46 años de su desaparición física

Edilma Gallego: ‘Noriega reveló cómo murió Héctor’

El 9 de junio de 1971, durante la dictadura de Omar Torrijos, el sacerdote colombiano fue detenido y desde esa fecha no se han encontrado sus restos.

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Edilma Gallego, hermana de Héctor Gallego, pide que se terminen los análisis de ADN sobre los restos encontrados en el Motor Pool de Tocumen. Edilma Gallego, hermana de Héctor Gallego, pide que se terminen los análisis de ADN sobre los restos encontrados en el Motor Pool de Tocumen.

Edilma Gallego, hermana de Héctor Gallego, pide que se terminen los análisis de ADN sobre los restos encontrados en el Motor Pool de Tocumen. Foto por: Ana Rentería

Héctor Gallego Héctor Gallego

Héctor Gallego Foto por: Archivo

Edilma Gallego declaró que el dictador Manuel Antonio Noriega, dos años antes de fallecer, le contó cómo asesinaron a su hermano, el sacerdote colombiano Héctor Gallego en 1971.

Héctor Gallego fue un sacerdote colombiano que desarrolló su misión pastoral en Santa Fe, provincia de Veraguas. Organizó a la población campesina en sindicatos y en cooperativas de consumo. La noche del 9 de junio de 1971 durante la dictadura de Omar Torrijos fue detenido. Desde esa fecha se desconoce su paradero.

Su hermana Edilma contó que se reunió con Noriega en dos ocasiones en el año 2015. Explicó que lo buscó porque el general retirado Rubén Darío Paredes y el excoronel Roberto Díaz Herrera le manifestaron que Noriega tenía información sobre Héctor Gallego.

Relató que en compañía de la periodista Julia Elena Alvear se entrevistó con Noriega en la cárcel El Renacer, donde pagaba condena por los crímenes de Hugo Spadafora y de Moisés Giroldi, entre otras sentencias.

Precisó que en el primer encuentro no le dio mucha información. “Me estaba analizando, era un hombre muy receloso”, afirmó.

La segunda vez, Noriega le relató que no había tenido nada que ver con la desaparición de Héctor, ya que no había enemistad entre ellos, pero que sí había personas cercanas al entonces general Omar Torrijos que le habían pedido sacar a Gallego de Veraguas y mandarlo para Colombia.

Noriega identificó a Moisés Monchi Torrijos como una de esas personas. Esto lo supo Noriega porque estando en el despacho de Torrijos, escuchó cuando Monchi llamó por teléfono para preguntar cuándo sacaban al sacerdote.

Edilma señala que Noriega le dijo que fue el Estado Mayor de la Guardia Nacional (GN) el que ordenó enviar a Héctor para Colombia y para ello se comisionó a un personal para esta tarea.

“Su hermano no debió morir, ya que nunca hubo una orden para desaparecerlo”, le aseguró Noriega.

Le precisó que el operativo de la captura del sacerdote estuvo a cargo del comando de la GN Macho de Monte, y en ese grupo participaron los militares Eugenio Magallón, Melbourne Walker y Nivaldo Madriñán, pero como ellos no conocían la región, se llevaron un guía. Esa persona que iba de guía le tenía un gran odio a Héctor, contó Noriega, pero no lo identificó, señaló Edilma.

Le siguió narrando que al llegar a la residencia del sacerdote, los Macho de Monte preguntaron por Héctor y el guía le entró a golpes, y le rompió un costilla y con un palo le dio un golpe en la cabeza que le ocasionó una fractura de cráneo.

Noriega le aseguró que se ordenó el traslado del sacerdote hasta la ciudad de Panamá para que recibiera atención médica, pero que el galeno dijo que no había nada por hacer, debido a que las lesiones eran muy graves.

También le dijo que fue el Estado Mayor de la GN el que tomó la decisión de desaparecer el cuerpo de Héctor, por las consecuencias políticas que tendría mostrarlo en esa condición.

Noriega le dijo que el sacerdote se resistía a morir, a pesar de las heridas que presentaba.

“Murió como un soldado en el frente de batalla, que gravemente herido otro soldado le da el tiro de gracia”, le afirmó Noriega a Edilma.

Una vez le expresó esa frase, Edilma dijo que le preguntó a Noriega: ¿Y sus restos dónde están? La respuesta de Noriega fue: allí donde lo encontraron en el Motor Pool de Tocumen. Allí cerca funcionaba un cuartel militar al mando de Los Pumas y a finales de 1999 se ubicaron varios restos humanos.

Edilma asegura que fue un momento de gran confusión y ella le responde a Noriega que los restos encontrados en ese lugar fueron los del ex dirigente sindical Heliodoro Portugal, quien había desaparecido durante la dictadura.

Noriega le respondió que no sabía entonces lo que había pasado. “Sería que la fiscalía confundió los cuerpos”, le agregó.

También le dijo que había pedido conversar con Edilberto Del Cid, que fue la persona a cargo del operativo de captura de Héctor, pero que este nunca fue a la cárcel a visitarlo.

Edilma Gallego manifestó que la versión que le dio Noriega sobre los hechos ocurridos con su hermano tiene algunos elementos consistentes con informes reunidos por ella durante entrevistas con miembros del Partido Revolucionario Democrático y otras fuentes que mencionan datos puntuales, como la costilla rota durante su captura y de que fue trasladado a la ciudad de Panamá para recibir atención médica.

Manifestó que también hay coincidencia con versiones de otros testigos que le han dicho que Héctor fue trasladado al cuartel de Los Pumas en Tocumen.

Relató que, incluso, la mujer que le lavaba la ropa a su hermano, y que fue traída desde Santiago de Veraguas, pudo confirmar que el pantalón encontrado junto a los restos en Motor Pool, en 1999, correspondía a los que usaba el sacerdote.

Aseguró que ninguno de los gobiernos que han sucedido después de la dictadura militar han mostrado voluntad para esclarecer estos hechos. Denunció que el Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses ha dado largas para hacer nuevas pruebas de ADN a los restos hallados y que están bajo la custodia de esa entidad.

Dijo que en la pasada administración hubo un intento para traer un grupo de antropólogos argentinos, pero faltó una firma o un procedimiento para la asignación de los fondos, y nunca llegaron.

Por la desaparición de Héctor Gallego, el Segundo Tribunal Superior Penal condenó en 1993 a 15 años de cárcel a Nivaldo Madriñán (fallecido en 2008), Eugenio Magallón (prófugo) y Melbourne Walker, quien en 1992 le entregó una carta al ya desaparecido sacerdote Fernando Guardia Jaén, en la que aseguró que recibió órdenes de Noriega, entonces jefe del G-2 (aparato de espionaje), para capturar a Gallego.

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