HERIBERTO CHÁVEZ HERNÁNDEZ

Un ‘Superman’ bocatoreño

El rescatista dirigió el equipo que viajó a Haití y es el asesor técnico en búsqueda y rescate del Sistema Nacional de Protección Civil.

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Junto al miembro de la Unidad Canina Especializada del Sistema Nacional de Protección Civil ‘Zeus’, hijo de ‘Diamante’, la perrita que viajó a Haití y a la que despidieron en el mes de febrero. Junto al miembro de la Unidad Canina Especializada del Sistema Nacional de Protección Civil ‘Zeus’, hijo de ‘Diamante’, la perrita que viajó a Haití y a la que despidieron en el mes de febrero.

Junto al miembro de la Unidad Canina Especializada del Sistema Nacional de Protección Civil ‘Zeus’, hijo de ‘Diamante’, la perrita que viajó a Haití y a la que despidieron en el mes de febrero.

En el terremoto de Haití lideró la brigada de Panamá, su experiencia más difícil. Cortesía En el terremoto de Haití lideró la brigada de Panamá, su experiencia más difícil. Cortesía

En el terremoto de Haití lideró la brigada de Panamá, su experiencia más difícil. Cortesía

Los rescates son coordinados con otros estamentos de seguridad según la dificultad. Cortesía Los rescates son coordinados con otros estamentos de seguridad según la dificultad. Cortesía

Los rescates son coordinados con otros estamentos de seguridad según la dificultad. Cortesía

Para Heriberto Chávez, ayudar al prójimo es algo de vida o muerte.

El rescatista recibe al equipo de este diario ataviado con su uniforme insignia en el departamento de Relaciones Públicas del Sistema Nacional de Protección Civil (Sinaproc). Lleva un cintillo de luto en el pecho.

Afuera de las oficinas hay movimientos de celebración de un acto.

Chávez interrumpe la entrevista y nos pide que lo acompañemos a la ceremonia de despedida de ‘Diamante’, la labrador integrante del grupo K-Sar.

‘Diamante’ participó en el equipo de rescate del terremoto de Haití en 2010. Chávez lideró la misión.

Sus compañeros y los otros caninos le hicieron una calle de honor. Videos y fotos con la imagen del animal fueron proyectados.

“Cuando estudié en Japón, vi que hacían lo mismo con sus perros”, manifiesta. Es la primera vez que se hace en Panamá y él lo ha implementado.

VOCACIÓN

Chávez creció mientras veía a su madre, Ana María Hernández, ayudar a otras personas en un hospital de Changuinola de la antigua sede de la Chiriquí Land Company.

A los 14 años se convenció que de grande iba a servir a la comunidad. En la secundaria se trasladó a la capital y en las vacaciones del verano visitaba a su madre en Bocas del Toro para ayudarla en el hospital.

Uno de sus primeros instructores fue el maestro y guardavidas profesional Vincent Thomas.

Estuvo en la Cruz Roja Americana y en la Panameña donde lo recibió Abdiel Iván Batista, “otro maestro que tuve la dicha de encontrar”.

A los 18 años ingresó como voluntario al Sinaproc, institución a la que sirve actualmente, y tuvo la oportunidad de formar a los primeros grupos de guardavidas y de rescate en el área metropolitana.

La tarea no fue fácil, pues además de tener los conocimientos técnicos y los entrenamientos, “había que reafirmar la mística a las personas de qué era protección civil”.

“No cualquiera puede ser voluntario. Tienes que tener una mística, ese don de dar y de ir más allá. Hay que tener esa esencia, espíritu y alma. Dejar a tu familia para ayudar a otras personas”.

Se especializó en cursos técnicos en Estados Unidos y Japón. Continúa en aprendizaje constante, porque siempre hay novedades en el mundo del rescate. “Ahora se salvan más vidas que antes”. Ha dictado cursos en Panamá y en el exterior.

RESCATES DE PELÍCULA

Hasta 2008 Chávez llevaba la cuenta de las personas que rescataba con vida. Después perdió la cuenta. La experiencia más difícil fue Haití. “Inmediatamente activamos los bloques de búsqueda y rescate donde se armó la logística”.

Fue el jefe encargado de la brigada de rescate que se trasladó a la isla caribeña con el mayor José Isaza, del Cuerpo de Bomberos de Panamá. “Fue difícil ver tantas personas muertas en las calles... edificios colapsados”.

Sin embargo, encontró algo positivo. Aprendió técnicas nuevas que trajo a Panamá y detectó puntos débiles en las brigadas de rescate.

