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LIBIA. el sofisticado ´ejército electrónico´ de Gaddafi

Tecnología y poder

El régimen libio contaba con un sistema de espionaje electrónico tan sofisticado, que rastreaba todas las comunicaciones de sus ciudadanos.

La tecnología nos ha abierto el mundo. Con el desarrollo de redes sociales como Twitter o Facebook, y con las noticias plasmadas en páginas de internet, es virtualmente imposible alejarse del flujo e intercambio de información global.

Pero la tecnología –y sus frutos– a veces traicionan el noble propósito que buscan servir: oprime, distorsiona y amedrenta, tal como ocurrió durante el último año en Libia bajo el régimen del dictador Moammar Gaddafi.

En febrero de 2011 se inició lo que ahora conocemos como la “primavera árabe”. Varios países del norte africano se levantaron en un clamor por la democracia.

Libia estaba en esto, pero su hombre fuerte no quiso claudicar tan fácilmente como hicieron otros, lo que resultó en casi un año de conflicto armado entre facciones oficialistas y rebeldes en busca de la democracia. Entre las armas del arsenal de Gaddafi estaba la tecnología.

Al caer el régimen de Gaddafi, la organización Human Rights Watch, el diario estadounidense The Wall Street Journal y la revista de tecnología Wired tuvieron acceso a un sinnúmero de documentos y archivos del sistema tecnológico libio, lo que desenmascaró un enmarañado y expansivo sistema de monitoreo tecnológico que le permitió al dictador aferrarse al poder por más tiempo de lo que se esperaba.

Los documentos rescatados han demostrado que Gaddafi, por muchos años, mantuvo un grupo que se hizo conocido como el “ejército electrónico”. Tenía como tareas desmentir a opositores en foros públicos, crear otros a favor del gobierno, monitorear la actividad electrónica de opositores, hacer campañas de desprestigio contra disidentes, rastrear direcciones de IP y hackear cuentas de activistas, entre muchas otras.

La existencia del “ejército electrónico” era un secreto a voces, pero lo que solo se vino a saber recientemente con el cambio de poder en Libia es que en 2007 Gaddafi gestionó un contrato con una empresa llamada Amesys, la cual le facilitó un programa especial para la supuesta seguridad del Estado.

La empresa creó para Gaddafi un centro de monitoreo electrónico tan sofisticado, que capturaba el flujo de internet de todo el país y automáticamente clasificaba la información en una base de datos que podía ser consultada tal como uno hace una búsqueda en Google.

LA CAZA DEL ÁGUILA

El sistema –llamado Eagle– podía buscar la información en tiempo real o en archivos, coleccionando hasta audio, correos electrónicos, transferencias de documentos y los historiales de búsquedas de todo el que usara internet en Libia.

Al exacerbarse la primavera árabe, Eagle y el ejército electrónico cobraron nueva vida y empezaron una seria campaña de cacería contra la oposición y los disidentes. Había empleados pagados y voluntarios que trabajaban allí para poder proteger a sus familiares, pero eran feroces en sus ataques. Los miembros de estos equipos hasta pudieron encontrar maneras de enviar virus informáticos que les permitía grabar las conversaciones de Skype y tener acceso ilimitado a todas sus contraseñas para todas sus cuentas en línea.

De esta manera, el régimen libio logró robar información incriminatoria de varios ciudadanos y subirla a sitios web para que todos tuvieran acceso a ella.

Entre muchos casos, está el de Ghaida al-Tawati (una de las disidentes libias que utilizaba Skype para hablar con amigos extranjeros a los que explicaba la situación libia) a quien le sacaron fotos sin su bufanda, una seria ofensa en la cultura libia.

Al tener un registro de sus opositores, el Gobierno libio pudo identificar a ciertas personas para perseguirlas, amenazarlas y silenciarlas.

La firma Amesys enfrenta en Francia cargos de complicidad en casos de tortura por el Estado libio.

Según un reportaje de la revista Wired, uno de los antiguos empleados del ejército tecnológico ha logrado conseguir trabajo en el departamento de inteligencia del nuevo gobierno libio, pero al ser consultado sobre sus actividades pasadas contestó: “todo lo que hice fue por el país”.

Pero otros, de acuerdo con Wired, han admitido que no tenían opción, ya que era la única manera de protegerse del régimen.

Ahora, Libia está a la espera de que su lucha por la democracia dé resultados firmes y que el acceso a la tecnología vuelva a darle a ese pueblo la apertura y la libertad que tanto ha deseado.

Panamá y los ´call center´

Panamá y Libia no parecen ser tan diferentes. Algunas personas alegan que en Panamá hay call centers para desprestigiar a la oposición y hacer propaganda positiva para el gobierno. En octubre de 2011, la periodista Castalia Pascual entrevistó a una persona que dijo ser miembro de un call center, o centro de monitoreo de medios para defender al gobierno y al presidente, Ricardo Martinelli, coordinado por el entonces secretario general de comunicación del Estado, Alfredo Prieto. Inclusive, varios ciudadanos denuncian en foros públicos al call center cuando hay propaganda a favor del gobierno, como ha ocurrido en el sitio de PrensaWeb. Miembros del gobierno, incluyendo al Presidente, lo han desmentido; no obstante, el sujeto que apareció en televisión, que no se identificó, enseñó supuestas pruebas que apoyaban su versión.

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