INVESTIGACIÓN - PARTE 2lavítola-martinelli, historia de comprometEdoras complicidades

El Canal y el Metro, objetos de chantaje

El 2 de agosto de 2011, a las 7:50 de la noche (hora de Italia), el entonces primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, hizo una llamada que fue interceptada por las autoridades judiciales de su país que investigaban un caso de corrupción internacional en el que estaban envueltos altos funcionarios del Gobierno de Panamá.

Su llamada fue precedida por seis telefonemas del italiano Valter Lavítola, un cercano amigo del presidente panameño, Ricardo Martinelli, quien intentaba que Berlusconi cumpliera una promesa suya de construir un hospital que él donaría a Panamá, compromiso del que se había desentendido, pese a que Martinelli lo había anunciado con entusiasmo y estridencia.

Tras las insistentes llamadas de Lavítola, Berlusconi se comunicó con Massimo Ponzellini, presidente de Impregilo, una de las empresas del consorcio que participa en las obras de ampliación del Canal de Panamá.

Ponzellini.– Hola, Silvio, ¿Todo bien? Qué placer oírte...

Berlusconi.– Estoy muy mal, pero de todas maneras seguimos adelante. Una cosa, te llamo porque están llamando de Panamá...

P.- Ajá...

B.- ... Y dicen que debo contactar a los jefes de Impregilo. ¿Tu todavía estás en Impregilo?

P.- Sí, soy el presidente.

B.- Sobre la cuestión de los hospitales, todavía hay que encontrar un acuerdo con Panamá.

P.- Ajá...

B.- De otra forma, el Presidente de Panamá dirá a las 19:30 de esta tarde, hora de Panamá...

P.- Aja...

B.- Una declaración para bloquear la obra de Impregilo en el Canal, con graves consecuencias económicas en la Bolsa para Impregilo. Yo te paso la información así como me la dejaron escrita. Así lo ha dicho un tal Lavítola, amigo del Presidente de Panamá.

P.- Ajá...

B.- ... Me llamó seis veces y finalmente me encontró, y me dejó dicho esto.

P.- Te agradezco, como siempre, toda la información. Me pongo en movimiento inmediatamente. Como mañana [incomprensible]... a las 7:30 voy a encontrarme con Lianni Letta, le dejo la solución, pero desde esta noche ya intervengo.

B.- Sí, trata [incomprensible] ... de contactar urgentemente a las personas de Impregilo para preguntarles el asunto de los hospitales y encontrar un acuerdo con Panamá, de lo contrario, el Presidente de Panamá comunicará a las 19:30 el bloqueo a las obras de Impregilo en el Canal, con gran pérdida en Bolsa para Impregilo. Cumplo con decírtelo.

P.- ... Me has hecho un regalo por la ayuda. Ha sido un placer. Espero que todo salga bien.

B.- Mil gracias, Massimo.

LAVÍTOLA, EL INDESeABLE

Un anuncio de Martinelli paralizando las obras de Impregilo en el Canal sin duda habría causado un desastre en el valor de las acciones de la empresa.

Así que Ponzellini se puso en movimiento. Al día siguiente de la llamada de Berlusconi –el 3 de agosto de 2011, a las 11:37 a.m. (hora de Italia), llamó a Alberto Rubegni, administrador delegado de Impregilo, y le contó de la llamada de Berlusconi.

La llamada de Ponzellini reveló hasta dónde se había llegado con el tema del hospital. Impregilo, presionado por Panamá, se había comprometido a construir el hospital –del que Berlusconi se había lavado las manos– siempre y cuando se le adjudicara la licitación del Metro de Panamá, obra insignia del gobierno de Martinelli.

La conversación de Ponzellini y Rubegni se desarrolló así:

Ponzellini.- Anoche me dio una puteada el presidente Berlusconi.

Rubegni.- ¿Por qué?

P.- Porque lo llamó Lavítola, porque Martinelli estaba emputado por lo de la escuela.

R.- A Lavítola se le va a pasar... No es escuela, era un hospital. Se le pasará la rabia. Nosotros hicimos una oferta para [participar en la licitación] del Metro y la perdimos.

[...]

P.- Quiero decir, que algo habíamos dicho que haríamos para el Canal...

