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BRASIL

Investigan a Lavítola por blanqueo

En fase inicial está una investigación que adelantan en Brasil, fiscales que califican a Valter Lavítola como ‘un hombre de interés’.

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Valter Lavítola Foto tomada de internet Valter Lavítola Foto tomada de internet

Valter Lavítola Foto tomada de internet

Ángelo Capriotti Foto tomada de internet Ángelo Capriotti Foto tomada de internet

Ángelo Capriotti Foto tomada de internet

Ricardo Martinelli Ricardo Martinelli

Ricardo Martinelli

Foto que muestra parcialmente la propiedad en Brasil, que era de Valter Lavítola y que está en manos de Ángelo Capriotti. Al fondo, la empresa de Lavítola, Pesqueira Barra de São João. Foto que muestra parcialmente la propiedad en Brasil, que era de Valter Lavítola y que está en manos de Ángelo Capriotti. Al fondo, la empresa de Lavítola, Pesqueira Barra de São João.

Foto que muestra parcialmente la propiedad en Brasil, que era de Valter Lavítola y que está en manos de Ángelo Capriotti. Al fondo, la empresa de Lavítola, Pesqueira Barra de São João.

La Fiscalía de Río de Janeiro abrió una investigación a Valter Lavítola para esclarecer si usó sociedades en Brasil con el propósito de ocultar capitales o disimular su origen ilícito.

Se trata de una pesquisa en fase muy inicial y confidencial. Los fiscales de Brasil han determinado, de momento, que Lavítola era el propietario de dos empresas en ese país: Pesqueira Barra de São João y Lagiuva Empreendimentos Imobiliarios.

Aunque en el organigrama de estas compañías no figura Lavítola, sí aparecen allegados a él, como Alexander Herodoto Campos, Danielle Aline Louzada y Neire Cassia Pepe Gomes.

Estas personas –de origen brasileño– también son parte del esquema societario de otras cuatro empresas en Panamá. Para los investigadores brasileños, hay indicios que hacen pensar que Lavítola constituyó un complejo entramado societario en Brasil que, según sus hipótesis, habría servido para blanquear capitales.

“Valter Lavítola es un hombre de interés para las investigaciones aquí”, se limitó a contestar a La Prensa una fuente judicial del Ministerio Público de Brasilia, consultada por las vicisitudes del antiguo aliado de Ricardo Martinelli.

tuvo acceso a los datos de la sociedad Pesqueira Barra de São João correspondientes al año 2009, provenientes de la Oficina de Registro de entrada en empresas brasileñas de capitales extranjeros.

Según su información, Lavítola recibió 2.6 millones de euros ($2.8 millones) en tres pagos (mayo, julio y septiembre de 2009) en concepto de préstamos.

“En Brasil es mucho más fácil crear una sociedad como entidad jurídica para recibir dinero del extranjero que recibirlo como persona física”, explicó una fuente de este departamento. De momento, las autoridades no han descifrado el origen de este dinero. El resto de las operaciones bancarias de esta empresa se mantiene bajo secreto.

Pero, en declaraciones a los magistrados italianos, en 2011, Neire Cassia Gomes –una amiga de Lavítola en Brasil, y administradora de la contabilidad de la empresa Pesqueria– declaró que esta compañía tenía pérdidas económicas constantes, lo que contradecía los informes económicos revelados.

Un hombre con historia

Los fiscales brasileños no han conseguido localizar a ninguna de las dos mujeres, que, como la panameña Karen de Gracia –otra amiga de Lavítola–, están en paradero desconocido.

Este medio tampoco pudo ponerse en contacto con ellas. Sin embargo, obtuvo información sobre Alexander Herodoto Campos, quien figura como dignatario en sociedades panameñas.

Campos es un hombre de negocios, con muchos contactos en Brasil y Suiza. De acuerdo con la documentación judicial obtenida por La Prensa, la empresa Lexfin, S.A., radicada en Lugano (Suiza), y cuya actividad comercial se centra en servicios financieros, presentó una denuncia ante el Servicio Federal Suizo de Lavado de Dinero en su contra.

Campos –mano derecha de Lavítola en Brasil– reivindicó en otoño de 2011, a través de documentación falsa, la titularidad de la empresa Bonaventura Group LLC, cuando en realidad Lavítola “era el único titular patrimonial de la empresa estadounidense”, según el informe judicial.

En declaraciones juradas ante los fiscales de Nápoles en 2012, Campos contó que las empresas de Lavítola pertenecían al conglomerado, con sede en Miami, Bonaventura Group LLC.

Amistades peligrosas

Los fiscales tratan de armar un complejo rompecabezas en el que son notorios indicios de blanqueo de capitales, a través de un entramado societario, que sería reconducible a Lavítola, quien ha negado, en declaraciones juradas ante los fiscales, tener sociedades residenciadas en paraísos fiscales o posea dinero en cuentas cifradas en el extranjero.

Sin embargo, en una conversación mantenida con el periodista español Joan Solés –mientras Lavítola estaba bajo arresto domiciliario en Roma–, este le explicó que “en cuatro años han llegado todas las atribuciones de Brasil, del Metro... y allí hay $850–$900 millones en cuentas bancarias cifradas”. Lavítola le confesó entonces que él mismo se ocupó de enviar ese dinero a paraísos fiscales y que le pagaban el 20% en comisiones.

LA CARTA

Parte de las investigaciones en Italia contra Lavítola surgen de una misiva que trató de enviar al ex primer ministro italiano Silvio Berlusconi desde su casa en Río de Janeiro, en diciembre de 2011, pocos meses antes de que se entregara a la Policía.