En noviembre del año pasado, una embarcación se accidentó con 16 ocupantes en Río Belén, Calovébora, Veraguas. Tras cinco horas de búsqueda, junto al personal de rescate del Servicio Nacional Aeronaval (Senan), rescataron a todos los tripulantes. Ha sido una de las labores más complejas porque primero salvaron 13 personas y faltaban tres. Tras dar vueltas en el helicóptero, alguien recordó que había una cueva con gente adentro.

A las 5:30 p.m. hicieron otro sobrevuelo. “Tomamos la decisión final. El director [José Donderis] me dijo: ‘Chávez, vamos a hacerlo”.

Cuando bajó la ola vieron a las personas e inmediatamente armaron el grupo de rescate. “Con olas de cuatro metros de altura si la técnica fallaba por un segundo nos estrellábamos”.

Tras las recomendaciones, cuando bajó la ola alcanzaron a las tres personas en lancha. “Fue de las alegrías más grandes que hemos tenido”.

Otro rescate difícil ocurrió en la playa Red Frog de Bocas del Toro, donde un oleaje se llevó a 10 personas. Es una zona de arrecifes muy peligrosa. Mientras los rescataban, a él lo arrastró una ola y no podía salir.

Casi cuando se iba a dar por vencido, le habló una voz en su interior: “todavía no es tiempo”. Tomó fuerzas, reconfortó a los otros cuatro guardavidas y sacaron a cuatro personas. Pero quedaban seis y cualquiera podía morir. Con un envión final pudieron salvarlos.

En una ocasión rescató a una niña en playa Gorgona en el área de Boquilla. Le tuvo que dar RCP (resucitación cardio pulmonar) porque la pequeña tuvo un paro respiratorio. La estabilizaron y la enviaron al hospital. “Me la encontré cuatro años después y me abrazó. Sus papás también”.

Salvar una vida es la máxima satisfacción de Chávez. Pero cuando alguien muere, el golpe es difícil. “En muchos casos los familiares nos abrazan, lloran y nos dicen: no importa cómo, pero tráemelo de vuelta”.

Dice que al rescatar un cuerpo sin vida, la imagen puede permanecer días o años. Una experiencia terrible fue en la comunidad de Las Nubes, en Cerro Punta, Chiriquí, tras la crecida de un río que arrasó con todo lo que había a su paso. Murieron nueve personas, entre ellos niños. “Cuando paso por allá recuerdo claramente cómo sacamos a esos niños y dónde estaban”.

Confiesa que no es una profesión rentable, pero la energía que le da salvar una vida lo llena por completo. “Una esencia me levanta de un sufrimiento”.

PUEDO SER TU HÉROE

“Nada más placentero que salvar una vida. Si tengo que dejar mi vida por la de otro, pues estoy dispuesto a eso. Para ello estoy entrenado, y Dios me da la capacidad, la fuerza y la valentía”. Aunque dice que eso de ser héroe no es lo suyo.

“A veces encuentras a personas que te dicen que eres como Superman, pero les digo que soy como cualquier persona, con sangre en las venas”.

“Lo más importante es dar la seguridad y rescatar a esa persona, no queremos protagonismo”.

LABOR HUMANITARIA

Servir al país no es solo tirarse al mar y salvar a una persona en peligro.

Su última Navidad y Año Nuevo lo pasó en un gimnasio para ayudar a unas mil 500 familias del distrito de Tolé, en la provincia de Chiriquí, tras la contaminación de un río. Dice que no hay tiempo libre y dedica el 100% de su tiempo a su profesión.

Si algún día deja el Sinaproc, le gustaría seguir sirviendo a su país de manera voluntaria: salvando vidas, previniendo accidentes o ayudando a los más necesitados.

SER RESCATISTA

“Para ser rescatista tienes que nacer con eso. Es un don que Dios te da, para ayudar a las personas en un momento difícil de su vida”, afirma.

Su vocación la describe como “estar allí siempre como un ángel guardián para personas que tienen una necesidad”.

Cuando no está ante una emergencia se dedica a atender situaciones administrativas. Su trabajo como asesor técnico del director general “no es nada fácil”. Esto obedece, dice, a que el actual director es rescatista “y viene desde abajo”. Chávez manifiesta que cuando entran a una zona de desastre, a pesar de que le dicen que no puede entrar al área porque no es segura, “no hace caso... él mismo quiere entrar y es difícil”.

Así que ya lo sabe. Mientras usted se divierte en el verano, hay alguien que trabaja para cuidar su vida.

PERFIL

Nació el 16 de febrero de 1968 en Almirante, Bocas del Toro.

Tiene cuatro hijos.

Estudios primarios: Escuela de Changuinola.

Estudios secundarios: colegio Octavio Méndez Pereira y el Instituto América.

Se entrenó en la Escuela de Rescate en Osaka, Japón.

Cursos técnicos: Miami Dade y Metro Dade, EU.

Cruz Roja Americana, Cruz Roja Panameña.

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