R.- No. Para el Canal habíamos dicho que no hacíamos una mierda, porque ya le habíamos hecho al país un descuento de 800 millones, que me parece suficiente. Por el Metro, donde, sin embargo, han cogido el trabajo por 500 millones más que nosotros, entonces que hagan [el hospital] los que cogieron el trabajo.

[En realidad, el consorcio al que se le adjudicó el Metro hizo en aquel momento una oferta económica 46 millones de dólares más alta que la del consorcio italiano].

P.- ... Ha llamado Lavítola y ha dicho que el presidente Martinelli hará un... anuncio sobre el Canal para que así caigan las acciones de Impregilo en la Bolsa. Así es que mira...

R.- Que lo de [el anuncio], que lo de... No te digo... Mira sabemos que...

P.- No, por la caída de las acciones de Impregilo, nosotros estamos preocupados.

R.- No, no puede dar una mala noticia, porque los trabajos [en el Canal] ya comenzaron. ¡Que sea serio!

P.- Pero yo creo que lo mejor será ir a visitar a Martinelli en septiembre...

R.- Sí, pero yo estoy ya hablando, el problema es... uno solo, que las cosas...

P.- El problema es que Lavítola quiere meterse en el medio.

Queda claro, según un análisis de las llamadas hechas por peritos italianos y que reposa en el expediente, que las llamadas telefónicas de Lavítola –en nombre del presidente Martinelli– buscaban chantajear a Impregilo para que construyera el hospital.

El presidente de Impregilo, incluso, declaró a los fiscales que Martinelli, a través de Lavítola, pidió un “reconocimiento” económico si le adjudicaba la licitación del Metro de Panamá ( ver nota: Una coima por Metro).

¿Por qué Martinelli amenazó con paralizar las obras de Impregilo en el Canal si no construía el hospital?

Para Martinelli era un asunto de imagen. Cuando visitó a Berlusconi –en septiembre de 2009–, el Presidente regresó de Italia entusiasmado porque obtuvo dos promesas de Berlusconi: que Italia donaría un hospital pediátrico –valorado en 20 millones de dólares– y que el gobernante italiano visitaría el país en 2010.

Una de las promesas se cumplió: el 30 de junio de 2010, Berlusconi estaba en Panamá develando la maqueta del hospital, solo que ya no sería Italia el donador, sino Berlusconi, quien, según Martinelli, se había comprometido a hacerlo de su propio bolsillo, promesa que jamás cumplió, por lo que Martinelli estaba furioso.

UNA CARTA DESESPERADA

La obsesión de Martinelli por el hospital está reflejada en una larga y angustiosa carta que el embajador de Italia en Panamá, Giancarlo Curcio, envió al Palazzo Chigi, el 2 de agosto de 2011 (el mismo día que Berlusconi habló con el presidente de Impregilo).

En ella, el diplomático contaba que Martinelli le reclamó la promesa del hospital. “Él [Martinelli] comenzó a quejarse diciendo que Italia, y en particular, el primer ministro Berlusconi, no respetaba sus compromisos con Panamá, después de haberse comprometido con el hospital”. Este tema, concluía el embajador, había causado el endurecimiento de las relaciones entre Italia y Panamá.

NUEVA VÍCTIMA

A pesar de sus intentos de chantaje, ni Lavítola ni Martinelli pudieron lograr que el Gobierno de Italia ni Berlusconi ni Impregilo construyeran el hospital.

Pero Martinelli no se daba por vencido. El 30 de agosto de 2011, el secretario privado del Presidente, Adolfo Chichi De Obarrio, le escribió un correo a Lavítola.

“Te escribo –le decía– para que nos averigües por favor si el Gobierno de Italia donará siempre el hospital pediátrico para la provincia de Veraguas como lo habían dicho. ¿Fecha estimada?... La construcción del hospital Luis Chicho Fábrega ya inició, se encuentra en fase de movimiento de tierra e hincado de pilotes [sic]”.

La respuesta, al parecer, no fue alentadora, pues Martinelli enfiló entonces hacia Svemark, la compañía italiana con la que el Gobierno había negociado –y fracasado– desde hacía más de dos años la construcción de cárceles modulares, empresa esta a la que estaban ligados Lavítola y Mauro Velocci, este último, testigo clave de las fiscalías italianas en la acusación de corrupción contra Lavítola.

El embajador italiano envió el 14 de octubre de 2011 una carta a Svemark –con copia al Ministerio de Relaciones Exteriores de Italia– que Velocci califica de “chantaje de Estado”.

