la cantidad de armas halladas en el penal y por la corrupción que imperaba en este.

Ese mismo mes, el reo de La Joyita Omar Morales recibió el disparo de un revólver Magnum 3.57, que luego fue recuperado, aunque el agresor salió impune.

De acuerdo con los reportes oficiales, a finales de ese mes abril falleció Miguel Armando Escobar, tiroteado dos veces a raíz de una disputa entre integrantes de bandas rivales en el centro penitenciario La Joyita.

La fiscal cuarta superior, Maruquel Castroverde, ha informado que por estos cuatro hechos fueron abiertos expedientes, y un interno está bajo investigación al descubrírsele un revólver en su poder.

En junio pasado, dos reos de la cárcel de Nueva Esperanza fueron tiroteados durante disputas entre pandilleros, y en noviembre cayeron abatidos Abdul Anderson, Orlando Martínez y Gregorio Chiari, en los casos ya referidos.

Venezuela, una crisis similar

En junio de este año, un enfrentamiento armado entre reos del complejo penitenciario El Rodeo y la Guardia Nacional venezolana puso al descubierto la cruda realidad del sistema penitenciario de esa nación.

Luego de que los uniformados tomaron el control del penal, se hallaron 22 muertos y más de 80 heridos, y se descubrió que los presos tenían 20 pistolas, 4 revólveres, 5 escopetas, 3 carabinas, 1 subametralladora, 7 fusiles, 8 granadas, 63 cargadores de pistola y 28 cargadores de fusil.

En mayo pasado, Carlos Nieto, portavoz de la organización civil Una Ventana a la Libertad, denunció que el ingreso ilegal de armas de fuego a las cárceles venezolanas, por parte de funcionarios, produjo 476 reclusos muertos y 967 heridos en 2010 y que esa cifra podría repuntar este año.

Mientras, la Comisión de Derechos Humanos de México informó que, en 2010, al menos 100 de las 429 cárceles en ese país son controladas por los reos a punta de armas de fuego.

José Otero

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