Caminante no hay acera

Son las 6:00 p.m. Hay un tranque enorme hacia el centro de la ciudad y la vía España, a la altura de vía Brasil, está cubierta de vehículos y de gente.

Ha llovido. Las aceras adyacentes a la vía Brasil están anegadas y muchos transeúntes se ven obligados a caminar por la orilla de la calle. Los carros avanzan rasantes.

Hay una larga cerca metálica y señales anaranjadas que advierten de trabajos a la orilla de la vía. Detrás de la valla, por un estrecho pasadizo provisional, caminan las personas. Por encima de sus cabezas giran sus palas las enormes máquinas que excavan la tierra.

Al amanecer del pasado 14 de noviembre los transeúntes que pasaban por allí se encontraron con que un carril de la vía España, en esa intersección, había sido cercado. Se trataba del inicio de los trabajos para la construcción de la línea 1 del Metro de Panamá en ese punto. Pero los encargados de las obras olvidaron dejar un paso para los peatones.

La falla fue enmendada, pero las cámaras de televisión lograron poner en el ojo público, al menos momentáneamente, el tema del “olvido” de los peatones en la ciudad.

Al caos vehicular de la ciudad de Panamá, donde a diario circulan más de 400 mil automóviles (y que el reordenamiento vial, de mil 500 millones de dólares, y el Metro, que ya va costando otros mil 800 millones, prometen resolver) se suma la falta de un sistema adecuado de desplazamiento peatonal.

En la ciudad, un aproximado de 800 mil personas utilizan el transporte colectivo todos los días. Muchos deben, además, caminar largos tramos.

Y las aceras, donde las hay, suelen hallarse en mal estado o son muy angostas. O los carros y los negocios informales (y a veces los formales), se las han tomado. No invitan a transitarlas.

Un recorrido aleatorio (a pie) por algunos lugares de la ciudad permite comprobarlo.

BETANIA

La calle es estrecha. Hacia los lados están los garajes de las casas. Portones enrejados, jardines. Parece el camino de un pueblo del interior: una larga vía por donde discurren peatones y carros por igual, peligrosamente cerca.

“Todos tienen carro aquí”, me comenta un vecino. No es un pueblo del interior. La calle está en Villa Cáceres, en el corregimiento de Betania, y no tiene aceras.

CALIDONIA

Son las 5:00 p.m. La esquina, frente al McDonald´s que está ubicado al lado del edificio del Instituto de Medicina Legal y Ciencias forenses del Ministerio Público, está atestada de gente que espera: el “diablo rojo”, el metrobús o el taxi.

A ambos lados de la vía España, Calidonia tiene, por momentos, las aceras más anchas de la ciudad de Panamá. Entre cinco y seis metros. Casi el mismo ancho de las que bordean las grandes avenidas de Nueva York o París. Pero nadie puede notarlo.

Por la basílica menor de Don Bosco, los carros estacionados ocupan casi todo el espacio peatonal. En la calle 33 oeste, un lavaauto dejó apenas un paso de 90 centímetros para los peatones.

Los puestos de buhoneros reclaman espacio. Uno vende lentes. Otros, gorras deportivas o suéteres del Barça o del Real Madrid.

En el corregimiento de Calidonia hay mil 490 puestos de comerciantes informales, según las cifras que maneja el Municipio de Panamá. Solo 500 tienen sus papeles en regla.

Los almacenes de baratillos también se vuelcan sobre los amplios andenes, con cajones repletos de mercancía.

La acera allí desaparece.

En San Felipe la historia no es diferente. Hay aceras en pésimo estado o que no se pueden usar porque son utilizadas como estacionamientos.

RÍO ABAJO

Vía Cincuentenario final.

Cerca del puente sobre vía España, la mamá, la abuelita y la niña caminan frente al condominio Las Reinas. La acera es el estacionamiento.

Una camioneta bloquea el paso. “Mire esto”, dice la mujer mayor. “¿Y ahora?”, pregunta la madre.

“No tiene uno por dónde pasar”, dice molesta la señora mayor. Se impacientan. Se lanzan a la avenida. Un taxi las esquiva, pero no reduce la velocidad. Pasa un camión. Un señor enfrenta el mismo dilema. Tienta la suerte.

SAN FRANCISCO

Cerca de la policlínica Carlos N. Brin de la Caja de Seguro Social brota un grueso árbol en medio de la acera, que queda así anulada. En la calle 68, los carros han destrozado el concreto de la esquina, pues suelen dar giros muy cerrados hacia la izquierda y trepan sobre el andén, dañándolo.

DISFRUTAR LA CIUDAD

El plan de desarrollo urbano de las áreas metropolitanas del Pacífico y del Atlántico, del Ministerio de Vivienda y Ordenamiento Territorial, propone la creación de un “sistema reticular peatonal”, que se integraría a la nueva red vial y que además incluye ciclovías. Y la normativa sobre el uso de las aceras es amplia y data desde principios del siglo pasado, pero no se suele cumplir.

“Las aceras no son simplemente para pasar, para ir de un lado a otro; son para disfrutar de la ciudad”, ha dicho Enrique Peñalosa, exalcalde de Bogotá y uno de los artífices de la transformación urbana de la capital de Colombia.

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