En ella, Giancarlo Curcio le sugería a Svemark donar el hospital pediátrico al Gobierno panameño, a fin de abrir un canal de negociación en el estancado proyecto de las cárceles modulares.

Curcio aprovechó la ocasión para sacar de la ecuación al Gobierno de Italia, y dejar claro que esas negociaciones serían exclusivamente entre Svemark y Panamá, en las que nada tenían que ver las autoridades del Gobierno italiano ( ver facsímil).

Semanas después de recibir la carta, Velocci abandonó el país denunciando un “chantaje” del Gobierno panameño para que Svemark construyera el hospital.

Simultáneamente, Velocci entregó a la política opositora Balbina Herrera (PRD) copias de correos electrónicos comprometedores que también fueron dados a las autoridades italianas –en diciembre de 2011– y que constituyen pruebas de las acusaciones que pesan contra Lavítola, mientras que Herrera es procesada en Panamá por divulgar los correos.

Si bien nunca se construyó el hospital, este ha servido de pretexto para los viajes de Martinelli a Italia. En agosto de 2011 –por ejemplo– un comunicado oficial, que pretendía aclarar un viaje del Presidente a la isla de Cerdeña (Italia) –que no había sido anunciado oficialmente– informaba de la supuesta intención de Martinelli de insistir ante Berlusconi en la construcción del centro médico.

Pero Berlusconi nunca lo recibió, a pesar de que la Presidencia panameña dijo que el encuentro sí se había celebrado. Su viaje secreto era, en realidad, de placer, pagado totalmente por Lavítola, quien llevaba adelante varios proyectos personales de negocios con el gobierno de Martinelli.

El 12 de diciembre de 2011, sin más nadie a quien chantajear, Martinelli anunció que el hospital se construiría, pero con fondos del Estado panameño.

“Esto se va a hacer, ese hospital estaba planeado; lo va a tener que asumir el Gobierno”, dijo en Veraguas.

Pero Martinelli no se convenció de sus palabras... o las olvidó intencionalmente, ya que en julio pasado –coincidiendo con el anuncio del juicio de Lavítola el mes pasado–, Martinelli comunicó un nuevo viaje a Roma –también en septiembre– para supuestamente insistir en Italia para que Berlusconi –preso en su residencia, condenado por fraude fiscal– done el hospital prometido.

“Cuando un Gobierno se compromete, tiene que cumplir”, exigió Martinelli, en entrevista en Telemetro.

Pero el viaje no se concretó ni tampoco se celebró el juicio a Lavítola ese mes.

La Prensa envió cuestionarios para recoger sus versiones al presidente, Ricardo Martinelli, a su secretario privado, Adolfo De Obario, y al embajador italiano en Panamá, Giancarlo Curcio, sin que al cierre de esta edición hayan respondido.

 Coimas por el Metro de Panamá

El 27 de julio de 2012, Massimo Ponzellini –presidente de Impregilo– fue interrogado por el Tribunal de Nápoles sobre el contenido de dos grabaciones sobre el hospital que exigía a Italia el presidente, Ricardo Martinelli.

Ponzellini identificó a Lavítola como un cercano colaborador de Martinelli, y que este pretendía cobrar coimas si Impregilo hubiese ganado la licitación del Metro.

“Después de habernos adjudicado, como Impregilo (y en consorcio) la licitación del Canal de Panamá, participamos como Impregilo en la licitación del Metro de Panamá...”, declaró Ponzellini.

“Fue en relación a esta licitación –en la que Impregilo no estaba particularmente interesado, ya que hizo una oferta altísima– que entraron en juego Martinelli y Lavítola con sus pretensiones, o mejor dicho, Lavítola como intermediario de las pretensiones del presidente Martinelli”, subrayó Ponzellini.

“Lavítola nos hizo entender claramente –añadió Ponzellini– que el presidente Martinelli, para adjudicarle a Impregilo la licitación del Metro de Panamá, pretendía un ´reconocimiento´ económico para él y para su entorno...”. “Tal inequívoco mensaje, Lavítola lo manifestó, ya sea, hablando directamente conmigo (que era presidente de Impregilo y que en una ocasión visité personalmente Panamá), así como con el administrador delegado de Impregilo, [Alberto] Rubegni (que es la persona con la cual yo hablo en la segunda llamada que me han leído), y por otra parte, indirectamente, a través de la Presidencia del Consejo (o sea, a través de Berlusconi) y del embajador en Panamá –Plácido– Vigo”, narró.

