Sueño postergado

Los nasos han protagonizado varias protestas en los últimos años para exigir respeto a sus tierras y la creación de su comarca, tal como la tienen otras etnias originarias del país. LA PRENSA/Archivo. Los nasos han protagonizado varias protestas en los últimos años para exigir respeto a sus tierras y la creación de su comarca, tal como la tienen otras etnias originarias del país. LA PRENSA/Archivo.
Los nasos han protagonizado varias protestas en los últimos años para exigir respeto a sus tierras y la creación de su comarca, tal como la tienen otras etnias originarias del país. LA PRENSA/Archivo.

Fue en 1973 cuando la etnia naso, que habita en las montañas de Bocas del Toro, a orillas de los ríos Teribe y Changuinola, planteó la necesidad de que sus tierras ancestrales estuviesen protegidas por la figura legal de una comarca dentro del ordenamiento territorial de la república de Panamá.

Los nasos son una de las etnias con menos integrantes de las que existen en el país.

En la actualidad, su número se encuentra en torno a los 3 mil individuos y su lengua está al borde de la extinción, ya que la necesidad de ganarse la vida y las condiciones precarias de subsistencia hacen que sus miembros abandonen su región de origen y se asimilen a los usos y costumbres de los no indígenas.

Pese a ser una etnia antigua, asentada en esta zona a la llegada de los conquistadores españoles en el siglo XV, no ha corrido con la misma suerte que sus hermanos ngäbe, buglé, emberá, wounan o gunas, que tras arduas luchas lograron consolidar las comarcas.

En 2004, la vieja aspiración de los nasos pareció ver una luz: el presidente del Partido Revolucionario Democrático (PRD), Hugo Giraud, le indicó al rey naso, Tito Santana, máxima autoridad de la etnia, que el entonces mandatario, Martín Torrijos, otorgaría el reconocimiento jurídico de su territorio.

Y una comisión legislativa viajó a la zona para dialogar con los indígenas.

Un año más tarde, sin embargo, la situación en la comarca se complicó. Al parecer, la decisión del rey Tito Santana de darle vía libre a un proyecto hidroeléctrico le ganó la animadversión de muchos nasos, al punto que decidieron desconocerlo y entronizar de hecho a un tío suyo, Valentín Santana, como ´rey de facto´.

En medio de estas divisiones, el anteproyecto de ley 15 para crear la comarca, presentado en mayo de 2005, se estancó sin pasar a segundo debate en la Asamblea Nacional. La comarca naso Tjer Di ocuparía más de 160 mil hectáreas del distrito de Changuinola, 125 mil de ellas pertenecientes al Parque Internacional La Amistad.

Para 2007, la iniciativa había sufrido un viraje. Ahora el Gobierno planteaba otra fórmula para legalizar el territorio naso: se hablaba del tema de tierras colectivas o de los distritos comarcales.

A finales de 2008 ocurrió lo que se temía: en el proyecto de ley 411, para la adjudicación de propiedad colectiva de tierras de los pueblos indígenas que no tienen comarca, se incluyó el artícu-lo 17, que creó un “corregimiento indígena comarcal para el pueblo naso” en el distrito de Changuinola.

En marzo de 2009, una comitiva de indígenas nasos, encabezada por el rey de facto Valentín Santana (el Gobierno seguía reconociendo al destronado Tito), caminó 12 horas hasta la capital para manifestar su protesta ante los abusos contra su territorio y reivindicar una vez más su derecho a la comarca.

El proyecto hidroeléctrico y un desarrollo agropecuario en tierras de los nasos se habían saldado, durante los últimos años, con graves enfrentamientos con la policía. Heridos y desalojos forzosos. El pueblo no había cejado en sus reclamos.

En febrero de 2010, Eliseo Vargas, vocero del pueblo naso, lamentaba que el Gobierno no hubiese mostrado interés en darle seguimiento a la creación de la comarca, cuya reactivación se le había propuesto a finales de noviembre de 2009.

También se denunciaba que el Gobierno se había negado a aceptar las medidas cautelares planteadas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a favor de los indígenas, que eran “perseguidos y amenazados” por empresarios y autoridades locales, según el vocero indígena.

En 2011, el impasse de tener dos reyes naso se resolvió con la elección de Reinaldo Alexis Santana como nuevo rey.

La entonces ministra de Gobierno, Roxana Méndez, viajó a la comarca, como aval de las autoridades a la nueva situación y los nasos cifraron la esperanza de que este gesto contribuiría a relanzar el proyecto de la comarca.

Pero los choques con la empresa constructora de la hidroeléctrica continuaron, sin vislumbrarse avance en las aspiraciones de los indígenas.

En febrero de 2012, los indígenas bloquearon la entrada al proyecto hidroeléctrico de Bonyic durante más de dos semanas, en protesta por el incumplimiento de la empresa (Hidroecológica del Teribe) de los acuerdos pactados sobre la reubicación de personas que serían afectadas por el proyecto.

Cansados de esperar respuestas que nunca llegaron, los nasos, anunció su rey Reynaldo Alexis Santana, en febrero de 2013 se aprestarían a iniciar una campaña para lograr por fin la creación de su anhelada comarca.

Los indígenas conversaron con el entonces ministro de Gobierno, José Ricardo Fábrega, y con el diputado oficialista Mario Miller.

En julio pasado, la visita al país del relator especial para los derechos de los pueblo indígenas de las Naciones Unidas (ONU), James Anaya, dio un nuevo impulso a la propuesta.

Hasta hora no hay noticias sobre el avance del proyecto.

 Una historia de luchas y guerras

El pueblo naso ha sido guerrero. “Eran indios bravos, pocos amigos de someterse a nadie, orgullosos e independientes”, escribía en 1966 José Manuel Reverte, de la Academia Panameña de la Historia.

“La primera información sobre los teribes (también así llamados) se la debemos a Juan Vázquez de Coronado. Ya por entonces los teribes se revelan como un pueblo con características propias y totalmente diferentes a los demás”, decía Reverte.

A la llegada de los españoles, los nasos estaban dispersos en una amplia región que comprendía las cuencas de los ríos Teribe, Changuinola y Sixaola, y zonas de la cordillera de Talamanca. Tras una larga guerra con los bri bri, se refugiaron en la cuenca alta del río Teribe. Los bri bri estaban aliados con los miskitos, de Nicaragua, que reclamaban las costas de Bocas del Toro. La situación se extendió hasta finales del siglo XIX. Luego retornaron a las tierras que ocupan actualmente.

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