En un extenso documento de 25 páginas, Lavítola dicta condiciones a Berlusconi y le pide 5 millones de euros ($5.5 millones) por haber gestionado varios trabajos sucios, como el pago de coimas a parlamentarios de la oposición para hacer caer el gobierno de Romano Prodi, en 2008, por lo que ambos enfrentan procesos judiciales en el Tribunal de Nápoles.

En relación a Panamá, en esa carta Lavítola dice textualmente que Martinelli puso “150 mil euros para montar un escándalo que perjudicara a Gianfranco Fini”–entonces presidente de la Cámara de Diputados y enemigo político de Berlusconi– y que “pagó 300 mil euros (unos $330 mil) en el viaje de Panamá a Roma”.

Además, Lavítola le dice a Berlusconi que el expresidente brasileño “[Luiz Inácio] Lula [da Silva] ha probado ser un verdadero amigo”.

Precisamente, Berlusconi declaró en la sede judicial que Lavítola era un “facilitador de relaciones” y desveló que tenía especial relación con Lula da Silva.

Además, según ha podido comprobar La Prensa, Lavítola consiguió tramitar, sin problemas, el visado permanente en Brasil en 2008, prueba de su influencia sobre amistades poderosas en ese país.

Los magistrados italianos interceptaron este revelador documento en la computadora de Carmelo Pintabona, protector de Lavítola en Argentina, quien confirmó a los magistrados la amistad entre Lula da Silva y Lavítola.

Lula se convirtió en el principal cabildero en el extranjero de la compañía Norberto Odebrecht, tras entregar la Presidencia en enero de 2011 y ahora los fiscales de su país pretenden demostrar que la empresa se benefició injustamente, obteniendo concesiones de los gobiernos de los países que Lula visitó, lo que habría sentado las bases para investigarlo por el delito de cohecho.

En tanto, la justicia italiana trata de probar que Lavítola medió o tuvo injerencia a favor del consorcio formado por Odebrecht y la española FCC en el contrato de licitación de la línea 1 del Metro de Panamá, adjudicada en 2010.

LA CASA EN BRASIL

Las conclusiones del fiscal jefe del Tribunal de Nápoles, Vincenzo Piscitelli, y su colega Henry John Woodcock en las investigaciones sobre la presunta corrupción internacional en la frustrada construcción de cuatro centros carcelarios en Panamá detallan cuatro operaciones bancarias ilícitas consumadas –por un valor total de $670 mil – para el entorno del expresidente Ricardo Martinelli.

De acuerdo con los fiscales, en junio de 2011, Ángelo Capriotti –dueño de la empresa Svemark, que construiría las cárceles modulares en Panamá– hizo una transferencia bancaria de $530 mil a una cuenta desde su empresa italiana SIE Spa a otra compañía suya, la SIE Ltda., sociedad con sede en Brasil, dinero que hizo efectivo Enzo Valori, socio de Pesqueira y vinculado a Lavítola.

El abogado de Capriotti en Brasil, Rosemberg Ferrão –con quien La Prensa se encontró en Río de Janeiro– afirma que en realidad ese dinero sirvió para comprar la casa que Lavítola tenía cerca de Armaçao de Buzios, una sofisticada localidad que se hizo famosa en la década de 1960, cuando la actriz Brigitte Bardot veraneaba allí junto con su entonces novio brasileño.

Según los documentos, la empresa de Capriotti SIE Spa, efectivamente, adquirió a través de un contrato con la empresa de Lavítola (Lagiuva Empreendimentos Imobiliarios) la casa.

Pero los fiscales creen que en realidad se trataría de una garantía que habría asegurado a Capriotti la construcción de las cárceles modulares en Panamá, luego de transferir el dinero de la coima. Al no concretarse el proyecto, Capriotti se quedó con la propiedad de Lavítola.

De hecho, Capriotti declaró a los magistrados en 2013 que tuvo que interponer una denuncia contra personas allegadas a Lavítola que ocupaban la casa en Río de Janeiro cuando ya era suya.

El abogado Ferrão explicó que durante el juicio en el tribunal regional del Casimiru de Abreu, la fiscal del distrito aseguró que Lavítola era “un delincuente” y había tenido problemas legales con Pesqueira en el pasado.

Cuando se hicieron públicas las investigaciones de los magistrados italianos, el expresidente Martinelli dijo en su cuenta de Twitter: “En lío Lavítola no he recibido un céntimo. La supuesta plata que recibí en Brasil quedó en la cuenta de Pesqueira Lavítola que no conozco”.

Desde el jardín de la casa se divisa la sede de Pesqueira Barra de São João. “Aquí solo llegan barcos costaneros que no son muy grandes y se alejan poco de la costa”, comentó un vecino.

Lo cierto es que la zona de Casimiro de Abreu, donde se sitúan la casa y la empresa, no es de fácil acceso para barcos de pesca industrial. De hecho, las grandes empresas de comercio de pescado se concentran en Cabo Frío.

La pregunta a la que solo podrán responder los fiscales es ¿cómo fue posible que la pesquería de Lavítola pudiera recibir más de 2.5 millones de euros ($2.7 millones) del extranjero en tan sólo un año?

también habló con otro abogado de Lavítola en Brasil: José Durval Fagundes. Este protege tanto a su cliente que llegó a negar lo evidente, y se encargó, antes de la entrevista, de alertar a los vecinos de esta lujosa aldea pesquera –situada a unos 170 kilómetros de Río de Janeiro– de que rondaba por allí una periodista incómoda y que era mejor que nadie hablara con ella.

En esta localidad todos conocen a Lavítola. Una de las vecinas, que prefirió no revelar su identidad, dijo que él “estaba obsesionado con la seguridad. Él, para hablar con su abogado, tenía reuniones en alta mar para que no fueran interceptados”.

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