En su declaración, Ponzellini describe que “Lavítola (como portavoz e intermediario de Martinelli) pretendía, con arrogancia, hacer ver que habría obstáculos y problemas para Impregilo en caso de que no hubiésemos cedido a tales pretensiones (como efectivamente demuestra el tenor de la conversación que me han leído, en la cual el presidente Berlusconi prevé represalias de parte del presidente Martinelli)”.

Ponzellini dijo que se rechazaron tales pretensiones, “limitándonos a proponer que –en caso de que Impregilo se hubiese adjudicado la licitación del Metro (en la cual ni siquiera había gran interés particular)– lo máximo que Impregilo habría podido hacer es financiar la construcción en Panamá de un hospital que se hubiese llamado ciudad de Milán”.

“Es ese hospital, efectivamente, al cual se refiere en las dos llamadas que me han leído, de las cuales emerge Martinelli, a través de Lavítola”, precisó el empresario.

Es decir, Ponzellini reveló en su declaración que, por no estar interesado en construir el Metro de Panamá, Impregilo hizo una oferta “altísima”, y que, en la remota posibilidad de que se adjudicara esta obra –que finalmente ganó otro consorcio y a un precio más elevado que el que presentó Impregilo [mil 401 millones de dólares vs. mil 447 millones de dólares], ellos habrían construido el hospital.

Así es como Impregilo sale de esta licitación, derrotada por la brasileña Norberto Odebrecht, S.A. y la española Fomento de Construcciones y Contratas (FCC).

Rolando Rodríguez B.

La ´telenovela´ sigue sin respuestas

El ministro de la Presidencia, Roberto Henríquez, respondió ayer a la publicación de La Prensa sobre las cárceles argumentando que se trata de la misma “telenovela” de Italia, ahora reciclada. Y que no había nada nuevo en las publicaciones.

Pero lo cierto es que desde hace más de dos años, también las mismas preguntas se repiten sin que haya una sola respuesta de parte del presidente, Ricardo Martinelli. Por ejemplo, este medio envió el pasado viernes un cuestionario tanto al gobernante, como a su hijo, Ricardo Martinelli Linares, que no ha sido respondido, aunque el Presidente escribió en su cuenta de Twitter, tras recibir las preguntas, que “me cuentan que el diario de la opo está reeditando la telenovela italiana...”.

Sin embargo, ni una letra ha respondido a preguntas tales como: ¿Sabe usted la razón por la que Valter Lavítola negociaba la compra de un helicóptero que iba a ser entregado a usted?

O ¿qué puede responder a las acusaciones que hizo el presidente de Impregilo, Massimo Ponzellini, en su contra, cuando declaró a los fiscales italianos que usted, a través de Lavítola, reclamaba un “reconocimiento” económico si le adjudicaba la construcción del Metro?

O ¿por qué su hijo negociaba, junto con el señor Lavítola y la hoy exministra Roxana Méndez el precio de las cárceles modulares que construiría la empresa Svemark?

O ¿Por qué razón, sabiendo usted que Lavítola era buscado por la justicia italiana, le facilitó su estancia en Panamá, hasta que en diciembre de 2011, cuando usted decidió echarlo del país y prohibirle la entrada al territorio, de acuerdo con lo que ha declarado el propio Lavítola a los fiscales italianos?

Y, al igual que el Presidente y su hijos, tampoco han respondido su primo, Francisco Frankie Martinelli ni Rogelio Oruña, de IBT Group.

Rolando Rodríguez B.

‘CHANTAJE DE ESTADO’. Velocci califica así esta carta del embajador de Italia en Panamá, para que Svemark construyera un hospital a cambio de reanudar el negocio de las cárceles.
DECLARACIÓN. Massimo Ponzellini declaró a los fiscales que “Lavítola nos hizo claramente entender que el presidente Martinelli, para adjudicarle a Impregilo la presente licitación del Metro de Panamá, pretendía un ‘reconocimiento’ económico para él y para su entorno. Tal inequívoco mensaje, Lavítola lo manifestó, por una parte, hablando directamente conmigo [...], o por otra parte, hablando con el administrador delegado de Impregilo, Alberto Rubegnio”.

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