GUERRA. EL CUESTIONADO DEBUT DEL F-22 RAPTOR

Derroche en el aire

Una aeronave diseñada para la Guerra Fría recién se estrena en un conflicto muy distinto: los bombardeos al Estado Islámico en Siria.
LA PRENSA/Archivo. LA PRENSA/Archivo.
LA PRENSA/Archivo.

El pasado 23 de septiembre, el Departamento de Defensa de Estados Unidos (EU) confirmó que había llevado a cabo una serie de ataques aéreos en Siria contra bases de la organización terrorista Estado Islámico (EI), que controla importantes zonas de ese país y de Irak.

La controvertida operación (EU no tenía la autorización para actuar en Siria, país con el que mantiene una tensa relación debido a la guerra civil que allí ocurre y en la Washington ha terciado a favor de la oposición al régimen de Bashar Al Assad), implicó el uso por primera vez de un singular avión: el F-22 Raptor.

Este costosísimo monoplaza (aproximadamente 150 millones de dólares por aparato) ha sido llamado el Rolls Royce de los aviones. Se trata de lo que se denomina en jerga militar un “caza de superioridad aérea”, distinto de los cazas convencionales o polivalentes, capaz de despegues semiverticales, provisto de tecnología sthealt (furtiva, para pasar inadvertido ante los radares enemigos), amplia capacidad de fuego: puede maniobrar armamento de corto y largo alcance al mismo tiempo y evadir con relativa facilidad hasta los más modernos sistemas de misiles antiaéreos.

Pero a pesar de su costo, su difícil mantenimiento (30 horas tras cada vuelo) y sus muchas prestaciones, la máquina es ya un vejestorio y, de hecho, esta misión lo salvó del olvido.

El proyecto para su concepción y desarrollo se remonta a inicios de la década de 1980. El aparato debía reemplazar al F-15 McDonnell Douglas, uno de los aviones más exitosos de todos los tiempos en la Fuerza Aérea estadounidense.

Durante la guerra de Vietnam, los estadounidenses habían sufrido por las desventajas de sus diseños y restricciones de combate de sus aeronaves, a manos de los cada vez más versátiles y contundentes aviones soviéticos: Sukhoi y Mig.

En la carrera armamentista de la Guerra Fría, EU buscaba no perder terreno en esas lides. Consideraba crucial para su seguridad mantener el control del espacio aéreo en situaciones de combate. Esto orientó a la industria aeroespacial hacia el desarrollo de naves de tecnología avanzada y alta maniobrabilidad. Entre esos proyectos estaba el del F-22.

El proyecto se abrió a concurso a mediados de la década de 1980 y dos consorcios, Lockheed, Boeing y General Dynamics, por una parte, y Northrop y McDonnell Douglas, por otra, pusieron manos a la obra en los diseños.

No fue sino hasta abril de 1991 cuando finalizó la prueba de diseños y Lockheed se hizo con el contrato. Sin embargo, para la fecha, la Unión Soviética daba sus últimos estertores. El enemigo al que debía combatir el nuevo avión estaba a punto de desaparecer.

Pese a este revés, el desarrollo de la nueva arma continuó. En 1997 se develó el modelo final y se hizo la primera prueba de vuelo.

Sin embargo, no sería sino hasta 2003 cuando se entregaría el primer avión de producción.

A medida que se fabricaban y entregaban, las peticiones de los militares, abrumados por el astronómico costo de los aviones, disminuían. De un pedido inicial de más de 700 aviones a comienzos de la década de 1990, la producción total se redujo, a finales de la década de 2000, a 187. En 2009, el senado de Estados Unidos votó para no financiarlo más. Se decidió que cuando se completara la flota de 187 se detendría su producción.

Un reportaje reciente de BBC Mundo reseña además que otras de las razones que hicieron impopular al avión fueron problemas en el suministro de oxígeno: los pilotos se quedaban dormidos y esta fue la causa de al menos un accidente.

Ese y otros problemas habían obligado a imponer restricciones de altura para su vuelo hasta que finalmente prácticamente toda la flota fue mantenida en tierra. No había una misión para la cual fueran realmente útiles. Las guerras no convencionales en las que se había metido EU en el último tiempo (Irak, Afganistán) requerían otro tipo de equipo. Este avión era casi inútil allí.

La irrupción del EI, la necesidad de entrar en un país lejano sin ser detectados por su gobierno y la existencia de grandes bases enemigas fijas en terreno supusieron una oportunidad para darle uso al costoso juguete bélico.

Los despachos oficiales de Washington dicen que hasta ahora su desempeño ha sido “exitoso”.

(Basado en servicios internacionales).

Rusia y su ´cuco´ volador

Le llaman el “Águila dorada” y parece un bicho de otro mundo. Casi lo es. Si entrara en producción, se convertiría en el primer caza de sexta generación. Inalcanzable. Capaz de hacer giros imposibles en el aire a velocidades supersónicas. Se trata del Sukhoi Su-47 Berkut (Firkin, según la denominación de la OTAN), la bestia rusa del aire.

De momento, y hasta donde se sabe, es solo un prototipo. Su apariencia extraña se la confieren sus alas en forma de flecha invertida, como las de las aves cuando alzan el vuelo. A ratos tiene más la apariencia de un misil que de un avión.

Desarrollado para contrarrestar aeronaves como el F-22 Raptor estadounidense, el Su-47 ha servido para investigar y desarrollar tecnologías de punta en otros aviones rusos de la compañía Sukhoi, que se ha convertido en la líder de la industria aeroespacial rusa. Algunos expertos opinan que si el Su-47 entrara en producción sería imbatible. Otros lo dudan.

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