Plan Maestro de salud

Malaria, flagelo duro de erradicar en 2020

Durante sus actividades culturales, en los pueblos originarios no permiten el ingreso de los inspectores de salud ni la fumigación.

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El cuartelito de Control de Vectores en Metetí refleja el pobre apoyo que recibe esta oficina a cargo de la fumigación y medicación de enfermos. El cuartelito de Control de Vectores en Metetí refleja el pobre apoyo que recibe esta oficina a cargo de la fumigación y medicación de enfermos.
El cuartelito de Control de Vectores en Metetí refleja el pobre apoyo que recibe esta oficina a cargo de la fumigación y medicación de enfermos. Isabel Castro

Los primeros casos de malaria en Panamá se registraron durante la construcción del canal interoceánico por los franceses, en 1881, al grado que fue uno de los factores que, junto con la fiebre amarilla, lo llevaron al fracaso.

Dominadas ambas por los estadounidenses, la malaria o paludismo ha permanecido endémica en la provincia de Darién y el este de la provincia de Panamá.

Plan maestro

El pasado 22 de mayo, la directora general de Salud, Itza Barahona de Mosca, anunció en Tortí de Chepo, al este de Panamá, el inicio del plan maestro para erradicar el mal transmitido por el mosquito Anófeles.

Añadió que la estrategia contaría con mayores recursos, tanto del presupuesto nacional como de la fundación Clinton y de la Agencia Internacional de Estados Unidos para el Desarrollo, la cual impulsa el Plan mesoamericano para control y eliminación de la malaria.

Buen indicio

En su anuncio, Barahona de Mosca se mostró alentada por las estadísticas de casos de paludismo. Al 16 de mayo de 2015 se habían contabilizado 255 casos en el país, contrario a 2014, cuando en el mismo período se reportaron 520, una diferencia de 265 casos menos.

A su vez, el director regional de Salud de Panamá Este, Aníbal Araúz, explicó que en la semana epidemiológica No. 19 se reportaron 102 casos, pero si se compara con igual período de 2014, la cifra es menor, toda vez que se registraron 328 casos.

En el corregimiento de Tortí de Chepo viven 17 mil personas, pero su centro de salud atiende pacientes provenientes de la comarca guna de Wargandí, de la provincia de Darién y de la comarca guna de Madugandí.

Soñar no cuesta

No obstante, tras leer el anuncio, el médico internista Rolando Jiménez, quien ha laborado en Darién por más de 30 años, estima que la intención de eliminar esta enfermedad de la provincia de Darién y del este de Panamá es un sueño. “Pero bueno, soñar no cuesta nada”, comenta.

Jiménez se alegró por los aportes que se harán para emprender esta batalla, pero advirtió que la estructura que debe enfrentarla, Control de Vectores, siempre ha carecido de todo: personal, vehículos, mobiliario de oficina, bombas, insecticidas, uniformes y otros insumos.

“Panamá este, la comarca guna de Madugandí, Ipetí y Wargandí siempre registran altos casos de malaria, y cuando este grupo originario celebra actividades culturales o tradicionales, aunque estén enfermos, no atienden a los inspectores ni rociadores de Salud, mucho menos permiten los tratamientos”, explicó el galeno.

Sumar los importados

Según Jiménez, en Darién y en la estación lluviosa y seca se atiende a pacientes con malaria oriundos de la comarca Wargandí y sus tres aldeas, Wala, Nurra y Mortí, en las que las cifras anuales no son halagadoras. A ello, dijo, hay que sumarle los casos importados de los inmigrantes colombianos y extracontinentales con malaria.

Abandonados

Balbino Montenegro, de Control de Vectores en Metetí, aclaró que mientras no se mire a este departamento con seriedad, no bajarán las cifras. Se quejó de de que entran y salen gobiernos, pero siguen careciendo de todo y nunca se ha tenido una infraestructura decente.

Hay que sancionar

De momento, afirmó, se debe iniciar con sanciones firmes a los que arrojan basura a la calle, ríos, quebradas, playas y alrededor de su casa y escuelas. “Mientras eso no se haga, la población no cambiará su conducta y seguirá generando criaderos de mosquitos”, aseguró.

Campañas educativas

Refiriéndose a Darién, plantea que se requiere impulsar campañas educativas permanentes sobre el tema, a través de los medios masivos para educar a la población, sobre todo a la indígena, respecto a esta enfermedad. “Con ellos esto debe ser diario e inclusive hay que nombrarles personal de su cultura, pedirles informes semanales y así tener un monitoreo permanente para ver si las cifras bajan”, concluyó.

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